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El Muro

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Bristhe M
Jun 26
gracias Señorita Zorritalilith por compartir un relato !!!
zorritalilith M
Jun 26
El intento de violaciòn que sufrio ANA Ana es una joven de 14 años diferente a todas las muchachas de su comunidad buenos senos buenas piernas pero su figura en lugar de ser sinuosa era delicada como un àngel de pureza, en su comunidad habia un sujeto de 17 años llamado Gregori, èl se habia hecho amigo de Ana desde hacia varios años y tenia cierta confianza, Ana le agradaba hablar con èl, un dìa Gregori le comenta a Ana que èl es un drogadicto, ella no sabe que hacer con esa informaciòn era un seceto ajeno, Gregori nota que ella està nerviosa, saca un billete doblado y le muestra mira esto es cocaina, te da mucho placer en el sexo, Ana se asusta tengo que volver a casa, èl guarda ràpido el billete no tranquila disculpa. Despuès de esa conversaciòn Ana decide por instinto de supervivencia alejarse de Gregori podria ser un joven muy atractivo pero no lo verà màs. Una noche toda su familia decide reunirse para una noche de cine en casa de la buala, Ana se retrasa y queda de ùltima sola en su casa, Gregrori nota que todos sus familiares se han ido y decide con una excusa acercarse de nuevo a Ana, hola Ana estoy en casa me han llamado por telèfono y no tengo con que apuntar una direcciòn me prestarias un lapicero, Ana se dirige a su habitaciòn y de su bolso saca un lapicero negro, lo entrega pero al hacer esto Gregori la acorrala contra la pared, comienza a decirle eres una hermosa putica, he deseado cogerte desde que te vi la primera vez, tienes un cuerpo de àngel que yo quiero profanar, Ana asustada lucha lo empuja y se fija en sus ojos, Gregori estas drogado basta dejame en pez no nos hgaas esto soy tu amiga, èl se burla de ella mi amiga, nunca seria amigo de un àngel como tù mis amigas son Demonios, Yo quiero es acabar con tu bondad cogerte y dejarte echa mierda, me tienes harto con tu actitud de pureza tambièn estoy harto de la sobreprotecciòn que tu familia te ha puesto hoy es el dìa que seras mi mujer quieras o no, Ana sientiò muchisimo dolor en su alma ella creia a Gregori un amigo inclusive al saber que se drogaba no contò a nadie eso por respeto Ana entendiò que èl no conocia que era eso, gregori rompiò su vestido comenzò a besarla como loco poseido por la lujuria, Ana le decia dejame pero Gregori no se frenaba, luego cuando gregori ve sus senos baja hasta ellos los muerde Ana mira hacia todos lados buscando ayuda que no encuentra asi que decide actuar con su vista divisa una estructura de metal, Gregori continua mordiendola con fuerza ella soporta el dolor, toma con ambas manos el metal y golpea a gregrori en el brazo, Gregori grita maldita puta solo era un juego, un juego cuando decidi yo jugar esto contigo largate de mi casa, me engañste me tratas mal y crees que me acosare contigo solo porque tu quieres imbecil yo no te consentido el sexo, eres un idiota animal fuera. Gregori la amenza asustado, no le digas a nadie lo que paso o te voy a matar, fuera ella grita. Si no soy yo otro lo harà pero te juro que tu pureza no exiistirà màs. FinEl intento de violaciòn que sufrio ANA Ana es una joven de 14 años diferente a todas las muchachas de su comunidad buenos senos buenas piernas pero su figura en lugar de ser sinuosa era delicada como ...Ver más
Bristhe M
Jun 25
Atrapada por las Pasiones Prohibidas

Cansada, aburrida de la larga jornada laboral llegar a casa es un delicioso placer. Después de una ducha tibia me hago acompañar de una taza de café que me lleva a la cama. Había decidido ver una película pero recordé que en la oficina me habían regalado hace dos semanas un libro que no llamó mucho mi atención.

Esa noche quise cambiar la rutina de la televisión y dedicar un momento de lectura. Al buscar en el clóset el libro, por primera vez me fijo en el título: “Pasiones Prohibidas” en un fondo oscuro y la escena sugerente de una pareja besándose como si la vida se les fuera en ese beso. Dije: “Bueno, leeré hasta que se acabe el café y dormiré”. Comencé a leer el prólogo, las palabras que se desprendían en las hojas eran algo intensas: “Muchos cargamos con pasiones que escondemos por el temor al que los otros dirán de nosotros; pasiones que nos atrapan al punto de ser consideradas prohibidas por los demás. A través de los relatos que aquí se describen iremos conociendo las coincidencias que tenemos con los demás, secretos ocultos que no todos conocen pero que se manifiestan en la intimidad; en ese momento en que lo prohibido es permitido y se apodera de nosotros mostrándonos la realidad de quienes somos. Es ese momento en que la opinión de los demás no importa, ya que solo importa saciar los apetitos carnales reprimidos por las largas horas de trabajo o por los quehaceres cotidianos. Les invito a que a través de estas líneas puedan conocer esas Pasiones Prohibidas que son parte de ustedes y dejen de una vez por todas que se vuelvan uno con sus mentes y cuerpos.

Por alguna extraña razón podía sentir que esas palabras iban dirigidas a mí; algo atónita bebí un sorbo de mi taza y di vuelta la página. Empecé la lectura del primer relato y la escena se empezó a formar en mi mente; había algo que me hacía ser parte de la historia. ¿Será la narración? –En verdad que no lo sé pero podía sentir como un sexo se humedecía en cada letra. “La tomé con fuerza y la llevé a la cama, su ropa caía un costado para ceder el paso a mi manos que sin permiso la recorrían por completo”. Imaginaba a ese hombre alto, fornido, de manos grandes; me sentía pequeña al lado de lo que mi mente maquinaba. Mi respiración se agitaba al leer como la chica de la historia era poseída con violencia por aquel imponente ser, me daba cuenta como la humedad me invadía, disfrutaba de la deliciosa sensación de sentir mis bragas mojadas por el placer. Una de mis manos se desliza debajo de las sabanas y comienza a recorrer mis muslos; la verdad estaba atrapada con la lectura y quería gemir de la misma forma que lo hace la favorecida chica que se encamina al orgasmo.

Casi por instinto mi mano se metió entre mi ropa interior pero a la vez no podía parar de leer: “Quiero que te toques y acabes". Con una sonrisa de putita complaciente susurras: "¡Cómo usted quiera mi señor!”. Esas palabras fueron las que detonaron mis ganas únicas de complacer a ese hombre rudo. Me quité el calzón y comencé a tocarme como si él estuviera mirando, con mi otra mano sostenía el libro para ver que se le ocurría a ese pervertido macho. Era alucinante complacerlo, me sentía observada por él al punto de imaginarlo a los pies de la cama con una sonrisa maquiavélica. Mis dedos tocaban mi ardiente clítoris como un torbellino que arrasaba con todo a su paso, no pude más que entregarme a un placentero orgasmo que hizo temblar mi cuerpo. Leí: “Bien hecho putita, por tu obediencia mereces un premio”.

