es
  • Image 01

    ¡Descubre sensaciones completamente diferentes!

  • Image 02

    ¡Atrévete a cumplir tus fantasías más perversas!

  • Image 03

    ¡Encuentra a un amante que logre complacer tus deseos!

  • Image 04

    ¡Conoce los fetiches más secretos de las personas!

  • Image 05

    ¡Entra a un mundo lleno de erotismo y sensualidad!

  • Image 06

    ¡El camino al placer sólo depende de ti!

Info del Grupo

Relatos Eróticos

Relatos Eróticos

Este grupo es para compartir relatos eróticos. Para los amantes de la lectura !!!!!
  • Creado: Mar 29 '19
  • Admin: Bristhe

Usuarios

AmaAshtart M
LightYagami MODERADOR
JackyDom
Ken_PetTrainer H
XDMalcomX H
tallman1365 H
Carlospereza6990 H
IvanFer H
zorritalilith M

El Muro

Necesitas identificarte para poder comentar
Cassius_Adler H
Sep 18
Una de las prácticas más volátiles que existe en el repertorio del Arte es la Magia Sexual (de ahora en adelante "Magiak"), aquella en la que utilizas ese momento preciso en el cual, al alcanzar el orgasmo, sometes la realidad a tu voluntad. Una gran cantidad de energía se acumula durante este Ritual y se libera en ese preciso instante en el que alcanzas la gnosis, o dicho de otro modo, cuando alcanzas ese sentimiento oceánico de unidad. Es una atajo emocionante y a la vez peligroso, buscar el éxtasis sexual como comunión con el universo que te rodea.

Como remembranza tengo una sesión muy particular en la que mi bella pareja y yo jugueteábamos sensualmente sobre la mesa de masaje, de esas prácticas de dos, llenas de erotismo, aceite aromático y suaves caricias. Para entonces ella y yo eramos muy íntimos y la confianza era grande. En esa época apenas leía a Crowley y algunas cosas relacionadas con el Tantra, de pronto algo me vino a la mente y mientras mi pareja yacía boca abajo le pregunté:

-Si pudieras pedir un deseo en este momento, ¿Cuál sería?, ¿Que has querido hacer desde hace tiempo y no has podido?

Mi acompañante al no ser iniciada, no se percató de la intención de la pregunta, por lo que ella respondió:

-Siempre he querido ir a Disneylandia.

Sinceramente me sorprendió la respuesta, ya que no pidió dinero, altas benignidades o cosas incongruentes. Ella solo quería ir a Disneylandia, sus palabras me enternecieron, entonces le dije al oído mientras amasaba sus nalgas y los músculos de su espalda:

-¿Sabías que los deseos se pueden hacer realidad? Sí, es bastante sencillo, solo piensa con toda claridad que estás ahí, imagina los juegos y las atracciones de ese lugar, ahora voy a tocarte "aquí" lento y despacio- al decir esto, yo abría el compás de sus piernas suavemente y seguí diciendo- disfrútalo tanto como quieras, pero inmediatamente cuando te "vengas", con tu voz dí "Mi deseo es ir a Disneylandia"- Ahora movía con mis dedos su clítoris húmedo, inchado y también caliente.

Paso un rato, mi compañera gemía y se retorcía de placer, sus mejillas estaban sonrojadas, y su respiración agitada me indicaba el ritmo, el cómo y dónde le gustaba más. Una de las ventajas de ser Terapeuta corporal o Masajista Profesional, es la sensibilidad que se desarrolla en las manos para percibir las reacciones de cada fibra muscular. y cuando prácticas el Arte con sus ejercicios y Rituales, ocurre algo Mágico, y es el poder percibir la energía y su flujo. Éstas dos habilidades son de gran valor en Magiak ya que te permiten controlar la energía sexual de ambos. No lo voy a negar, yo también estaba muy excitado en ese momento, me encontraba desnudo del torso pero llevaba puesto un jogger de color negro, el cual sentía que se iba a romper en cualquier instante por la tensión.

Durante unos minutos empece a sentir cómo la coronilla de mi cabeza empezaba a hormiguear de una forma peculiar, no lo sabía entonces, pero ahora sé que se estaba abriendo uno de los chaKras más importantes del cuerpo, al mismo tiempo sentía una gran emoción de amor en el plexo (otro chaKra se abría con intensidad) y mis manos y falo vibraban con mucha energía.

Volteé boca arriba su cuerpo, ella no podía verme por el antifaz que cubría sus ojos. El aislar visualmente a una persona ayuda a que sus visualizaciones sean más precisas y al mismo tiempo a centrar sus sensaciones en sus demás sentidos, como por ejemplo, el tacto. Humedecía con la punta de mi lengua uno de sus pezones para después soplar viento de mis labios a sus pechos, el aire puede ser tan suave y fresco como la seda. Con mi mano izquierda acaricié su frente, estaba muy cálida y sentí una fuerte conexión al momento. Lleve mi mano a su nuca sujetando su cabello, mi pareja al sentirse dominada solo pudo dejarse llevar e inmediatamente la bese furiosa y dulcemente, sus besos sabían a vino tinto y miel. Ella apretó fuertemente las piernas atrapando mi mano, yo sabía que el momento había llegado, dejé de besar la para ver como se contraían sus músculos en orgasmo, sentí como un líquido caliente salía de su entrepierna bañando mi mano derecha mientras escuchaba como ella recitaba su deseo. -"¡Increíble!"- pensé, no olvidó pedir su deseo. Todo lo que pasó después fue mágico y maravilloso para al final dormir juntos abrazados toda la noche sintiendo nuestros corazones latir.

Meses después algo me inquietaba y era que no reparé en algo, algo se me escapaba y fue que no consideré que ella al pedir su deseo necesariamente se iba a cumplir y ello incluía partir a otro país para que ello se hiciera realidad. Por X o Y razón dejamos de vernos, pasé un tiempo largo sin saber de ella y un día sin querer, gracias a las redes sociales vi algo, la prueba de que la Magiak es poderosa, fotos de ella en Disneylandia. Me llenó de alegría verla feliz en esas fotografías.

Al escribir esto, mi cuerpo recuerda la energía y la intensidad de ésta sesión, posteriormente escribiré más al respecto sobre ésta y demás prácticas personales en Magiak.

