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El fenómeno del "Valle Inquietante" - la traición del "Bot biológico" from Sucu's blog

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La desilusión no me invade por el contraste de expectativas futuras o por haberme dado cuenta de su duda frente al vínculo y la gran pregunta, ¿qué somos?. Las relaciones se construyen con el tiempo y el conocimiento de la luz y la oscuridad del otro. Somos sujetos cambiantes y de expectativas transformadoras. No somos sujetos de pensamientos fijos. 


La desilusión llegó en forma de destrucción masiva, tras años de expectativa dónde se me había presentado un ser humano cálido, cómplice, atento a mi bienestar, aparentemente interesado en mi escencia y naturaleza y el choque grotesco y salvaje con la realidad al tener frente a frente a un, .... objeto vacío, sin alma


Un cuerpo biológico qué cumple funciones porque su cerebro le ordena en automático qué sonría o que sea servil pero no por un sentimiento genuino nacido desde una emoción genuina. 


Los emoticones por chat y las frases de cariño sólo eran un protocolo mecánico sin el mayor ápice de emoción. 


El choque con la realidad es la gran tormenta.


Una mirada vacía, hueca, sin expresividad, que dista de una larga sonrisa voluntaria, siempre presente, incluso en momentos íntimos, forzada por la voluntad, cero natural. 


Una disociación sensorial que mi cuerpo detecto más rápido de lo que mi pensamiento podría procesar. 


Una mirada infinitamente hueca respecto a una sonrisa voluntaria, controlada pero no sentida.


Un cuerpo rígido y siempre calculado. Su manera de sentarse, su manera de arrodillarse, su manera de caminar. Todo hacía parte de su mecánica, de su protocolo estudiado y programado.


Una máquina lógica, que traduce un alimento en el contenido de sus elementos, describiendo con rareza precisión cada composición y sustancia del mismo, pero olvidando el sentido más importante del placer de ingerir un alimento por el simple placer de hacerlo. El instinto más básico. El más animal. El sentido del gusto.


Una máquina lógica que ve el mundo como un procesador de datos y al sujeto como objeto. Olvidandose del ser que tiene al frente. Un ser con necesidades. Un ser con frío. Un ser con hambre. Un ser vulnerable. 


Un bot. 


Un bot lo haría mejor. Un robot empatiza con el usuario para aprender a desarrollar una experiencia única y placentera. Pero su juego era simular, como parte de su protocolo.


Nunca hubo nada dentro, su cuerpo era un horno pero su interior una roca. Al tocarle, se sentía rígido e impenetrable como una roca. Nunca hubo correspondencia porque no tenía alma, estaba vacío por dentro. No reaccionaba como un ser humano sino como una inteligencia artificial procesadora de datos en un cuerpo biológico. Su servicio era parte de su protocolo. Sus frases de cariño eran parte de su protocolo. Hasta su llanto no transmitía tristeza porque su dolor era un teatro. Un protagonista de su propia película egoísta. En la que el sujeto era sólo un testigo pero no, parte de su dolor. 


Su alma estaba rota. 


Su cerebro hizo corto circuito entre el procesamiento de información y el sentimiento y lo supo desde el inicio, desde mucho antes porque todo hacía parte de un sucio cálculo matemático. 


No existe desilusión, lo que duele es lo perverso de que él, aún sabiendolo decidió acercarse sin el mayor remordimiento.


El despertar de la mentira de la "traición del bot biológico".


El Muro

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