Otra orden no se hace esperar: “Ponte en cuatro”. Obediente como la chica de la lectura lo hice, separé mis piernas esperando sentir su miembro en mi interior. “La toma con firmeza de sus caderas y la embiste con fuerza” –continua la narración. ¡Por Dios! Podía sentir la fuerza de sus manos en mis caderas y como embestía mi vagina sin compasión. Gemidos espontáneos brotaban de mis labios mientras en mi mente era abusada por aquel lascivo verdugo que me premiaba con mi pene por complacerlo. Era el objeto de su placer, su juguete sexual, la puta que él quería que fuese. Deseaba que se viniera en mi interior y a la vez regalarle otro orgasmo.

La lectura sugería: “La embestía de manera constante, sin detenerse; ella al borde del colapso hundía la cabeza en el colchón mientras su interior parecía desgarrarse”. Sin duda era lo que sentía, mis labios vaginales se separaban al ritmo frenético de aquel personaje ficticio que se trasformó en realidad para mí. Casi sin poder respirar mis fluidos se desbordan en un frenético orgasmo que me hace caer rendida en la cama, a la vez podía sentir como su semen caliente emanaba de mis entrañas. Me dejé vencer por el sueño, dormí como nunca antes. Al abrir los ojos en la mañana no podía creer lo que había vivido, como una lectura pudo atraparme tanto y hacerme vivir tan agradable experiencia; ahora entiendo lo que el escritor quiso decir en su comentario de apertura: “Les invito a que a través de estas líneas puedan conocer esas Pasiones Prohibidas que son parte de ustedes y dejen de una vez por todas que se vuelvan uno con sus mentes y cuerpos”. Ya camino al trabajo espero que llegue la noche para dejarme atrapar por otra fascinante historia y ser unirme a las Pasiones Prohibidas que viven en mi interior.
Pasiones Prohibidas ®
Atrapada por las Pasiones Prohibidas

Cansada, aburrida de la larga jornada laboral llegar a casa es un delicioso placer. Después de una ducha tibia me hago acompañar de una taza de café...Ver más
Bristhe M
Jun 25
Sandra y yo solos en casa

Mi mujer no estaba en casa y los niños estaban en el colegio, era la oportunidad de demostrar a Sandra mi empleada quien manda en casa.

Ella lavaba los platos, la observaba desde la puerta de la cocina, el borde de sus nalgas se dejaba ver por el corto delantal que trae puesto. Me excita verla, incluso pienso que ella sabe que estoy al acecho ya que levanta a un más el delantal dejando su redondo culo a mi vista. Ver ese diminuto colaless metido entre sus nalgas era un espectáculo digno de admirar y yo estaba en primera fila. La sangre bombeaba rápido a mi miembro, lo que provocó una tremenda erección; en silencio veo ese delicioso culo que se exhibe de manera descarada. Sin dame cuenta tenía mi mano sobre mi pene e imaginaba las cosas más perversas que cualquier mente cuerda pudiera entretejer. Insisto en decir, ella sabía que la observaba porque de a poco comenzó a deslizar sus manos por esos firmes muslos, subiendo a esos deliciosos glúteos, la espuma del detergente hacia más excitante la escena; mi corazón palpita a mil por hora al ver a la puta de mi sirvienta provocarme

Mi mano se metió debajo de mi ropa interior, como un pervertido me comienzo a masturbar deseando poseer ese puto culo y destrozarlo con embestidas desenfrenadas. Al borde de eyacular me detengo y pienso en lo que pasaría si me acerco y la tomo por la fuerza, al fin y al cabo solo sería un polvo descarado con otra más de las empleadas que han pasado por casa. La muy puta se comienza a masturbar, sus gemidos eran deliciosos, suaves pero candentes que invitaban a tomarla.

Me acerco sigiloso como lo haría un lobo que acecha a la presa, la puta no estaba para sutilezas; al llegar al lavaplatos la tomé del pelo con fuerza y apegué mi erecto miembro a sus nalgas, tiro su cabeza hacía atrás y metí mi lengua a su boca sin dejar que diga alguna palabra. Comenzó a mover su culo mientras jadeaba aun con mi lengua dentro de ella. Al sacar mi lengua ella gemía como si pidiera que la penetrara, “¿Quieres verga putita?” –le pregunté. “Desde que llegué a trabajar con ustedes he deseado ser suya señor, úseme como usted disponga” –me decía. Tomé uno de los cuchillos del lavaplatos y corté su pequeño calzón y sin ninguna muestra de piedad me acomodé entre sus nalgas, embestí salvajemente su culo haciéndola gritar por el dolor. Tomado con fuerza de sus caderas y con movimientos bruscos la poseí; poco a poco el dolor se trasformó en placer regalándome gemidos deliciosos.

“¡Eso señor! ¡Así! ¡Soy su putita y estoy para complacerlo!” –me decía. Mientras taladraba su culo le dí un par de nalgadas que aumentaban más su placer. Enredé mis dedos en su pelo y cada vez con más fuerza le daba mi miembro por su ya dilatado agujero, la sentía como una potranca indómita que necesitaba ser domesticada para ser montada por un semental poco piadoso. Ella acompañaba mis embestidas con sus movimientos propios sin dejar que mi pene se despegue de su ano. Quité sus manos del lavaplatos y del pelo la llevé al piso. Sin decir nada se coloca en cuatro y me ofrece culo para seguir haciendo con él a mi antojo.
Me deleitaba ver como la circunferencia de mi pene había moldeado su ano y sin pensarlo dos veces otra vez la penetro con fuerza, ella disfrutaba de mis embestidas al punto de regalarme un delicioso orgasmo anal que la dejó casi sin fuerzas. Sin compasión no me detengo, al fin y al cabo ella lo pidió. La hice ir al piso quedando tendida; sin sacar mi pene continúo esta vez con movimientos cortos pero intensos. “¡Qué rico señor, no se detenga. Llene el culo de esta puta sirvienta con su leche!” –me pedía.