Donde quiera que estés M.·.Y.·.A.·, éste escrito lo dedico a ti, que El Eterno te proteja y preserve tu vida, que seas feliz en esta tierra y te llene de bendiciones. Muchas gracias por esta gran experiencia. Con amor אדלר.
Una de las prácticas más volátiles que existe en el repertorio del Arte es la Magia Sexual (de ahora en adelante "Magiak"), aquella en la que utilizas ese momento preciso en el cual, al alca...Ver más
Kimylin M
Sep 16
Al fin encontré tus relatos Bristhe!! me encantaron <3
KarinaV M
Jul 28
Hola... siempre e querido contar esto q escribiré y aqui me desquitare por fin .. Bueno la cosa es que yo en el año 2019 pues trabajaba en un restaurant de cajera y pues la verdad yo siempre fui faltista y algo irresponsable en mi trabajo y pues la supervisora se harto de mi y me reporto ... cuando me reporto pues el gerente me mando llamar .. era un señor ya grande de 64 años y pues ya en la oficina el me empezo a dar discruso de que sea responsable y todas esas cosas ... yo a todo decia que si de igual manera ya estaba segura que me correria .. pero despues de todo ese discurso no se ni en que momento el y yo empesamos a platicar de otras cosas y me invito a salir en ese momento a un restaurant y fuimos en ese momento yo me di cuenta y me daba ala idea de lo que el queria pero me valio todo con tal de conservar mi trabajo jeje sin hacerla de largas fuimos a cenar y de ahi pues lo que tenia que pasar me invito al hotel y la pasamos de lo mejor nunca me habian cojido asi tanto que hasta quede cansadita y me quede dormida pero super satisfecha nisiquiera mi novio cojia ni coje asi haha ... despues de ese dia el me cabio de sucursal para que nadie sospechara y nos veiamos cada ves que el queria .. en ocaciones hasta tenia que suspender cita con mi novio porque el queria que estuviera con el literalmente el me chantajeaba que si no cumplia pues me corria .. pero no se porque pero ami me gustaba eso asi duro nuestra relacion mm desde aprox mayo 2019 a febrero 2020... cuando terminamos en febrero 2020 fue porque el se fui a otro estado con su familia pero de ahi me empesaron a gustar los señores maduros y mandones .... ya en el 2020despues de haber pasado todo eso empecé a buscar en face a señores para pues tener encuentro y asi y encontre a uno que es de san luis un estado de aqui de mexico empsamos a hablar y todo el tenia 58 años y era el tipo de señor asi rudo y mandon y era albañil total nos encontramos en el centro de la ciudad y pues nos fuimos aun hotel la cosa es que con el fue rarisimo porque al momento de llegar al hotel el no traia dinero para pagarlo porque me dijo q no penso que llegaria tan lejos y pues yo lo pague haha y compramos cervesas porque el me pidiol la pasamos genial cojimos mucho y duramos mucho en el cuarto del hotel lo malo par mi es que costaba 100 pesos la hora y duramos 7 horas uff pero valio la pena el me dio las gracias y todo y asi quedamos .. despues de eso el y yo seguimos platicando por face y un dia el me dijo que tenia un problema y pues que si yo lo podia ayudar y le dije que cual era el problema .. y me dijo que necesitaba 1500 pesos para pagar una deuda que tenia y que el no los tenia porque no habia tenido trabajo .. yo le dije que si pero que porfa me loa devolviera en 1 mes .. total el me dio su numero de cuenta y se los deposite .. despuesito de eso quedamos de vernos de nuevo para el hotel y la pasamos genial ... ya cuand paso el mes yo pues le dije por mensaje .. que si me pagaria y el me dijo ...( que perrita apoco me vas a cobrar si es tu obligacion darle a tu macho lo que pida) ... cuando me escribo eso senti un escalofrio muy hot en mi cuerpo senti que me exito y le dije ...( No papi esta bien solo bromeaba .. es mas cuando quieras mas ayuda me dices) .. nose nni porque escribi eso pero me exito muchoo .. bueno ya despues de eso ocurrieron mas cosas que contare despues :) ..Hola... siempre e querido contar esto q escribiré y aqui me desquitare por fin .. Bueno la cosa es que yo en el año 2019 pues trabajaba en un restaurant de cajera y pues la verdad yo siempre fui falti...Ver más
Bristhe M
Jul 6
Secretaria sumisa 2
Era lunes, primer día entre semana como la esclava de su jefe. Se había levantado temprano para ponerse a limpiar, por las mañanas tenía que hacerlo desnuda, de la misma forma que tenía que dormir. Lástima que durmiera sola en su cuarto.
Una vez estuvo limpia la casa fue a desayunar, para eso entró en el cuarto de su Amo, se subió lentamente en la cama de su señor para no despertarle y empezó a hacerle una mamada. Ese era su desayuno diario en su nueva vida sumisa. Estuvo lamiéndola hasta que se puso dura y luego se metió toda en la boca. Él se despertó por el trabajito que su esclava estaba haciéndole entre sus piernas. Acarició su pelo hasta que notó que iba a acabar y en ese momento apretó la cabeza de su esclava contra su cuerpo para meter su pene bien adentro y correrse en la boca de Clara. Ella se lo tragó todo y limpió la verga de su jefe, después se marchó de la habitación sin hablar, porque no tenía permiso para ello y llevó a su Amo el desayuno a la cama. “¿Se puede empezar el día de mejor forma?” –pensó él mientras su sirvienta le servía desnuda el desayuno.

Cuando iban en el vehículo de camino a la oficina su Amo le dio otra orden. “Métete este huevo vibrador, esclava, así cuando quiera llamarte a mi despacho sólo tendré que ponerlo en marcha y vendrás excitada a mi despacho para cumplir mis órdenes” –le dijo él con cara de pervertido. “¿Pero me lo tengo que meter ahora?” –preguntó. Un gesto afirmativo le confirmó a Clara que sus peores sospechas eran ciertas. De forma disimulada y con el miedo de que alguien pudiera verla desde los vehículos que estaban detenidos al lado, se metió dentro el huevo vibrador. Una vez lo tuvo sumergido completamente entre las aguas de su entrepierna su Amo lo accionó, según él para comprobar que funcionaba.

Subieron juntos y solos en el ascensor. Él la tomó de la cintura y le dio un apasionado beso que duró hasta que las puertas se abrieron de par en par. “Vamos perrita, a trabajar” –dijo dándole una palmada en el culo y saliendo antes que ella del ascensor. La mañana estaba siendo tranquila, no tenía excesivo trabajo, se encontraba enfrente del ordenador, tenía una pequeña sala para ella sola al lado del gran despacho de su jefe. A mitad mañana su vagina vibró, su jefe la estaba llamando y no quería hacerle esperar. “¿Me llamaba, jefe?” –preguntaba ella conteniendo los gemidos. “Aunque estemos en el trabajo si estamos solos tienes que seguir dirigiéndote a mí como lo que soy. ¿Entendiste putita? –le dijo él con ese tono serio. “Sí Amo” –contestó ella.
“Necesito unas fotocopias, hazme 15 copias de este documento y luego quiero que me traigas también una fotocopia de tu tanga” –ordenó él. “Pero amo, me podría ver cualquiera” –dijo ella preocupada. “¿Tú crees que me preocupa? Ve inmediatamente –dijo él con voz de autoridad. Fue hacia la fotocopiadora, la cual estaba en un pasillo que no era transitado en exceso, pero por el que podía pasar alguien en cualquier momento. Puso sus manos por debajo la falda y se sacó la prenda íntima cuando creyó que era seguro hacerlo. Cuando tuvo la fotocopia recogió la tanga y la guardó fuerte en su puño. Volvió a pasar entre sus compañeros de camino al despacho de su jefe, con la errónea sensación de que todos sabían que iba con su sexo al aire. Esto sólo hizo que se mojara más y se acentuaran por tanto aún más las sensaciones al correr el aire por su entrepierna. “Aquí tiene, amo. ¿Desea algo más de su fiel esclava?” –preguntó ella. “No, está bien, puedes marcharse” –dijo él.
La esclava volvió a su despacho y se puso de nuevo la tanga. Luego tuvo que dirigirse a unos ficheros cercanos a la fotocopiadora, tenía que buscar unos documentos, pero en ese momento vio a su jefe poniéndose en medio de la sala para dirigirse a sus compañeros. “Señoritas, la fotocopiadora no está para hacer estas cochinadas” –dijo sujetando en alto la fotocopia que su esclava le había entregado pocos minutos antes. Añadió: “Sea quien sea espero que se arrepienta de lo que ha hecho, así que colgaré esto en el tablón, para que se avergüence de lo que ha hecho”. Clara se puso algo colorada y con miedo de que alguien descubriera que esa tanga con un Hello Kitty era suyo. Nadie podía sospecharlo, era una gran empresa y había muchas trabajadoras, aún así estuvo muy preocupada.

