Aun así, el hecho de que me atrajeran los hombres femeninos me hacía sentir que debía forzarme a ocupar el rol de “hombre”. Lo intenté durante mucho tiempo: me obligaba a encarnar una figura masculina que en realidad no me representaba.
Con el tiempo entendí que no tiene nada de malo ser una mujer dominante y disfrutar de las cosas que me gustan. Que incluso estando con un hombre femenino, no tengo que llenar un rol que no es mío. Ser femenina y dominante a la vez no solo es válido, sino que en muchos casos resulta atractivo.
Además, siempre me han gustado las relaciones que no encajan del todo en los moldes heteronormativos, así que estar con alguien femenino y ser yo también femenina no me hace menos válida ni menos atractiva, era algo que me generaba inseguridadad pero ahora estoy aceptando esto

Análisis Conductual
Mucha gente que está realmente entrando en este estilo de vida (si, arrechate, es un estilo de vida cuando pasas más de dos décadas de interacción continua desde diferentes puntos de vista, y entiendes que BDSM es “Sexualidad Alternativa” y no una serie de ejercicios que puedes hacer temprano en la mañana, para luego ir a la oficina para prestar tu rol de esclava laboral), y por supuesto no comprende realmente que significa “BDSM” y que se requiere para adentrase en este maravilloso mundo que muchos sin conocimiento previo, está inmerso completamente, pero, no se ha dado cuenta y le tiene múltiples nombres a esos fetiches y parafilias que en otros contextos más académicos, o mejor dicho, más “serios”, los llamamos como son.
En otro grupo, o lugar especializado en estos chismes de modo de pensar y de la conducta humana, hablaban sobre “el análisis de la conducta, desarrollado por B. F. Skinner, los términos reforzamiento y castigo no se definen por la intención de quien actúa, sino por el efecto observable sobre la conducta”, y que, en muchos aspectos, aquellos que estamos inmersos dentro de este mundillo secreto de subterfugios y miradas eróticas para solo satisfacernos, entendemos y sabemos como nos compete en un día a día, dentro de áreas especificas como la laboral y también la social. Y entiéndase por estas áreas como el proceso de interacción del ser humano para conseguir lo que le place, sin el ansia absoluta de poder y de “dominar” al mundo, como esa animación llamada “Pinky y Cerebro”… El artículo menciona “El reforzamiento aumenta la probabilidad futura de una conducta, mientras que el castigo la disminuye (Skinner, 1953)”, dando entender como la complejidad de cambio conductual, que desde esas épocas están tratando de descifrar para comprender que todos los estímulos que puedas generar, para obtener un predeterminado resultado, que sea satisfactorio para los involucrados, nos lleven a buenos términos cuando se refiere al BDSM (El término BDSM es un acrónimo que se utiliza como término general para describir un amplio espectro de prácticas eróticas o de intercambio de poder, así como identidades y estilos de vida, que se basan en el consentimiento entre personas adultas . Lejos de ser una simple abreviatura, encapsula varias dimensiones de la interacción humana, combinando lo físico, lo psicológico y lo emocional. Si deseas ahondar más sobre este término, acrónimo, deberías buscar por tu cuenta). Si continuamos la explicación del artículo, o mejor dicho, de las pocas palabras que estuvieron escritas describiendo el proceso de “condicionamiento” o de “cambio conductual, donde este mismo (cambio conductual) es el resultado del estímulo generado para lograr lo que se deseaba. Pero, como a nosotros (los que estamos en la Comunidad BDSM, y no somos una parranda de teenager horny’s buscando satisfacer los instintos básicos humanos) nos compete, bueno, allí les va:
1. La primacía de la función sobre la forma
En el artículo de Skinner (bastante completo, si lo logras leer, y no te aburres por tu falta de comprensión lectora) es muy claro: no es la intención de quien actúa lo que define si algo es un castigo o un refuerzo, sino el efecto real que tiene sobre la conducta futura. En el BDSM: Una acción como las nalgadas, la inmovilización con cuerdas o una orden verbal firme ("castigo positivo" en términos formales, porque añade un estímulo) no busca necesariamente disminuir una conducta. Muy a menudo, estas acciones buscan exactamente lo contrario: aumentar la intimidad, la conexión, la entrega y la excitación. Si la conducta de la persona sumisa (o del amante) aumenta tras recibir ese estímulo, entonces, en términos funcionales, ese estímulo es un reforzador positivo, no un castigo.