Me recosté en el piso de la cocina y le dije que se montara encima pero que antes chupara mi verga para que luego hiciera entrar mi miembro en su culo y me mostrara que tan rico que se movía. Como una astuta boa lo engulle hasta la base, su saliva escurría entre sus labios. Era una cerda, una sucia en la forma de comérselo, me gustaba ver como llegaba a ahogarse al no querer sacarlo de su boca. “Eres una zorra” –le dije. Al sacarlo iba mordiendo desde la base al glande, la sensación era exquisita, sobre todo cuando envolvía con su lengua la punta de mi pene y después lo volvía a tragar completo mientras me masturbaba suave.

se subió sobre mí y me dio otra vez su culo, sus movimientos eran de una puta experta, apretaba sus nalgas y se movía como una endemoniada. Se reclinó hacia adelante apoyando sus manos en mi pecho, sus movimientos cambiaron de adelante a atrás. Preso de ese agujero y ensordecido por sus gemidos que la llevaban al abismo del orgasmo disfrutaba del placer que mi nueva putita me brindaba. Casi sin poder aguantar más eyaculé en su interior, podía sentir como mi semen brotaba al como un volcán que entró en erupción. Al sentir como mi pene soltaba los borbotones de semen en su interior ella cerró los ojos y suspiro, de sus labios casi inertes salió: “¡Gracias señor por el placer que me dio de usarme como los machos en celo usan a su hembra!”.

Sus piernas temblaban al intentar ponerse de pie, como pudo bajó su delantal y cubrió sus glúteos, arregló su pelo y siguió en sus quehaceres. Otra vez me acerqué por detrás de ella y esta vez le susurré al oído: “¡Quiero que cada vez que estemos solos no uses nada que me impida el libre acceso a tu culo!”. “¡Si señor!” –me respondió.
Pasiones Prohibidas ®
Sandra y yo solos en casa

Mi mujer no estaba en casa y los niños estaban en el colegio, era la oportunidad de demostrar a Sandra mi empleada quien manda en casa.

Ella lav...Ver más
Bristhe M
Jun 25
El curso de capacitación

Diana es mi compañera de trabajo, una señora preciosa de unos perfectos 42 años, rubia, pelo corto, ojos negros profundos, y una boquita deliciosa, y algo que me enloquece desde tiempo atrás, un culo enorme, duro, provocador.

Tiene marido, viejo y cansado, así que comprendo por las que pasa sin sus merecidas sesiones de sexo. Somos buenas amigas, de las que se cuentan sus aventuras extramatrimoniales, me encanta cuando desorbita sus ojos al decirle con lujo de detalles cómo me dan duro cada vez que salgo a capacitaciones de la empresa, ¡uffff mi vicio!

La semana pasada nos mandaron a una ciudad más o menos lejana a un curso de capacitación. Por supuesto, nos hospedamos en el mismo hotel y la misma habitación, al llegar cansadísimas decidimos bañarnos, tomamos por separado una ducha de agua caliente, y nos metimos a la cama, veíamos una película antigua, así que nos desvelamos cada quien en sus pensamientos, los míos morbosos y húmedos para masturbarme y quedar rendida, así me gusta dormirme. Casi me quedaba dormida cuando escucho unos suspiros profundos, era Diana masturbándose.

Estaba completamente desnuda, brillosa por el aceite que frotaba en su cuerpo, sobaba impetuosamente sus senos pequeños pero con unos pezones que parecían canicas, sus manos se alternaban en sus muslos y en el borde de sus nalgas, su lengua húmeda y rosa salía y entraba como si tuviera una deliciosa verga en ella. Yo deslicé mi mano a mi palpitante vagina para sobarla mientras disfrutaba viendo a Diana que se devoraba sola.

Ella sabía que la observaba, y creo que eso la calentaba más. Siguió masturbándose para mí, hasta que escuché su voz jadeante diciéndome: “¡Anda, ven!”. Me cambié de cama inmediatamente, llegando a ella completamente desnuda. Beso mi cuello, mis labios muy tiernamente, sus manos exploraban mi piel, todo mi cuerpo, sin dejar pedazo sin tocar. Su deliciosa boquita me recorría haciendo que mi piel se erizara y mi vagina se inundara. Al llegar a ella, no permitió ya que yo hiciera nada, me dijo: “Entrégate a mí cariño”.

Sentí como sus dedos abrían mis labios vaginales; mi entrepierna fue invadida por sus dedos. Estaba al borde de la locura hasta que su lengua lamia delicadamente desde los labios, mi clítoris, mi ano, mis nalgas, y sorprendentemente me alzó de ellas dejando en cuatro y lamió mi culo. Era la primera vez que me electrizaba de esa manera. En mis adentros pensaba en pedir que se detuviera ya que el juego había llegado demasiado lejos. Al parecer percibía lo que pensaba, ya que no se detenía, metía su lengua en mi culo una y otra vez, mientras tres de sus dedos frotaban mis fluidos vaginales en mi ardiente clítoris. Ya estaba entregada por completo a lo que quisiera hacer conmigo.

“¡Eso Diana, así amorcito, así!” –le decía. ¡”Lame, sigue, comételo todo, dame con tu lengüita rica en mi culito, lo haces rico mi vida”! –gritaba. Hizo que me viniera de una forma diferente, más intensa, creo que fue el mejor orgasmo que he tenido en años. Luego no pude más y le pedí saborear sus fluidos, quería también hacer que gozara, ansiaba comerme su depilada vagina. Por fin se apiadó de mí, y montó mi cara, moviendo sus nalgas enormes y duras; la gocé, saboreé su rico sabor de sus abundantes jugos. Chupaba su clítoris palpitante, lo mordía, lo succionaba, mientras su cuerpo se convulsionaba como bailarina exótica. Me gritaba que quería más. “¡Por Favor Claudia, más mamita, no pares!” –me decía. Aunque de momentos me faltaba el aire mi lengua seguía con su morboso trabajo hasta hacer que se desborden sus jugos por mi boca y mi rostro. Exhausta por el placer quedamos tendidas en la cama; nos besamos con ternura y dormimos abrazadas como dos amantes.

Pasamos una maravillosa noche, y se repitieron durante toda la semana. Lo mejor de este curso de capacitación, fue que después de tanto tiempo de ser amigas, y de nunca habernos confesado lesbianas nos hayamos cogido tan rico. Ahora esperamos el próximo curso.
Pasiones Prohibidas ®
El curso de capacitación

Diana es mi compañera de trabajo, una señora preciosa de unos perfectos 42 años, rubia, pelo corto, ojos negros profundos, y una boquita deliciosa, y algo que m...Ver más
Bristhe M
Jun 25
El castigo puede ser placentero 2
Debajo del pañuelo podía sentir sus ojos fríos y su mirada dura, con un pequeño susurro me indica una cosa, se trataba del deseo. ¡Si por supuesto que sí el deseo de ser montada y follada hasta sangrar! —decía en mis pensamientos.
Me aventó a la cama quedando con mis nalgas expuestas esta vez solo separé mis piernas, sus manos frías tocaron mi entrepierna pellizcando levemente los labios de mi sexo. –¡Ah, esto se siente rico! Otra vez estaba empapada y casi llegando al orgasmo. Se detiene para bajar sus pantalones que ya tenían la marca de mi excitación en el cierre; de un empujón mete su miembro. Me hizo estremecer y gritar. “¿Te gustó nena?” –Pregunta de manera autoritaria.