Volvió a notar la vibración en su vagina, cubierta ahora por la famosa tanga y acudió al despacho de su jefe. “Perrita, ya has visto el problema en que te has metido, he escuchado alguno que quería ponerse a subir faldas y comprobar cuál de sus compañera es la putita que utiliza así la fotocopiadora. Será mejor que me des tu tanga, así no tendrás problemas, si te levantan la falda verán que no llevas nada y dejarán de sospechar de ti” –dijo con una pícara sonrisa. Añadió: “Ya, dame la tanga para que la guarde. Mañana vienes sin ropa interior a trabajar y te devolveré esta”. “Sí amo” –dijo Clara, quien volvió a quitarse su ropa interior, últimamente se bajaba la tanga muy a menudo.

Resuena la nueva orden: “Ahora quiero que vayas al baño masculino y te metas en el tercer cubículo. Allí quiero que te desnudes y dejes tu ropa en esta bolsa que contiene unas esposas y te las pondrás para encadenar tus manos a la tubería. Las esposas están abiertas, pero unas vez que las cierres no las podrás abrir sin las llaves, cuando lo crea oportuno iré a visitarte, pero para que pueda entrar tienes que dejar la puerta abierta”. La idea excitó mucho a Clara, pero también sentía miedo por poder ser descubierta, aunque su amo le había dicho que se metiera en el tercer cubículo, el más alejado de la puerta y por tanto el menos utilizado. “Haré lo que me pide, Amo” –dijo ella sin titubear. Llegó a las puertas de los baños, pasando por una pizarra en la que podía verse la tanga. Sólo faltaba que en el cartel pusiera “SE BUSCA” y se ofreciera recompensa si alguien encontraba a la “Puta de la tanga”, que era como sus compañeros empezaban a llamar a aquella desconocida.

Se aseguró de que no hubiera nadie y entró rápidamente en el tercer cubículo. Quedó completamente desnuda, sólo vestía unos zapatos negros. Se lo pensó, pero finalmente se esposó a la cañería para no fallar a su Amo. El pestillo no estaba puesto, así que cualquiera podría entrar y encontrarla allí desnuda y esposada. Tuvo un gran susto y pegó un pequeño grito cuando el vibrador se puso de nuevo en marcha. Ya no se acordaba de él, se había acostumbrado durante la mañana y no se le hacía extraño llevarlo dentro. El huevo iba vibrando cada vez más fuerte y ella empezó a gemir. No podía hacer nada con las manos inmovilizadas. Estuvo retorciéndose de placer y el movimiento y la humedad de su sexo hicieron que poco a poco el huevo se fuera saliendo. Hizo todo lo posible para mantenerlo dentro, estaba a punto de llegar al orgasmo, pero el huevo se cayó al piso y dejó de vibrar. La había dejado al borde del clímax, intento frotar sus muslos para llegar al orgasmo pero no sirvió de nada. El huevo había pasado por debajo de la puerta, si alguien entraba al baño lo encontraría y seguramente abriría la puerta encontrándola a ella con su vagina expuesta y muy mojada. Se estiró para llegar con sus pies para dirigir de nuevo el huevo dentro del cubículo, aunque se hizo algo de daño con las esposas.

La puerta del baño se abrió escuchándose el chirrido de las bisagras, a la puerta le hacía falta justo lo que a ella le sobraba en ese momento, lubricación. Eran dos hombres los que entraron al baño. La conversación que ellos tenían fue un balde de agua fría para Clara: “Tremendas putas tenemos en la oficina, ¿no te parece?” –dijo uno. El otro respondió: “Me gustaría saber de quién es esa tanga, seguro que es de una puta de cuidado”. Puede ser, pero creo que es de Sandra, esa ha tenido que chupar más vergas Lucia Lapiedra”. No sé, pero las pelirrojas me ponen malo y menudas tetas. El otro: “También podría ser Noelia, acuérdate en la fiesta de fin de año. Entonces el uno le dijo: “Ya hombre, pero menuda borrachera llevaba, estoy seguro de que no recuerda nada de aquella noche, porque si se acordara te aseguro yo que no se volvía a pasar por la oficina”. Estuvieron especulando por varios minutos de quien podría ser aquella prenda intima, hasta que el uno dijo: “La tanga es que podría ser de cualquiera, hasta de Clara”. Entró al cubículo a la derecha de la secretaria, le faltó muy poco para ser descubierta. “¿Esa mojigata?” –dijo el otro. Mientras Clara pensaba si abrieran la puerta del tercer cubículo con la mojigata desnuda, caliente y dispuesta a ser follada a cambio de un puto orgasmo. Estuvo a punto de hablar y suplicar para que se la cogieran pero su cuerpo y su placer pertenecen a ese hombre al que llama Amo. El uno dijo: “Esas son las peores, en la intimidad te darás cuenta lo putas que son”. Salieron del baño y volvieron a dejar a Clara sola, pero a los pocos minutos se volvió a abrir la puerta y se escucharon unos pasos aproximándose.

“Vaya, vaya. Así me gusta, que seas obediente” –dijo su Amo abriendo la puerta y metiéndose dentro. “Tengo mucho trabajo, pero lo que hiciste con lo de la tanga me ha puesto caliente. Mira lo dura que la tengo” –dijo sacándose la verga y golpeando con ella las nalgas desnudas de su esclava. “Amo, el huevo vibrador se salió y cayó al suelo” –informó ella mientras se inclinaba más para mover su culo hacia atrás y acercarse así más a su Amo. “No te preocupes putita, que ahora te meteré otra cosa” –contestó él poniendo su verga entre los labios vaginales de la esclava. “Ven hacía mí” –ordenó. Ella intentó echarse más hacía atrás para introducirse la verga de su Amo, pero con las esposas no había manera y se hacía daño en las muñecas. Logró meterse solo la punta y empezó un rítmico movimiento hacía delante y hacía atrás dando tirones a la tubería con la cadena de las esposas. En uno de los movimientos que hizo ella hacía atrás, su jefe movió su cadera hacía delante y le clavó la verga entera a su esclava, la cual dió un pequeño grito que pronto silenció al escuchar de nuevo abrirse la puerta.