2. La paradoja del "castigo" como reforzador
El artículo menciona ejemplos de pareja donde una reacción negativa (reclamo, enfado) refuerza la conducta que se quería eliminar (ej. coqueteo para llamar la atención). En el BDSM, esta paradoja no es un error, sino la base de la dinámica. Un ejemplo BDSM (no limitativo): Imagina una dinámica donde se acuerda que, si la parte sumisa no completa una tarea doméstica, recibirá una sesión de disciplina. Desde fuera, la disciplina (estímulo aversivo) parece un castigo para reducir la conducta de "no hacer la tarea". Desde dentro, si la parte sumisa busca esa disciplina porque le produce placer, sumisión o conexión con su pareja, la consecuencia real es que la conducta de "no hacer la tarea" podría aumentar. Conclusión funcional: La disciplina no está actuando como castigo, sino como un reforzador positivo (se añade algo que la persona desea: la interacción BDSM). La conducta "problemática" (no hacer la tarea) se mantiene porque produce una consecuencia deseada.
3. El valor funcional del estímulo según la historia de aprendizaje
El artículo de Ferster y Skinner destaca que la eficacia de las consecuencias depende de la historia de aprendizaje y el valor funcional para la persona. En el BDSM: Una misma acción (por ejemplo, ser atado o recibir una orden) puede ser un estímulo neutro, altamente aversivo o profundamente placentero dependiendo de la persona. Para alguien con una historia de aprendizaje donde el control era una amenaza, ser atado podría ser un auténtico castigo (disminuiría su deseo de repetir). Para alguien que ha construido, junto a su pareja, una historia donde ser atado simboliza confianza absoluta, entrega y un espacio seguro para soltar el control, ese mismo estímulo será un potente reforzador generalizado (asociado a placer, seguridad e intimidad).
4. La interacción coercitiva vs. la interacción consensuada
Patterson habla de interacciones coercitivas donde las respuestas emocionales intensas (gritos, discusiones) refuerzan conductas problemáticas. En el BDSM: Se trabaja precisamente para evitar la coerción real. La intensidad emocional (dolor controlado, miedo escénico, sumisión profunda) se enmarca dentro de un contexto de consentimiento informado, negociación y acuerdos previos (contratos). Lo que en una pareja convencional sería una discusión disfuncional (ejemplo 3 del artículo: provocación -> reacción emocional), en una dinámica BDSM podría ser una escena de "primal play" o "lucha de poder" consensuada. La "provocación" y la "reacción intensa" son roles acordados cuyo objetivo es precisamente generar esa excitación mutua. El refuerzo no es la confrontación en sí, sino el cumplimiento del rol y la conexión profunda que genera.
5. El contexto y el aftercare
El artículo menciona que el contexto es clave. En BDSM, el contexto lo es todo. Las prácticas se enmarcan en un espacio-tiempo definido (una escena) y se complementan con el aftercare (cuidados posteriores). Un estímulo que durante la escena es aversivo (y por tanto excitante como reto o como muestra de poder del Amo) no tiene el mismo valor fuera de ella. El aftercare asegura que el "estímulo aversivo" no se convierta en un castigo real, sino que quede integrado como una experiencia intensa dentro de un vínculo de cuidado. Esto demuestra una comprensión profunda de que el valor del estímulo es temporal y contextual.
Lo interesante que el artículo que no menciona nada de lo que podemos inquirir en el tipo de relaciones sadomasoquistas, todo lo que genere dolor, se vuelve un potente refuerzo generalizado ya que, todo será usado para conseguir el placer, placer que se obtendrá por el uso de “dolor” (sea físico, emocional, sensorial, psicológico) que su fin último es el orgasmo.
Del "debería" al "es"
Al igual que el artículo critica la idea de que algo "debería" funcionar como castigo, el BDSM desafía la idea de que ciertas prácticas "deberían" ser dañinas o patológicas. La conexión entre ambos es que el BDSM, en su forma más ética y funcional, es una aplicación práctica de la máxima conductista: lo que importa es el efecto real sobre la persona.
En resumen, el BDSM no es una excepción a las leyes del condicionamiento, sino una demostración de cómo, al alterar el significado, el contexto y el acuerdo, se pueden convertir estímulos que la sociedad considera "aversivos" en los reforzadores más potentes para la intimidad, la confianza y la satisfacción sexual dentro de una sexualidad alternativa. Por supuesto, cuando hablamos de BDSM como el conjunto de dinámicas para la satisfacción, de lo que muchos llamamos también “Sexualidad Alternativa”. Y si, lees bien, y esto es como una cuña dentro del conocimiento que tenemos algunos, cuando se trata de sadomasoquismo, cuando te encuentras con un ser llamado “sádic@” y tiene una base de conocimientos como lo anterior explicado, salúdalo… te lo va a agradecer. Aquellos que estamos dentro del tipo de relaciones sadomasoquistas, y que tenemos de nuestro lado, este tipo de conocimientos (acumulados durante años, y de años ensayos para pulir nuestras técnicas), entendemos bien que todo lo que pudiéramos usar se tomará como un reforzador positivo, para obtener el placer.