“¡Sí, Amo, hágame suya, no sabe cuánto lo deseo y lo extraño!”. ¡“Me parece perfecto porqué mis ganas de ti no se aplacan!” –me dice con tono autoritario.

Levantó mis brazos lo más largo que pudo y empezó a follar y follar cada vez más rápido y más duro. Se escuchaba el ritmo de su respiración agitada. Los brazos y las muñecas empezaban a dormirse y sentir ese cosquilleo de hormigas la posición me cansaba. Gemí como loca, la sensación de hormigueo y las embestidas bestiales me hacían estremecer. Era exquisito, posteriormente me esposo las muñecas mientras mis ojos permanecían vendados. Me tumbó en la cama, abrió más mis piernas y volvió a meterlo, quería tocar el cuerpo de mi Amo pero mis manos estaban esposadas. “¿Qué te dije de los toqueteos?” –me dice enfadado “¡Sabes bien que no debes hacerlo! Aquí solamente yo puedo tocarte y follarte”. Pienso en mis adentros y me digo: “¡Cuánto deseo unas buenas nalgadas!”. Como si leyera mi mente desliza sus manos por mis nalgas y di previo aviso me golpea, sentía mis ojos humedecidos pero la venda no dejaba brotar mis lágrimas. Él seguía a pesar de que me retorcía de dolor y placer.

Extasiada por el placer que me brindan sus violentas caricias soy conducida a un profundo orgasmo que me hace temblar por completo, yo sé que él lo disfruta tanto como yo. Excitado y jadeante me dijo: “¡Qué rico mi niña!”. Mis nalgas se sentían calientes, no recuerdo cuanto me nalgueó pero si sentía el calor de su mano por todo mi culito.
Me quita el pañuelo de los ojos y me amarra con él al respaldo de la cama, percibía la maldad en sus ojos. Otra vez recurre a su perverso maletín del cual saca un cuchillo de hoja larga y gruesa. Le suplicaba que no me hiciera daño, prometía que sería una buena sumisa y él solo reía al verme en ese estado; temblaba de miedo pero a la vez sabía que todo estaría bien. Lo deslizaba en mi abdomen, mi piel se abría al paso del frío metal, podía sentir que la sangre brotaba, veía la fascinación en su cara al ver como hilos de sangre se apoderaban de mi piel, la que él lamía; la sensación pegajosa de la mezcla con su saliva era todo un deleite. Continuó bajando con el filo hasta mis muslos, los cuales cedieron al paso sigiloso de aquel afilado metal. Tenía una sensación de cosquillas que me hacían gemir de placer, era tan rico al punto que otro orgasmo llegó. Ya no tenía fuerzas; ¡Por Dios! Este hombre sabe lo que hace, y me encamina a un abismo de placer sin retorno. Me pregunto ¿Hasta cuándo voy a estar prisionera de sus oscuros deseos? Solo percibo que la noche cayó y avanza con pasos agigantados al amanecer.
Esto no terminaba aún, llegó a mi vagina y me empezaba a lamer mi clítoris, esa lengua viscosa se mete en cada rincón de mi sexo, solo puedo jadear como una perra en celo ya que las fuerzas me han abandonado por completo. ¡Dios mío, otra vez soy transportada al éxtasis! Noto como exploto de deseo y mis tibios fluidos se impregnan en su boca. Llegó a mis labios con los suyos, esta vez podía probar no con mis dedos sino directo de él ese delicioso líquido que he saboreado cuando me masturbo frente a él. Su lengua está casi en mi garganta y sus dientes dejan marcas en mis labios haciéndolos sangrar levemente.

Después de tenerme completamente a su merced y sin fuerzas, me toma del pelo para llevarme al piso y sin ninguna compasión mete su deliciosa verga en mi boca, inclemente y sin escrúpulos folla mi boca. Me ahoga pero él no se detiene, en sus ojos se ve la lascivia; enreda sus dedos en mi pelo y deja su verga dentro de mi boca, puedo sentir como explota y su tibio semen me asfixia pero me deleita. Al sacar su miembro de mi boca el semen mezclado con saliva escurre por la comisura de los labios; me sentía sucia, usada y abusada, esa deliciosa sensación que solo un macho Dominante puede provocar en una hembra sumisa. Él susurró: “¡Ah nena qué bien se siente!”. Sonreí con mis labios aun con sus tibios fluidos. Entendí que no solo es la forma en la que me hace sentir su puta, sino también es la forma de demostrarme que valora mi entrega y dedicación por ser lo que él quiera que sea.
Pasiones Prohibidas ®
El castigo puede ser placentero 2
Debajo del pañuelo podía sentir sus ojos fríos y su mirada dura, con un pequeño susurro me indica una cosa, se trataba del deseo. ¡Si por supuesto que sí el de...Ver más
Bristhe M
Jun 25
El castigo puede ser placentero 1