Su Amo se quedó quieto metido completamente dentro de ella y mientras estuvo acariciando sus tetas y pellizcando sus pezones. Fuera quien fuera entró en el cubículo de al lado y escucharon como caía el chorro al agua del retrete. Por el ruido Clara creyó que era una mujer, pero era muy extraño porque estaban en el baño de hombres. Mientras pensaba en esto notó como su jefe había reiniciado el movimiento, aunque de forma más lenta para que no se les escuchara. La persona que estaba al lado terminó de hacer sus necesidades y se marchó del baño, por lo que el jefe de Clara aprovechó para cogerla del pelo y estirarla hacía él para que ella misma hiciera el movimiento de entrada y salida de su verga en la húmeda y ardiente vagina sumisa.

Acompasaron sus movimientos e iban cada vez más rápido, él seguía marcando el ritmo con los tirones a su cabello y finalmente acabó en su vagina. “Ya está putita, me vuelvo al trabajo, tú puedes vestirte y ya te haré una perdida cuando vea que la zona de los baños está despejada. Tómalo como un regalo por lo bien que te has portado” –le dijo. “Gracias amo. ¿Puedo seguir tocándome en el baño? He tenido un orgasmo al empezar pero después iba a lograr otro, pero justo usted acabó antes de que pudiera volver a llegar al cielo” –dijo ella con un poco de miedo a la reacción de su Amo. El rió de manera sínica y le dijo: “Con uno tienes más que suficiente, putita. Si quieres otro tendrás que ganártelo más tarde”. Dicho esto volvió a meter el huevo vibrador en el coño de su esclava, quitó sus esposas y la volvió a dejar sola en el baño.

Se sentía algo sucia por haber hecho eso en los baños de su oficina y también muy humillada porque cualquiera podría haberla pillado follando con su jefe y su vida se hubiera hecho insoportable. No estaba segura de si alguien sospechaba de lo ocurrido y eso hacía que estuviera algo preocupada. Estuvo vistiéndose con la ropa que había dejado en la bolsa, aunque su amo aún no le había devuelto el tanga y ella estaba muy abierta y húmeda, así que tendrá que ir con mucho cuidado para que el huevo no se volviera a salir, porque podría caer cuando pasaba entre sus compañeros y eso la haría desear que se la tragara la tierra. Una vez salió del baño lo único que cayó de su sexo fueron unas pocas gotas del semen que su Amo había depositado dentro de ella y que resbalaron por su muslo, esto la hizo feliz porque quería decir que había sido obediente y había hecho disfrutar a su dueño.

Un día más Clara volvía a subir en el ascensor junto a su Amo, eran las 8 de la mañana y empezaba su doble jornada laboral, la primera como secretaria y la segunda como esclava. El día anterior su amo había colgado una fotocopia de su tanga en un pizarrón de la oficina y ahora era uno de los temas que más comentaban sus compañeros, pero nadie sabía quién era la mujer que se iba quitando las bragas mientras trabajaba. Él le metió una mano por debajo de la minifalda de su empleada, comprobando que no llevaba ropa interior, acarició su terso trasero y introdujo suavemente un dedo en el sexo de su sumisa. Luego le puso el dedo en la boca y ella lo limpió rápido antes de que se abrieran las puertas.

Se sentó en la silla de su pequeña sala, después de ponerse un huevo vibrador, no le costó mucho introducirlo porque esta nueva situación la mantenía en constante excitación. La puerta de la sala no se podía abrir desde dentro, era otra manera de estar a merced de su amo, quien sólo podía abrir la puerta utilizando un botón de un mando a distancia que a la vez que abría la puerta activaba el huevo vibrador que Laura tenía en su interior, así se aseguraba que su sirvienta estuviera caliente cuando él la necesitaba.

A media mañana notó como vibraba su vagina y se dirigió rápidamente a la oficina de su Amo. Se quedó de pie esperando órdenes, con la mirada baja, su vista se posó sobre la blusa blanca en la que se marcaban sus duros pezones. “Ven aquí, acércate a cuatro patas” –le ordenó su dueño mientras se bajaba los pantalones. “Quiero que me masturbes con esas preciosas tetas” -añadió. Ella se acercó a gatas y al llegar donde estaba sentado su jefe se desabotonó la blusa. Cubrió su verga con sus pechos y empezó el trabajito que su Amo le había ordenado. “Será mejor que también juegues un poco con tu lengua, cuando antes que acabe creo que será mejor para ti. Desde mi ordenador he configurado los ordenadores de la oficina para que dentro de 10 minutos se active un salvapantallas con fotos tuyas. Fotos algo subidas de tono en las que sales en ropa interior, casualmente en las fotos llevas el tanga que todo el mundo conoce en la oficina, el que está colgado en una fotocopia en el pizarrón de anuncios de la sala principal” –le dijo. Se metió la punta en la boca mientras continuaba masturbándole con sus pechos. Tenía que hacerlo bien y deprisa o toda la oficina la vería medio desnuda. Pasaba la lengua suavemente por la punta y apretaba bien sus pechos contra aquel miembro bien duro.

Cuando su Amo notó que iba a correrse se la sacó de la boca y echó todo el semen sobre los senos de su esclava. Luego se la volvió a meter en la boca para que se la dejara bien limpia y reluciente. “Amo, ¿puedo limpiarme con un pañuelo?” –pidió ella. “No, mejor límpiate con esto y luego te lo pones para que ese coño no pase frío y se resfríe” –le dijo mientras le devolvía la famosa pieza de ropa interior. Se puso el tanga, estaba empapado en el semen de su Amo, el cual se mezcló con su flujo vaginal, fruto de la orden que terminaba de cumplir.

“Ahora quiero que te metas estas bolas chinas en coño y mientras te voy a explicar que es lo que quiero que hagas ahora. Vas a ir al mismo baño en el que te follé ayer, te quitarás toda la ropa menos el tanga y te volverás a esposar a la tubería” –dijo él con esa voz perversa. Al pasar entre sus compañeros se sentía incómoda, como si todos supieran que llevaba el tanga manchado por el semen de su jefe. Cuando vio que no había nadie volvió a meterse en el baño masculino y fue directamente al tercer cubículo, no tenía permitido cerrar la puerta, así que se fue desnudó con el miedo a que alguien pudiera entrar y la descubriera. Metió su ropa dentro del bolso, se puso un antifaz para no poder ver nada, una mordaza para no poder hablar ni gritar y unas esposas para quedar inmovilizada a la tubería, con el culo dirigido hacia la puerta y a quien la abriera.