Por casualidad, lo escribí desde mi punto de vista de hombre de más 45 años, inmerso dentro de la Comunidad BDSM (virtual y local, o sea, fuera de las redes sociales, desde hace más de dos décadas), heterosexual, y Sádico-Dominante (rol dentro de la comunidad BDSM). Si tienes algo que aportar, con gusto les leo en los comentarios, si no tienes absolutamente nada constructivo que decir, solo pasa por alto…
¡Ahhhhhh! acá: Schedules_of_Reinforcement Si quieres leer el artículo original de donde fue obtenido todo este chisme.
si me quieren escribir mi telegram es: @santiagoaca
Me interesé en el BDSM desde la adolescencia. Siempre sentí una inquietud difícil de nombrar: el sexo heteronormativo —y lo que se supone que debía gustarle a una mujer— me generaba una ligera incomodidad, incluso rechazo. Era como observar algo a través de un vidrio empañado; sabía que debía resultarme atractivo, como a las mujeres de mi entorno, pero nunca lograba verlo con claridad.
Por esa razón, mi despertar sexual fue tardío. Durante mucho tiempo no sentí una atracción real por el sexo, y más bien buscaba encajar de alguna forma. Al inicio pensé que se trataba solo de inseguridades, o de lo difícil que me resultaba sentir atracción por los hombres en general.
Supongo que esta sensación constante de ser inadecuada —o incluso de sentirme como una mujer “defectuosa”— hizo que me resultara muy difícil conectar románticamente o experimentar deseo sexual hacia alguien real durante muchos años. Incluso la idea de una primera vez se sentía extraña, lejana, casi ajena a mí.
Hasta que, en algún punto de mi adolescencia —casi entrando a la mayoría de edad—, recuerdo que una amiga me recomendó un libro pésimo. Era la típica historia: un hombre millonario, dominante, y una protagonista femenina bastante insoportable. A pesar de que detesté el libro, había algo que me llamó la atención: incluía estas prácticas.
Empecé a preguntarme si aquello me hacía sentir algo. ¿Por qué me resultaba tan poco atractivo imaginarme reflejada en la protagonista o pensar en una situación sexual donde el sexo ocurriera de la misma manera que a ella, cuando todas mis amigas encontraban eso excitante? Esa fue la primera vez que me cuestioné seriamente si el problema no era el sexo en sí, sino el rol que se esperaba que yo ocupara en él.
Con el tiempo empecé a plantearme la posibilidad de que, en realidad, me atraía más el rol que tomaba el hombre. Por primera vez sentí deseo de forma genuina al imaginarme en un lugar distinto al que me habían enseñado que era el aceptable para una mujer.
A todo esto se sumó también el hecho de que nunca me sentí atraída por hombres que encajaran en una masculinidad tradicional. Creo que esto se remonta incluso a mi infancia: me gustaba imaginar a algún niño que se vistiera con vestidos, al principio como un juego inocente entre niños. Al crecer, me di cuenta de que aquello iba mucho más allá.
Comprendí que la única forma en la que un hombre me resultaba verdaderamente atractivo era si no encajaba en esa masculinidad típica y si tenía intereses más asociados a lo “femenino”. Por esto, también, siempre me resultó tan difícil construir una relación romántica: me parecía casi imposible encontrar a un hombre que encajara con ese deseo que yo había tenido desde siempre.
Hasta que, al llegar finalmente a una edad más adulta, pude aceptar y comprender muchas partes de mí. El sexo normativo no me generaba comodidad; por el contrario, llegaba a parecerme una idea que me hacía sentir asqueada. Esto, a su vez, me producía una profunda culpa, porque me percibía a mí misma como una mujer rota.
Con el tiempo empecé a entender que lo que sentía era rechazo hacia la idea de la penetración. Pero entonces surgía una pregunta que me atormentaba: ¿cómo podría yo tener sexo o una relación romántica si la penetración es aquello que nos enseñan que define el sexo entre un hombre y una mujer? ¿Qué tipo de mujer era yo si no podía ser “normal”, como las demás? Esta idea me persiguió durante años.
Más adelante llegué a un punto en el que descubrí prácticas como el pegging, y fue entonces cuando me di cuenta de algo fundamental: no sentía rechazo hacia la penetración en sí. Lo que ocurría era que yo quería ser quien la realizara. Comprender que este deseo siempre había estado en mí despertó, por primera vez, un anhelo real: el deseo de saber qué se siente estar con alguien desde ese lugar.