Tengo un Amo que es un poco estricto, no es que no me agrade pero es difícil de convencer. Ya llevo varios días que no lo obedezco y los castigos no eran severos pero este si lo fue. Un día sin previo aviso llegó a mi casa en su Camaro negro, impecablemente vestido de un traje gris, y un maletín. Se veía como un hombre poderoso y lo es, ya que cada vez que ejerce su dominio me lo hace sentir, tanto así que otros hombres se sienten incómodos con su presencia.
Abrí la puerta y cuando lo vi me lleve una gran sorpresa. — "¿Qué hace aquí?". Le pregunté con miedo porque ya sabía a lo que venía, su deseo era darme unos buenos golpes en las nalgas cosa que deseaba con intensidad por ser una chica desobediente. Se acercó a mí, podía sentir su respiración; excitado me ordenó: – "¡Quítate las bragas y súbete el vestido!". Todavía no entraba y ya quería observarme desnuda, admito que siempre ha sido así, en un solo instante ya me tiene sin bragas y húmeda.
Me quedé completamente perpleja y sin saber cómo reaccionar. —"¡Hazlo! ¿A caso quieres que yo lo haga? Mira que te has portado muy mal y ahora tu merecido es ser follada de manera intensa y dura" —me dice. Con el miedo y el deseo bajé mis bragas porque en cierto modo era mi fantasía. Sonríe y dice: “¡Buena niña así me gusta, obediente!”. Quita las bragas de mis manos y las huele con fascinación, mientras yo quedo con el vestido a la cintura y expuesta a la vista de quien pasara por la calle. Bajo su pantalón podía ver su erección palpitante y sus ojos una lujuria intensa.
Me toma del cabello y cierra la puerta tras él, hábilmente me trasporta por la casa hasta llevarme a la habitación, al entrar saca su pene erecto y me avienta a la cama, y sin previo aviso abrió mis piernas y lo metió hasta el fondo, como no estaba lo suficientemente mojada el rose de su pene era ardiente y doloroso y él lo sabía así que aprovechó eso a su ventaja para ser más brusco. El peso de su cuerpo no dejaba moverme, trataba de defenderme pero no pude ya que sostenía mis muñecas con fuerza mientras embestía con fuerza. Dolía pero me gustaba, a pesar de todo quería, más era una sensación extraña, una mezcla que no se puede describir porque había dolor y placer a la vez.
La forma en que me penetraba era violenta, en sus ojos se notaba enfado pero a la vez él disfrutaba de la forma en que me tomaba, me sentía como una presa siendo devorada por un animal salvaje, hasta que el orgasmo llegó y quedé sin aire y a su completa merced. Lo sacó rápido y con una sonrisa endemoniada destrozó mi vestido, me mira por instante en silencio y ordena: “¡Date la vuelta!”. Pienso: “¿Qué?”. – Estaba asustada por lo que iba a pasar después.
Di la vuelta y mi culo estaba descubierto. Me dio una nalgada que me hizo estremecer, después otra y otra hasta llegar a cincuenta. Sentía mi culo arder de placer mientras era ferozmente nalgueada. Pensaba para mí: “¡Ah esto duele y mucho!”. Pero podía sentir el placer que producía. –“¡Haz sido una mala sumisa! –Me dice con enojo, mientras de su maletín saca una fusta y empezó a golpearme, nuevamente, quería levantarme pero no podía. Sólo escuchaba el aire que se cortaba antes de cada azote; volvió a darme otros cincuenta, tenía el trasero muy adolorido pero no terminaba aún. Sin decir nada me dio un follada por el culo, la sensación era incómoda, demasiado, para ser exacta, ya que nunca le había entregado mi agujero a nadie. Lloraba, suplicaba, aun así no paró y lo metió hasta el fondo. “¡No que no nena! Este es tu castigo por no obedecerme” –me dice el perverso verdugo.
Sabía que esto no terminaría pronto, él quería más y mucho más; me dolían las nalgas y el ano me palpitaba; entonces se quitó la corbata y amarró las manos al respaldo de la cama, no podía zafar de eso estaba muy segura posteriormente con su cinturón amarró mis pies, ya no podía moverme estaba a su merced y podía hacerme lo que quisiera. Entonces se levantó de la cama y salió por un instante; eso minutos me sentí su prisionera. Regresó antes que pudiera soltarme; traía hielo y una mirada que haría estremecer a cualquiera. – “¡Por favor no, enfermare!” –Le suplicaba pero él no hizo caso puso un hielo rosando mi vientre y mi vagina, el frío y el ardor era intenso pero a pesar de ello me gustaba; subió a mis pechos y los masajeaba con el hielo, hacía que mis pezones pusieran duros. Aprovechó de morderlos y lamerlos, gemía de placer hasta sentir como otra vez un orgasmo intenso me invadía. Este hombre sabía muy bien lo que hacía y lo demostraba.
Lamía mi cuerpo y con una de sus manos acariciaba mi entrepierna, sentía cosquillas en mi sexo, era delicioso ver cómo se valía de todas las artimañas posibles para hacerme sentir a su disposición. –“¿Ves nena qué rico puede ser a veces ser castigada?” –me dice. Luego besó mis labios tan duro y los mordió hasta hacerlos sangrar pero me excita sentir la sangre en mi boca. Le suplico solo por un momento que se detenga pero mis palabras no son oídas; el enojo y la lujuria se notan en sus ojos, sé que se detendrá cuando su sed sea saciada y también sé que soy el objeto que su perversa sed. De su bolsillo saca un pañuelo de seda con el que ciega mis ojos para continuar sirviéndose de mi cuerpo a su antojo. Pienso para mí: “A veces es divertido ser una sumisa desobediente pero también sé que debo obedecer las instrucciones que mi Amo me da”.
Pasiones Prohibidas ®
El castigo puede ser placentero 1