Escuchó abrirse la puerta del baño y unos pasos que se dirigían hacia donde ella se encontraba. El ruido venía de unos tacones, pero ¿cómo podía ser? Ella se encontraba en los baños masculinos. Recordó que el día anterior, mientras estaba siendo follada por su dueño, escuchó como una mujer orinaba en el retrete contiguo. Finalmente la puerta en la que ella se encontraba se abrió- “Vaya vaya. ¿Qué es lo que tenemos aquí? ¡La nueva putita de la oficina!” –exclamo la voz de esa mujer mientras acariciaba el pelo de Clara. “Así me gusta, que muevas el culito, no es necesario que forcejees, conozco esas esposas y no te vas a poder soltar así. Será mejor que te estés quietecita” –replicó. Clara sentía miedo al no saber quién era esa desconocida ni que iba a hacerle. La voz de esa mujer se metía en lo más profundo de su ser, cada vez que hablaba esa tanga se empapaba; sobre todo cuando escuchó: “Lo primero será indicar bien claro que es lo que eres, así no habrá ninguna confusión”. Sacó un lápiz labial y escribió en letras bien grandes y en mayúscula la palabra “PUTA” en la espalda de Clara. Luego se pintó sus labios y dio un beso al lado de la inscripción, dejando la marca rosada en la piel de su presa. “Este es la tanga que tan famosa se ha vuelto por aquí” –dijo la mujer con algo de asombro. Se lo bajó, dejando a Clara completamente desnuda. La mujer volvió a hablar: “¿Y estas marcas blancas? Parece que hace poco alguien ha estado jugando por aquí”.

Atada como estaba no podía hacer nada. “No quiero que grites o será peor. Abre la boca” –dijo la desconocida a Clara mientras le quitaba la mordaza. Le metió la tanga y luego puso cinta aislante para que no pudiera escupirlo. Ella se limitaba a obedecer, estaba asustada y le temblaban las piernas. “Vamos a ver la gama de colores de tu trasero. No te preocupes que nadie va a entrar en este baño, he puesto un cartel en la puerta en el que pone que estamos desinfectando, para que no entre nadie. Voy a desinfectarte estas nalgas a mano abierta” –dijo la mujer. Cuando cayó el primer manotazo ya dejó la marca roja de la mano de esa mujer, pero antes de que ese color rojizo desapareciera de la nalga derecha, otra palmada volvió a caer. Las lágrimas empezaron a empapar en antifaz, mientras una nalgada tras otra iba cambiando el color de la suave piel del culo de la sumisa.

“Hace un año yo estaba en tu misma posición, pero ese cerdo se cansó de mí, me echó de su casa, de su vida y dejé de ser su secretaría. Ahora simplemente soy la mujer de la limpieza. Le gusta verme degrada así, limpiando los baños y pasando la escoba por su despacho. Si sigues, tú terminarás igual” –dicho esto le dio la última palmada en el culo, el cual estaba ya completamente rojo, pero no apartó la mano, bajó entre sus nalgas hasta tocar el hilo que sobresalía de la vagina de Clara. “No sabía que tenías esto dentro de ti, no te preocupes, ahora las saco” –dijo. De un tirón sacó de golpe las bolas y la esclava gimió de dolor, habría sido un grito de no estar amordazada. “Estas muy mojada, menuda puta estas echa. No te preocupes, que hoy también serás follada, pero por mí” –dijo la desconocida. Eso es lo que Clara esperaba oír y por Dios que lo disfrutaría.

La desconocida se desnudó de cintura para abajo y se puso un arnés que llevaba dos consoladores, uno más pequeño que ella se introdujo en la vagina y el otro bastante más grande que apuntaba hacía Clara. Se acercó a la vagina de Clara, reposó la punta del consolador entre sus labios y empujó con sus caderas para ir introduciéndolo. Empujó fuerte y sin contemplaciones hasta que estuvo todo dentro. A Clara le dolía mucho, nunca había entrado algo tan grande en sus profundidades.

“Cuando vi la fotocopia del tanga supe que ya se había buscado una nueva esclava. Así que ayer cuando él entró al baño le seguí y entre aquí al lado, fue entonces cuando escuché tus gemidos mientras eras follada. Intentabas que no saliera ningún ruido, pero no sabes mantenerte en silencio, hoy lo estoy comprobando” –le hizo saber. Mientras contaba esta historia seguía con el vaivén y aquel consolador enorme entraba y salía de la esclava. ·Cuando termine contigo no vas a poder follar ni sentarte en una semana” –le decía la mujer entre los gemidos de ambas. La continuó follando mientras tiraba de su pelo. “Yo siempre hice lo que él quiso, no puede ser que te prefiera a ti antes que a mí” –le decía. En cada embestida Clara sentía doble dolor, primero por el objeto que entraba y salía de su cuerpo y segundo cuando la intrusa chocaba contra la sensible piel rojiza de sus nalgas. La mujer del pene de goma seguía taladrando a Clara sin piedad, mientras clavaba sus uñas en la espalda de su cachorrita. Estuvo torturándola de esta manera hasta que creyó que ya había sido suficiente. Se quitó el arnés pero no sacó el consolador del interior de Clara.

La intrusa se sentó en el inodoro, delante de Laura y le puso unas pinzas en los pezones. Le preguntó: “¿Duele, verdad? Pues si quieres que te libere tendrás que arrodillarte delante de mí y pedírmelo con tu lengua entre mis piernas”. Le quitó la cinta aislante de un fuerte tirón y Clara escupió la tanga bañado en su saliva. Clara quería que toda aquella tortura terminara de una vez, así que sin pensárselo dos veces se abalanzó a lamer el sexo de aquella mujer. Las pinzas le dolían demasiado, así que lamió con rapidez buscando dar un rápido orgasmo. Finalmente aquella desconocida llegó al clímax mientras Clara lamía sus flujos vaginales. Si bien es cierto, había disfrutado ser la presa de esa mujer desconocida y despechada, en su boca tenía el sabor de la derrota, la vergüenza y la rabia. “Me marcho porque él estará a punto de llegar, creo que con esto habrás tenido suficiente. No quiero volver a verte por aquí y si volvemos a vernos no voy a ser tan buena” –sentenció. No tuvo mucho tiempo la boca libre ya que la anterior mordaza volvió rápidamente a impedir que saliera su voz. “Esto me lo llevo yo y no creo que quieras que nadie sepa quién es la propietaria. Así que ya sabes, mantén la concha cerrada cuando estés en la oficina” –volvió a advertir.

Se fue dejando a Clara aún esposada a la cañería, amordazada, con un consolador enorme en su interior y llorando por la impotencia y el dolor. Las pinzas aún seguían apretando fuerte en sus pezones, aquella mujer no se las había quitado y eso que había cumplido haciéndole sexo oral. Sentía asco de sí misma y además aquel sabor no desaparecía de su boca.

“Veo que has conocido a Sandra” –dijo su Amo cuando abrió la puerta en la que se encontraba su esclava. Se dibujó en su rostro una sonrisa un tanto burlona. Le quitó las esposas y acarició la espalda de su esclava donde aún se podía leer la palabra “puta” escrita con lápiz labial. “No llores, no te preocupes que podrás vengarte por lo que hoy ha pasado aquí. Arréglate y ven a mi despacho” –dijo mientras sacaba el consolador de la vagina de su esclava. Clara se tomó un tiempo hasta que dejó de llorar, se limpió las lágrimas con un pañuelo, aunque sus ojos hinchados aún relataban su desgracia. Volvió a vestirse, pero otra vez sin tanga. El roce de la falda causaba dolor en la sensible piel de sus nalgas.