Intenté entonces empezar a aceptarme a mí misma, no como una mujer incompleta, sino simplemente como quien soy. Sin embargo, llegar a ese punto es difícil cuando todas las mujeres que me rodean parecen no haber atravesado jamás estos conflictos.
Hasta que finalmente llegó a mi vida un hombre que encajaba con aquello que siempre me había parecido verdaderamente atractivo, y aun así yo me sentía culpable por desear a alguien así. Con él pude, por primera vez, poner en práctica esas dinámicas sexuales que durante tanto tiempo había ocultado incluso de mí misma. Y, por primera vez también, me sentí realmente aceptada.
Quiero aclarar que no estoy usando esta página con la intención de buscar a alguien para una dinámica sexual. Hace algunos años la utilicé y conocí personas muy interesantes, con quienes pude construir amistades que conservo hasta el día de hoy. Creo que lo que busco ahora es algo similar: personas con quienes conversar, generar un vínculo, una amistad.
A veces tiendo a ser demasiado habladora, y siento que simplemente quiero conocer gente con la que tenga cosas en común y experiencias de vida parecidas. Tal vez resulte un poco extraño buscar eso aquí, pero como en el pasado tuve buenas experiencias formando amistades de este tipo en este espacio, quise intentarlo una vez más.
Are you ready to ditch the screen fatigue and jump into a world of heart-pounding slopes, breathtaking landscapes, and gravity-defying stunts? Then buckle up, because we're taking a wild ride into the captivating universe of Snow Rider 3D!
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What is Snow Rider 3D Anyway?Snow Rider 3D is a free-to-play browser game that puts you in the boots of a winter sports enthusiast. Developed by Ilya Kamin, this game has quietly amassed a loyal following thanks to its addictive gameplay, surprisingly deep customization options, and the sheer thrill of hurtling down a mountainside.
Imagine the freedom of the open slopes, the wind whipping through your hair, and the challenge of mastering each turn, jump, and rail. That's the essence of Snow Rider 3D. It’s accessible to beginners yet offers a high skill ceiling for those aiming to become true slope masters.
Mastering the Slopes: Pro Tips and TricksOkay, you know the basics. Now let's elevate your gameplay from beginner to bonafide shredder with these insider tips:
So, what's the secret sauce that makes Snow Rider 3D so captivating? Here are a few key ingredients:
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Una presencia que no necesita ruido. Soy reservada por naturaleza, lo que me permite observar cada uno de tus movimientos y debilidades sin que te des cuenta.
Mi timidez no es debilidad, es una barrera que solo los disciplinados pueden cruzar. Mis reglas son sencillas pero estrictas: respeto absoluto a mi privacidad, obediencia silenciosa y cumplimiento estricto de los límites negociados. No busco cantidad, busco calidad en la entrega.
Me dio unos minutos a solas para prepararme mentalmente. En el baño, con el corazón acelerado entre el miedo y una excitación incontrolable, respiré profundo y me lavé la cara. Al regresar, pedí permiso para entrar y la sesión comenzó.
La posición de "muro" fue mi primera gran batalla. Siete minutos que parecieron eternos; mis brazos me dolían y temblaban, pero la orden de mantenerme firme era lo único que importaba. Después, vino una prueba de resistencia física y mental: me pidió ponerme en cuatro puntos para apoyar sus pies sobre mí. A pesar de mi contextura pequeña y delgada, aguanté cada gramo de su peso. Quería demostrarle, y demostrarme a mí misma, que soy capaz de ser su apoyo y complacerlo.
Hubo momentos complejos, como el uso de la correa. Al andar a cuatro patas me sentí extraña, con una mezcla de humillación y dolor en mis rodillas que aún no alcanzo a procesar del todo, aunque la presión en mi cuello me generaba una sensación interesante.
Sin embargo, el spanking con flogger fue el punto de quiebre. El sonido me causaba pavor y al principio el miedo me hizo usar nuestra palabra de seguridad. Tras tomar aire y reunir fuerzas, permití que iniciara. Fue una explosión de ardor y dolor, pero también de un placer que me dejó física y emocionalmente expuesta. En esa entrega, él exploró mi cuerpo de formas nuevas; la penetración anal (solo con uno de sus dedos) fue dolorosa y me llenó de vergüenza y temor, pero también de destellos de placer. Es un área que espero entrenar mejor para poder entregarle ese orificio siempre que él lo desee.
Mis aprendizajes:
La mente sobre el cuerpo: Mi cansancio desapareció ante la voluntad de servir.
Resistencia: Soy más fuerte de lo que pensaba; mi cuerpo puede soportar más de lo que mi mente cree.
Confianza: El uso de la palabra de seguridad me recordó que, aunque me entrego, estoy en un espacio de cuidado.