Tengo un Amo que es un poco estricto, no es que no me agrade pero es difícil de convencer. Ya llevo varios días que no lo obedezco y los castigos no er...Ver más
Bristhe M
Jun 25
Disfrutando una noche de cansancio
El día ha sido difícil, por alguna razón estoy más cansado de lo normal. Mi pensamiento es una ducha tibia, cenar y dormir si es posible por dos meses seguidos. La casa está a media luz, entre las sombras distingo a mi mujer sobre el sofá con un babydoll de seda negra y medias del mismo color hasta los muslos, sin calzón y con las piernas separadas esperándome. La escena se llevó el cansancio en un instante. Me quedé mirándola en silencio y embriagándome de la esencia de su perfume, me quité la chaqueta y la corbata, dejé el maletín en el piso. Ella percibió mis pensamientos, sin decir nada deslizó su mano a la entrepierna y comenzó a tocarse; sus gemidos son la melodía perfecta que despierta mi perversión. Sus dedos resbalan por su vulva hasta meterse en aquella jugosa vagina, mientras sus gemidos causan estragos en mi pantalón; entre sus gemidos balbucea mi nombre, pide que me acerque.
Me siento a un extremo del sofá, ella sube sus piernas sobre mis muslos; cambia de mano mientras disfruta del tibio e intenso sabor de sus fluidos, entre susurros me pregunta: “¿Disfrutas lo que ves amorcito?”, mientras sus labios se retuercen en una perversa risa. Sigo en silencio disfrutando de la perversa escena que envuelve mis ojos, las ganas de recorrer su vagina se hacen incontenibles y sin mediar nada separo más sus piernas y me deslizo suavemente desde sus muslos a su entrepierna, ella se retuerce al sentir como la punta de mi lengua estimula su delicado clítoris. Ese tibio veneno que destila de su interior se mezcla con esos sensuales movimientos de sus caderas al sentir como poco a poco mi lengua se mete dentro de ella. Disfruto de cada espasmo, de cada gemido, de esa perversa forma en que hunde mi cabeza en su entrepierna y entre gemidos dice que quiere ser mía.
Su sensualidad me tiene preso y sigo embriagándome de sus tibios fluidos, esa esencia de hembra en celo es la que me excita y me mantiene preso. Otra vez suplica: “¡Hazme sentir mujer, penétrame amor!”. Sin esperar más bajo el cierre de mi pantalón y desato mi cinturón; solo alcanzo a quitarme la camisa ya que no hay tiempo para nada más que satisfacer a mi preciosa dama que reclama mi miembro en su interior. Con las ansias de un inexperto me muero por estar dentro de ella, acomodo mi pene en la entrada de aquella zona húmeda de su entrepierna. Al entrar lentamente sus ojos se cierran y su boca se abre disfrutando de cómo me abro paso en su hinchada vagina. Sus piernas se cruzan en mi espalda mientras sus uñas se deslizan por mi espalda dejando en ella un intenso surco de placer. Mis movimiento se hacen más intensos haciendo que gima con esa fuerza incontrolable que tanto me enloquece, le hablo cosas sucias al oído y ella solo rie de manera endemoniada, con esa sensualidad que se mezcla con placer creando una bomba intensa de erotismo que detona en el ambiente.
Me recuesto sobre la cama y ella se monta sobre mí haciendo que mi miembro entre solo con sus movimientos. Mis manos se apoderan de sus senos mientras ella se mueve de adelante a atrás. Sus pezones están duros como me gusta que estén, los aprieto provocando en ella movimientos intensos diciendo: "¡Qué rico mi vida, hazlo más fuerte!". Complaciendo los deseos de mi hermosa dama los aprieto con más fuerza, en sus ojos se ve el dolor pero también el placer; puedo sentir como su vagina se contrae y aprisiona mi miembro, la lujuria es indescriptible.
Su palpitante vagina anuncia lo que va a ocurrir, mientras sigue jadeando para recuperar el ritmo de su respiración, se levanta unos centímetros para dejar caer sobre mi un delicioso squirt acompañado de temblores en todo su cuerpo. Cae rendida sobre mi pecho, exhausta pero quiere sentir como mi semen llena su boca y disfrutarlo como yo disfruté de sus delicados fluidos. Casi sin fuerzas se arrastra como una sensual víbora hasta llegar a su presa, la envuelve con su mano masturbándome suave mientras me mira con ojos lascivos. Engulle mi miembro hasta la base moviendo su apetitosa lengua haciendo que me aferre a los costados del colchón; los movimientos que emplea hacen que explote en su boca. Mi semen la llena por completo y como un tibio vaso de leche lo traga por completo, extrae hasta la última gota de mi espeso líquido y lo que se escurrió por la comisura de sus labios es arrastrado por su lengua.
Cómo pudo se acomodó a mi lado, en silencio la contemplo mientras se acomoda en mi pecho, no sé qué hora es ya que la noción del tiempo me abandonó; solo sé que esa mujer perversa es la que escogí para pasar mi vida a su lado.
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Disfrutando una noche de cansancio
El día ha sido difícil, por alguna razón estoy más cansado de lo normal. Mi pensamiento es una ducha tibia, cenar y dormir si es posible por dos meses seguido...Ver más
Bristhe M
Jun 25
Castigada al tomar la iniciativa

Es de noche, estoy algo cansada y el sueño me vence. Entro a la habitación y veo la imponente figura de mi Amo, está dormido ya que igual tuvo un día largo y lo debió vencer el sueño. No sé qué tiene ese hombre pero él solo hecho de verlo enciende mi cuerpo transformándolo en un fuego incontrolable. La decisión está en dejarlo dormir o despertarlo para que apagué la pasión que hay en mis humedecidas bragas.
Me paseo de un lado a otro como una gata en celo. ¡Qué ganas de lanzarme sobre él! Para ser usada a su antojo, quedar impregnada del olor de su sudor en su cuerpo y ser reconocida como un juguete que él tiene para saciar su aburrimiento. Él no sabe que lo observo, está perdido en un profundo sueño producto del cansancio. Me desvisto lentamente, la puta interior venció a la cordura y ésta vez quiero ser usada sin contemplaciones. Mis manos avanzan siguiendo el camino que me hace estremecer, el deseo es un ingrediente que no se puede ignorar; aunque él ni siquiera nota mi presencia soy suya y su sola presencia domina cada ápice de mi ser. Separo mis piernas y mis dedos hurgan con desesperación mi sexo, la humedad no se esperar y escurre por mis dedos; esa indescriptible sensación que me recorre y hace perder el control de mi cuerpo, muerdo con fuerzas mis labios para no ser descubierta porque la agitación de mi respiración es evidente y también de esa forma contengo los gemidos que quieren brotar de mi interior.
Decido acercarme, mi respiración se agita aún más. Me escabullo entre las sabanas y besos sus labios de manera tierna. Sus ojos se abren por completo al sentir el roce de mis labios, sé lo que viene y como disfrutará de mi cuerpo sin ninguna contemplación. Sonríe de manera malvada y me dice: “Sabes que no tienes permiso de besar a tu Amo, pagarás por tu atrevimiento”. Me toma con fuerza del cabello, y me tumba sobre la cama; adoro su fuerza y resolución. Con esa fuerza que me enloquece me da vuelta y de un par de nalgadas me obliga a levantar la cola, sin piedad me penetra arrancándome gritos de dolor entrelazados al placer de sentirme castigada y abusada por aquel hombre que no me permite besarlo.
Sus constantes embestidas son igual a las de un macho en celo, mi Amo jadea y susurra que no tengo su permiso de disfrutar el momento pero el solo hecho de sentirme su puta es más que suficiente para darme placer. Mientras embiste me nalguea con fuerza, hace que mi aliento se desvanezca y hace que me estremezca por completo. Quisiera gemir de placer pero se me negó el privilegio pero en mi mente juegan mis emociones y me transporto al más absoluto placer.
Tomado firmemente de mis caderas acomoda su miembro entre mis nalgas y con fuerza empuja hasta hacerlo entrar completo, mis ojos se vuelven vidriosos por el intenso dolor, y sin contemplación abusa de mi ano. Su pene se hincha en mi interior, no puedo contener mis ganas de demostrarle cuanto disfruto de su violencia, le suplico que me permita acabar, no dice nada solo se escuchan sus jadeos llenos de perversidad. Él ve mi desesperación y de manera perversa rie al escuchar mis suplicas, le divierte ejercer ese control y a mí me excita. En un momento la compasión se apoderó de él y susurra a mi oído: “¡Puedes acabar sucia puta!”. Sus palabras son el aliciente para hacer que explote de placer y me rinda en un orgasmo tan intenso que hace temblar todo mi cuerpo. A los pocos segundos noto como él explota en mi interior llenándome con su viscoso e hirviente semen. Cae rendido sobre mi espalda mezclando nuestro sudor; nuestros cuerpos aún unidos por su delicioso miembro tiemblan al unísono por el perverso placer. Al salir por completo de mi interior su semen escurre saliendo de mi ano y recorriendo mi vulva. Con ese lenguaje obsceno me recuerda que es mi dueño y solo él puede disponer de mi cuerpo cuando lo desee.
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Castigada al tomar la iniciativa