Después de la salvaje tortura en los baños, Clara se dirigió al despacho de su jefe. Tomó silla una vez tuvo permiso y se quedó callada escuchando lo que su Amo tenia que decir al respecto: “Esa mujer que acabas de conocer se llama Sandra. Hace un año era mi juguete, pero fue desobediente y tuve que romper el contrato. Dejó de ser también mi secretaria y le ofrecí un puesto para limpiar la oficina. Ella aceptó el empleo, no quería despegarse de mí e incluso me visitaba por las noches medio desnuda intentando provocarme para que volviera a utilizarla. Yo he pasado siempre de ella, no quiero esclavas desobedientes. Parece que cuando ha visto que tenía una nueva sirvienta la ha tomado contigo, pero no te preocupes, tendrás la oportunidad de vengarte”. Clara, no daba crédito a lo que escuchaba, no necesitaba que le hablaran de venganza; necesitaba contención, tal vez un abrazo que demostrara que al menos le importaba algo el hecho de que hayan corrompido su propiedad sin su permiso.

Como cada mañana fue al cuarto de su amo a despertarle con una mamada y así tomarse su desayuno. “Putita, voy a ponerte a prueba para cosas que me gustaría que hicieras en un futuro” –dijo él. “Haré lo que usted quiera para que no se aburra, ¿Quiere que me desnude y ponga mi vagina a su disposición?” –preguntó Clara. “Eso estaría bien, pero no putita, lo que quiero que hagas es otra cosa. Vas a ir a la playa a buscar alguien para seducirlo, traerlo aquí y luego dominarlo, hoy quiero verte en un rol diferente al habitual, ¿crees que serás capaz?” –dijo su Amo. “Lo intentaré para contentarle Amo. Haré lo que crea que puede divertirle y excitarle” -respondió. “Yo te estaré vigilando putita y pondré una cámara en la habitación para poder ver que le estas haciendo. Llevaras el huevo vibrador que puedo controlar a distancia” –le advirtió.

Se preparó para salir con un bikini amarillo, un pareo y una camiseta blanca. Una vez en la puerta su Amo introdujo el huevo vibrador en su sexo y se despidió de ella con unos pellizcos en sus pezones. Al llegar a la playa estuvo dando una vuelta buscando algún chico de su edad y que estuviera sólo. El huevo no vibraba aún, pero se movía con cada paso y esto hacia que empezara a mojarse. En la arena aún era peor porque sus pasos eran más imprecisos. Encontró alguien que le parecía interesante tumbado tomando el sol, no quiso ponerse muy cerca para no ser muy descarada, así que se puso a unos 5 metros de él, pero entre la toalla del chico y el agua, por lo tanto si él quería darse un baño tendría que pasar por donde estaba Clara.

Desplegó su toalla inclinándose hacia delante y dejando una visión perfecta de su culo ya desprovisto del pareo. Se quitó también la camiseta dejando sus pechos a la vista, sólo cubiertos por la parte superior del bikini. Se tumbó en la toalla con unas gafas de sol para así seguir mirándole sin que él se diera cuenta. Después de un rato vio como se levantaba para ir hacia el agua, así que sacó su crema solar y empezó a untarse su piel, haciendo que brillara bajo los rayos del sol. Hizo como que tenía problemas para aplicarse la crema solar por su espalda en el momento que él pasaba por su lado.

“Ehm, oye, ¿quieres que te ayude? –preguntó el joven. “Pues me harías un favor porque no llegó a algunas zonas y no quiero quemarme” –le dijo ella con una sonrisa. “Sería una lástima que se quemará una piel tan bonita” –dijo el muchacho. “Vaya, parece que ya viene al ataque” –pensó Clara. “Tal vez es que se cree un Don Juan. Será entonces más divertido lo que vendrá después” –pensó otra vez y esbozó una sonrisa. Él se sentó al lado y empezó a ponerle la crema. “Siéntate en mi espalda, te será más fácil” –era la primera orden de la tarde. Se fue a sentar sobre la parte baja de su espalda, pero en el último momento ella subió un poco la cadera y término sentándose en su culo.

“Fóllame” –dijo ella en voz baja. “¿Perdón? ¿Había dicho lo que él había entendido? No era posible. “Frótame” –dijo ella. “Me parecía que te habías quedado dormido, porque no sentía tus manos” –le dijo. El chico empezó a aplicar la crema aún algo descolocado.

“¿Cómo te llamas?” –preguntó Clara. Sin salir del asombro el chico respondió: “Eh, ¿yo? Víctor, ¿tú?”. “Clara” –respondió ella de manera cortés. “Deshaz el nudo del bikini, así no te molestara para ponerme la crema por la espalda” –fue la segunda orden de la tarde. Todo marchaba de acuerdo a su plan. Había atado el nudo muy fuerte para que su futuro sumiso no lo tuviera nada fácil.

¿Qué ocurre? ¿No sabes? ¿Nunca has quitado un bikini o un sujetador? dijo Laura en tono pícaro. “No, o sea sí, es que está atado muy fuerte” –dijo él ya algo avergonzado. “Prueba con los dientes” –sugirió ella en tono de orden. Él se reclinó encima de ella para hacerle caso, con lo que Clara empezó a notar esa verga reposando entre sus nalgas y ya algo dura. De repente, el huevo se puso a vibrar. Fue un sólo instante, lo que hizo que diera un pequeño salto golpeando con su culo la entrepierna de Víctor. Su Amo ya debía estar allí observándola y esa vibración le recordó que no era ella la que estaba al mando.
Víctor empezaba a estar excitado después de estar poniendo crema por esa fina piel y por el salto de Clara.

“¿Qué edad tienes, Victor?” –preguntó Clara. “23 años, ¿tú?” –respondió “Eso no se le pregunta a una mujer pero te diré que tengo 21. ¿Puedes ponerme también crema en mis muslos?” –dijo ella. Víctor empezó a cubrir con protector solar las piernas de Laura, subiendo cada vez un poco más y al ver que Laura no le decía nada subió ya hasta la parte de su culo que no cubría el bikini. Tenía ya una erección moderada que ella vió de reojo y a través de sus gafas de sol.

“¿Estas veraneando por aquí?” –preguntó él. “Si, un amigo me ha prestado su casa para que pase unos días y allí estoy sola y algo aburrida” –dijo ella. “Si quieres puedo pasar más tarde a hacerte compañía” –sugirió Víctor. “Sería perfecto, así no como sola” –dijo ella. Estuvieron un rato más hablando y finalmente decidieron ir al apartamento. Ella se sentó en la toalla de espaldas a él y empezó a ponerse la parte de arriba del bikini. Si Víctor hubiese estado al otro lado hubiera visto los pechos de Clara, pero no fue así.

“¿Tu amigo es sólo eso o tienen algo más?” –preguntó él. “Soy su esclava y puta particular” -es lo que pensó, pero le dijo: “Sólo amigos, pero tenemos muy buena amistad, yo haría por él lo que me pidiera”. Su amo había estado poniendo el huevo en marcha a ratos, pero una vez entró a la finca empezó a vibrar sin pausa. Una vez en el ascensor pegó su culo a la entrepierna de Víctor y empezó a restregarse suavemente. Él desde atrás lamía su oreja. Ella se giró y empezaron a besarse, mientras metía una mano dentro del bañador para coger la verga de Víctor. Una vez llegados a su piso, Clara tomó a Víctor de la mano y lo llevó al apartamento. Ya dentro, él la empujó contra la pared y empezó a besarla y sobarla por todo el cuerpo. Si ella no tomaba pronto el control, después sería demasiado tarde. Giró a Víctor y en ese momento fue él quien se encontró de cara a la pared. Él se lanzó a besarla, pero ella se apartó rápidamente y le dijo que no moviendo la cabeza de lado a lado, mientras mostraba una pícara sonrisa. Siguió calentándole besando su cuello y frotando una mano por su más que erecta verga. Clara se arrodilló enfrente de los pantalones del chico y empezó a bajarle la ropa. Finalmente dejó su miembro en libertad y le dio unos besos. Luego se la metió completamente en la boca para mostrarle a su sumiso lo que tendría si se portaba bien.

Pero no es aún momento de hacerle disfrutar de esa manera, la mañana iba a ser muy larga. “Ven perrito” –le dijo tomando su miembro y tirando de él como si fuese la correa de un perro. Llegados a la habitación le echó a la cama de un empujón, se puso encima de su pecho desnudo y le esposo a los barrotes. Él solo se dejaba llevar por la situación. “Así estas mejor, porque serás obediente y no pondrás las manos donde yo no quiera” –mientras dijo esto se quitó la camiseta para dejarle ver de nuevo sus pechos cubiertos por el bikini. “¿Quieres ver lo que hay debajo de la parte de arriba del bikini?” –dijo ella cogiendo su miembro que estaba apuntando al cielo y empezó a masturbarle. “Sí por favor” –respondió él. “¡Pídemelo bien!” –dijo Clara, de la misma forma que le hacía a ella su Amo. “Por favor, ¿puedes quitarte el bikini?” –dijo Víctor presa de la excitación. “Depende. ¿Harás esta tarde todo lo que yo te pida?” –Preguntó Clara “Sí, haré lo que tú quieras” -contestó él mientras cada vez lo masturbaban más fuerte.

Ella dejó lo que tenía entre manos y se quitó la parte de arriba del bikini y el pareo. Estaba ya casi desnuda ante él y veía como su verga no dejaba de palpitar en plena erección. Se puso encima y empezó a besarle, frotando su entrepierna con la dura verga de su improvisado esclavo. Se mojó un poco la fina tela del bikini con el líquido pre seminal. “Vaya, me has manchado, ahora lo tendrás que limpiar con tu lengua” –le dijo poniéndose arrodillada encima de su cara, con su vagina a la altura de la boca del chico. Víctor lamió el bikini, notando el caliente sexo de Clara debajo de la tela. Ella se giró, dándole la espalda a su esclavo, quien así tenía una vista perfecta de ese culo. Tomó de nuevo su verga y empezó a hacerle una mamada, mientras con la otra mano se dirigía a su sexo para sacarse de una vez el huevo vibrador que su Amo iba apagando y encendiendo cuando ella menos lo esperaba. Lo hizo bajo la atenta mirada de Víctor, quien no se perdía ningún detalle. “¿Qué haces mirándome el culo, puto?” –dijo dándose la vuelta. “Será mejor que te ponga un antifaz para que así no puedas mirar que es lo que ocurre” –dijo ella. Una vez hecho, continuó con la mamada, poniendo sus piernas a los lados de la cabeza de Víctor. Él mientras tanto intentaba llegar con su lengua a la entrepierna de Laura, que le facilitó las cosas para que pudiera llegar y lamerle todo lo que ella quisiera.

“Avísame cuando vayas a correrte, esclavo” –ordenó ella. “Sí, Ama” –dijo él ya poniéndose en el papel. Clara empezó a esmerarse, trabajando con su boca, su lengua y sus manos. Succionaba toda la verga del esclavo y pasaba por ella toda su lengua. No dejaba ni un segundo de descanso. “Ama, voy a correrme” –avisó Víctor, pensando que el aviso era para que ella pudiera apartarse y no recibir su corrida en la boca. Pero estaba equivocado, después de avisarla ella dejó la mamada, se puso en pie para quitarse la parte de debajo del bikini y fue a gatas pasando sobre el cuerpo de su perrito. Pasando sus tetas por su pecho y el coño por su polla, que estaba roja y parecía a punto de explotar. Le besó por el cuello y lamiendo su pecho. Jugó un rato con él entre besos y caricias y luego puso de nuevo sus muslos a los lados de las orejas de Víctor. “Saca la lengua perrito, quiero que pruebes algo que tengo entre las piernas” –dijo para motivarlo aún más. Su esclavo sacó la lengua y empezó a lamer, la caliente y húmeda vagina de Laura, la cual ayudaba con movimientos de cadera a la lengua de Víctor.

Le cogía de la cabeza y apretaba su sexo contra su boca para que su esclavo siguiera dándole placer. Sus jadeos fueron en aumento mientras su esclavo le follaba con la lengua hasta que al final llegó al tan deseado orgasmo. Sus piernas tenían un temblor que ella no podía controlar, el chico sabía muy bien que hacer bajo aquella presión a la que estaba siendo sometido, lo que la complació gratamente. “Ya puedes dejarlo, como te has portado tan bien voy a darte un regalo” –dijo ella. Se situó entre las piernas del esclavo y empezó de nuevo a pasar la lengua por su miembro. Estaba incluso más duro que cuando la había abandonado, tal vez era que se había excitado más lamiéndola a ella que mientras le hacían la mamada. Se la metió lo más dentro que pudo y luego pasó sus dientes por toda su extensión causándole algo de placentero dolor. Se la metía y se la sacaba de la boca cada vez más rápido.

“Ama, para o déjame correrme, pero no voy a aguantar” – dijo el chico. Ella hizo oídos sordos y siguió chupando. “Por favor, no aguanto más” –suplicaba. Siguió sin querer escuchar las súplicas de Víctor y continuo chupando incluso más rápido. Aguantó todo lo que pudo, pero llegó un momento que no pudo hacer nada y explotó en la boca de su ama, la cual recibió todo en su boca pero luego lo escupió en la cara del inocente muchacho. El único semen que quería que pasara por su garganta era el de su Amo.

“Eres un cerdo asqueroso. ¡Se nota que no puedes ni aguantar con una mamada!. ¿Es tu primera vez? –dijo ella provocándole. Sabía que nadie podría haber aguantado dentro de su boca, se estaba haciendo una experta. “Lo siento ama, me ha sido imposible” –contestó él muy avergonzado por lo ocurrido y aún con la respiración acelerada. “Te mereces un castigo por desobediente” –dijo Dominatrix primeriza. Clara fue por unas pinzas y un cubito de hielo. Puso las pinzas en los pezones de su esclavo y luego pasó el hielo por todo su cuerpo, pasando después su boca por cada zona para hacer contraste de temperaturas.