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Bristhe M
Jun 25
La sensual apoderada del curso de mi hija

En esas aburridas reuniones de padres que mes por medio se hacen en el colegio de mi hija nunca sucede nada interesante, salvo cuando el profesor entrega el informe de notas. Es ese momento en que crees que habrán solo calificaciones excepcionales pero te encuentras que hay solo malas notas y el mundo se derrumba, y el sueño de las becas de gratuidad para la universidad se diluye como el azúcar en el agua; solo esperas que se apruebe la ley de gratuidad en las universidades para no sufrir con el pago de las mensualidades.
Se organizó la directiva de padres y gracias a Dios no me eligieron ya que en la enseñanza básica estuve 4 años siendo el presidente y era una tarea estresante ya que había que lidiar con los padres, y estos son más peligrosos que los mismos estudiantes. Los minutos pasaban y para mis adentros pensaba: "¡Qué no se les ocurra hacer un grupo en WhatsApp!". No sé si la apoderada que había a mi lado tenía poderes síquicos porque cuando terminé mi pensamiento me miró, se sonrió y levantó la mano; el profesor le da la palabra y dice: "¿Por qué entre los padres no hacemos un grupo de WhatsApp para estar informados de las tareas, calendarios de pruebas y organizar rifas para juntar dinero?". En mi interior quería someter a un régimen severo de tortura a la estúpida señora que hizo la propuesta. ¿Acaso no sabe que los teléfonos de quedan pegados porque los mensajes consumen la memoria RAM de los teléfonos? Además, los putitos memes y notas de voz matan la memoria de almacenamiento y se habla de todo menos del progreso de los hijos en clases. Con ojos de asombro noto que uno a uno anotaban sus números en una hoja, cuando ese endemoniado papel llegó a mis manos pensé en destruirlo para evitar daños a terceros ya que en un mes iban a estar todos los padres tecleando como endemoniados y hablando tonterías sin sentido ni utilidad para el desarrollo educacional de los hijos. La persona que estaba delante de mí se da vuelta y me mira con ojos de: "Ya pues. ¿Anotó su número? Mire que me toca a mí". Para evitar esos ojos de enfado lo hice y pasé la hoja a la señora, en ese momento firmé mi sentencia de muerte.
Pasaban los días y me fijaba si ya el grupo se había formado, no había nada nuevo en WhatsApp. Pensaba tal vez Dios se apiadó de mí y el papel se perdió, caminaba aliviado pero cuando llegaba alguna notificación empezaba a temblar al tomar el teléfono y el miedo pasaba al ver que eran amigos u otros grupos más interesantes. Una noche, recostado veía TV, alejado del mundanal ruido de la cuidad cuando entra una notificación; como si nada tomé el celular y vi: "Primero Medio B". Las pesadillas se hicieron realidad, el grupo se había formado.
Cómo si la vida se les fuera comenzaron a textear y mandar mensajes de audio. Yo mandé un saludo escueto diciendo quien era y el papá de quien era. Por alguna razón todos de callaron y seguí conversando con una de las apoderadas del curso, poco a poco la conversación se hizo amena pero por respeto a los demás no seguimos y nos despedimos como si nada. Al otro día, me sorprende ver un mensaje de ella, le respondí con un cortante "hola". La conversación partió con las trivialidades del colegio y fue pasando a preguntar cosas personales como gustos y demases. Poco a poco al menos en mi caso se podía percibir que el sexo rondaba el ambiente. Por un momento mi mente de fue a un cuarto a media luz y ella gimiendo de placer mientras mi lengua invade su boca con un beso apasionado, y mis manos pérdidas recorriendo cada espacio de su cuerpo. La imaginaba desnuda y con sus piernas abiertas entregándome esa deliciosa vagina, con mis dedos estremeciendo su clítoris al punto de hacer que explote en un delicioso orgasmo que escurre por sus contorneadas piernas.
No sabía qué hacer ni cómo sacarme de la cabeza tan deliciosa escena; intenté con volver a las trivialidades del colegio y dirigir la conversación por un camino sensato. Respiré profundo y pregunté: "¿De qué parte de la ciudad es?". La respuesta fue: "Vivo cerca del colegio. ¿Por qué lo pregunta? ¿Quiere venir a verme?". —"No, solo es curiosidad" —respondí intentando zafar del momento incómodo. Me manda un mensaje de audio riendo por mi infantil respuesta; "no se ría" —le digo con algo de nerviosismo que ella supo percibir. La hora avanzaba y habíamos pasado las 3 de la tarde hablando, debíamos atender nuestras obligaciones y dejamos la conversación con un coqueto hasta pronto.
Al caer la noche mi mente insistía en esas imagines morbosas de la mañana. Mi miembro empezó a colocarse duro al imaginarla lamiendo cada centímetro y meterlo en su boca hasta ahogarse. Decidí cruzar el umbral de la conversación formal y llevarla donde mi perversa mente quería que estuviera; con descaro comencé a seducirla, a adular su foto de perfil. "No puedo negar que es una mujer madura, atractiva y sensual, una sonrisa que acentuaba sus mejillas y la hacía ver como una niña traviesa" —le digo. Me manda un audio con un: "Gracias", seguido de un intenso suspiro. “Hace tiempo que nadie me dice algo así” –me dice un poco tímida. “Perdone mi franqueza y si la hice sentir incomoda pero no podía dejar de decir algo tan cierto” –respondo de manera incisiva. Nuevamente sonríe haciendo que la conversación tome un tinte un poco más excitante. Ya era cerca de las tres de la madrugada, dicen que es la hora en que los demonios salen a hacer de las suyas y sin duda esa noche fue así. Por alguna razón marqué la opción de videollamada y para mi sorpresa respondió, verla sobre la cama solo con ropa interior despertó los demonios en mi interior y en silencio la contemplaba; no puedo negar que me sorprendió gratamente lo que mis ojos observaban, las curvas definidas de su cuerpo y sus senos aprisionados por un brasier en seda de color rojo.
Por mi parte, tendido en la cama solo con bóxer y con mi miembro a punto de estallar, mi mano lentamente se acomoda en mi entrepierna, ella sabía lo que estaba haciendo pero no pide que me detenga, sino que de manera sutil con su mano libre comienza a acariciar sus senos por sobre el brasier; de a poco su respiración se agitaba y en sus ojos podía notar el deseo. Empieza a bajar mostrándome sus piernas firmes que se separan al paso de su mano y se pierden en el interior de esa diminuta prenda íntima del mismo color que el brasier. Gemidos suaves salen de sus labios y con una voz balbuceante me dice: “No he podido sacarlo de mi mente, lo deseo con desesperación”. Una sonrisa malévola sale de mis labios y respondo: “De la misma manera que la deseo yo”. Se desnuda por completo y deja el teléfono a una distancia que me dejaba ver el cuadro completo de su cama, de manera frenética masajea su clítoris, podía ver como se retorcía en la cama y gemía como una puta descontrolada. Se comenzó a penetrar con dos dedos y a retorcerse de placer, con los labios secos por la excitación me pide que le muestre mi pene. Accedí y al verlo exclamó: “¡Qué ganas de tenerlo en la boca!”. Yo me masturba como un enfermo, solo quería saciar mi sed de sexo al ver como semejante mujer estaba dispuesta a satisfacer mis deseos a través de una videollamada. Abre su velador y saca de entre las cosas un dildo doble el que empieza a mamar como si su vida dependiera de ello; su rostro al hacerlo era algo digno de ver y cuando untó sus dedos con saliva para lubricar su ano fue un momento de antología, sabía lo que su perversa mente estaba tejiendo porque sin decir nada estábamos conectados en pensamiento. Lo introduce lentamente haciendo que su cara cambie, pasando del placer a un dolor intenso el que es seguido por temblores en sus piernas y con un ahogado: “¿Le gusta?” –me demuestra que lo hace solo por complacerme. Con una perversa sonrisa muevo mi cabeza en señal de aprobación; con detenimiento espero que pueda leer mi mente y la siguiente petición, pero como les dije estábamos conectados, con delicadeza introduce el otro extremo del dildo en su vagina. El placer se apoderaba de cada ápice de su cuerpo, verla retorcida en la cama hacia que me masturbara con todas las fuerzas de mi ser; oír sus imparables gemidos son el detonante para que explote y eyacule de manera abundante. Me regaló uno de los orgasmos más intensos que he tenido. Ella al ver como mi semen se desparrama se quita el dildo de la vagina liberando un intenso squirt que moja todo a su paso, el torrente de su placer se pierde en la cama, los espasmos son incontenibles y la satisfacción se puede ver en su perverso rostro. Exhaustos nos despedimos esperando a que el momento se repita pero esta vez en persona para apagar el fuego intenso que nos consume cada vez que una notificación de mensaje entra al teléfono.
Había transcurrido algo de tiempo desde esa morbosa videollamada, era día de reunión en el colegio, la excusa perfecta para vernos. Nos saludamos como dos padres preocupados del progreso de nuestros hijos, nos sentamos separados y el profesor comenzó a hablar de los temas señalados en la pizarra hasta que al fin llegó el final. Quedamos de acuerdo de juntarnos en la estación del metro que está cerca; al llegar allá nos juntamos en el andén y nos subimos al tren que nos llevaría con destino a aquel lugar en donde nos entregaríamos por completo a los más oscuros deseos. Sin importar si había alguien que nos conociera al momento de entrar al vagón nos comenzamos a besar, el pudor parecía no estar presente, tampoco estaba la cordura ya que me dio la libertad de recorrer su cuerpo a mi antojo; como si no hubiese nadie más alrededor mis manos se pasean de manera descarada por sus senos y por su entrepierna. Al llegar al centro de la ciudad salimos de la estación y con pasos presurosos nos dirigimos al lugar en donde consumaríamos la pasión. Registramos nuestro ingreso para ser llevados a una habitación adornada para la ocasión, petalos de rosa sobre la cama y champagne nos esperan.
La puerta se cierra y solo los cuadros de la habitación son los testigos mudos de lo que sucederá. Ahora, sin importar nada nos entrelazamos en un beso furtivo que enciende aún más la pasión; poco a poco la ropa cae al piso y la perversión comienza a hacer estragos. Su cuerpo desnudo sobre la cama me invita a poseerla, con sus piernas separadas me ofrece su lubricado sexo, como un animal sediento deslizo mi lengua hasta su hinchado clítoris, es el instante en que el demonio del placer se apodera de su tembloroso cuerpo, gime de manera descontrolada cuando mis dedos entran en su vagina y al mismo tiempo estimulo su clítoris y la penetro; dobla sus rodillas y hunde mi cabeza en su delicioso sexo rogando sentir mi lengua en su interior. Sus tibios fluidos se impregnan en mi boca dejando el exquisito sabor de su excitación en mis labios.
Me desnudo sin prisa, ella se acerca y como una perra en celo para ofrecerme su sexo, con voz suplicante pide ser penetrada sin compasión. Tomo mi miembro y lo acerco a la entrada de su húmeda vagina, de una embestida hago que entre completo y con movimientos bruscos la penetro hasta lo profundo de su ser. Tomado firmemente de sus caderas me muevo de manera frenética, puedo sentir como su interior se contrae en cada estocada. Su vagina palpitante desborda los tibios fluidos emanados de su interior, mientras como un loco la hago gritar con fuerza cada vez que mi pene entra completo. Cae rendida en la cama al ser invadida por un intenso orgasmo. No me importa si tiene fuerzas para seguir, en ese momento su cuerpo me pertenece y ella sabe que no me detendré hasta que mi sed de sexo sea saciada. la volteo y meto mi miembro en su boca, lo chupa hasta tragarlo entero; adoro ver como se atraganta y su respiración se agota, me excita verlo al sacarlo de su boca con la saliva escurriendo y como lo toma con fuerza desde la base y lo vuelve a meter en su boca otra vez.
Después que termina con la felación me tumbo sobre la cama, solo con una mirada ella sabe lo que tiene que hacer. Se acerca con ojos de deseo y se monta sobre mí y, con movimientos suaves hace que mi pene se deslice a su vagina. Una vez dentro se mueve de la manera que a mi me gusta, rápido y apretando sus pezones. Sus perversos movimientos me enloquecen. Ese delicioso palpitar de su vagina hace que mi miembro se hinche más en su interior, suplica porque la llene con mi espeso semen; cierra sus ojos y su respiración se detiene pero no detiene sus frenéticos movimientos; con fuerza exhala, con tanta fuerza que sus fluidos se desbordan por mi pelvis. Sus movimientos mezclados con espasmos en su interior son el ingrediente perfecto para hacer estallar mi pene en su interior. Mi semen se junta con sus tibios fluidos, cae sobre mi pecho exhausta, y yo la beso con delicadeza en los labios. Después de esa noche juntos las reuniones del curso serán más entretenidas, ya que con aquella sensual apoderada tendremos una noche al mes para hacerlas interesantes.
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