En esa posición en la que estaba le hizo unas fotos por si las necesitaba para chantajearle con ellas más delante de ser necesario. Lo estuvo besando por varios minutos y le quitó y volvió a poner las pinzas, quería que tuviera de nuevo una erección tan completa como la de antes. Le quitó el antifaz y le colocó un preservativo. Luego le dio la espalda y puso su vagina justo encima de su verga para sentarse lentamente sobre sus caderas hasta que estuvieron completamente unidos. Él veía como el culo de Clara subía y bajaba para que el sexo de su Ama engullera su verga. Clara seguía cabalgando encima de Víctor, haciendo cambios de ritmo. En un momento bajó el ritmo y se sentó completamente sobre su esclavo, tenía el miembro metido hasta el fondo y fue girando lentamente hasta ponerse cara a cara con él. Empezó de nuevo a cabalgarle y siguió las órdenes que le había dado su amo aquella mañana. Tenía que quitarle las pinzas y ponérselas a ella misma. Esto lo hizo mientras seguía saltando sobre el pene de su esclavo, la otra orden era que no podía tener 2 orgasmos y ya había tenido uno utilizando su lengua, así que tenía que hacer que se corriera rápido para que ella no estuviera a punto de llegar al clímax de nuevo.

Clara tocaba pezones y jugando con las pinzas bajo la atenta mirada de su esclavo, quería excitarle con eso y hacer que se corriera. Sus movimientos eran cada vez más rápidos, notando ese duro trozo de carne en su interior. El chico finalmente se corrió en su vagina, quedando exhausto al lado de aquella joya que acababa de conocer. “Bueno, ahora fuera y no quiero volverte a ver, si quiero volver a utilizarte te buscaré en la playa en el mismo sitio el primer sábado de mes. El chico se fue a medio vestir y la dejó en la cama tendida. Encontró entretenida la experiencia de ser ella quien tomara las riendas en la relación. Su Amo salió de entre las sombras sonriendo y aplaudiendo el magnífico desempeño de su esclava. La tomó en sus brazos y la llevó al baño donde la esperaba una tina con agua tibia para que se relajara.

Al lunes siguiente Clara entró en la habitación de su Amo no para despertarlo como él acostumbraba sino para decirle que era todo, se había cansado de ser la sumisa y que si quería despedirla de la empresa por ella estaba bien, ya que tenía la suficiente experiencia para trabajar en otra empresa y no terminar siendo “la que limpia” como su anterior secretaria y sumisa. Era un adiós sin retorno y de él buscarla hablaría del porque Sandra terminó limpiando si ella nunca cometió un error en cuanto a su trabajo se refería. Tomó sus maletas y salió. Pasado los días entendió las palabras de su Amo: “Pronto tendrás la oportunidad de vengarte” y dio una sonrisa porque el objeto de venganza fue él mismo.

De Víctor se sabe que concurre el primer sábado del mes a la playa para complacer y agasajar a su Ama hasta que se pone el sol el día domingo.
Pasiones Prohibidas
Secretaria sumisa 2
Era lunes, primer día entre semana como la esclava de su jefe. Se había levantado temprano para ponerse a limpiar, por las mañanas tenía que hacerlo desnuda, de la misma for...Ver más
Bristhe M
Jul 6
Secretaria sumisa 1

Se encontraba en su oficina sentado, detrás de su firme mesa de madera de cerezo sobre la que había un contrato bien examinado y retocado durante largas horas. Vestía un elegante traje oscuro con una corbata roja que ahora mismo reposaba que sobre su mesa ya que seguía ultimando los recovecos finales del preciado contrato. Una vez terminado llamó por el interfono a su secretaria: “Señorita Clara, acuda inmediatamente a mi oficina”. La joven se dio prisa en llegar, ya que su jefe le infundía mucho respeto y no le quería hacer enfadar. Llamó a la puerta y no pasó hasta que le fue concedido el permiso. Era tan estricto que él mismo decidía que debían usar las secretarias de su firma, ya que la vida le había dado el derecho de hacerlo por esfuerzo que había hecho para llegar hasta donde está. Llevaba una falda negra que le llegaba hasta las rodillas y una blusa blanca que dejaba vislumbrar un poco el color negro de su sujetador.


“Puede sentarse” –dijo él en un tono más cercano a la orden que a la proposición. Siempre que hablaba con él se sentía un poco cohibida e incapaz de mirarle directamente a los ojos. “¿Le apetece un café?” –preguntó y añadió: “El mío con dos cucharadas de azúcar”. Casi sin haberse llegado a sentar se tuvo que volver a levantar y fue por dos cafés a la mesa de la izquierda. Seguía sin saber porque la habían llamado. Al levantarse tiró sin querer con la mano uno de los bolígrafos que se encontraban en la mesa. Lo recogió rápidamente dejando ver a su jefe como se marcaba su trasero bajo la fina tela de la falda. Al darse cuenta se ruborizo. Llegó a la mesa con los dos cafés. “¿Quiere un poco de leche?”. No hubo respuesta por su parte porque él ya estaba vertiendo el lácteo en su café. Él estaba Tomando las riendas e intentando desconcertarla. “¿Le apetece una galleta?” –preguntó él. “Si por favor” –dijo ella intentando tomar el mando y sabiendo que negarse no iba a servir para nada. “Vaya, que error, no me quedan galletas” –dijo él.

“Bueno, a lo que íbamos, quería preguntarle si le gustaría ganarse un dinero extra. Necesito una asistente en casa, ya sabe, mantener limpia la casa, cocinar la cena y otros quehaceres domésticos” –le dijo, esto último lo dijo con una leve sonrisa, o eso le pareció a ella. Siguió: “No se preocupe que le pagaría bien” –dijo al ver en el rostro de Clara una mueca que expresaba cierta duda. Continuó: “Además, al encontrarse mi casa en una parcela fuera de la ciudad, lo mejor sería que se quedase allí en la habitación de invitados por lo que puede dejar de seguir pagando el alquiler”. “No me vendría nada mal ese dinero extra” –pensó en sus adentros. “Mire señorita, eeehm… “Clara, mi nombre es Clara” –dijo ella con una tímida voz. “Verdad, Clara” –dijo él frunciendo el ceño, no esperaba una corrección; menos de alguien a quien él consideraba inferior. “Si quiere puede venir unos días de prueba y luego ya me dice si quiere el trabajo” –dijo él dando el tema casi por cerrado.

Ya en su humilde apartamento estuvo dándole vueltas al asunto. Con él se sentía un poco incomoda, pero a la vez excitada. Se tuvo que masturbar en la cama para poder conciliar el sueño. En su fantasía imaginaba como él la subía a la mesa de su despacho y le hacia el amor suavemente mientras la llenaba de besos. Al día siguiente era sábado y como no tenía que ir a su trabajo habitual se pasaría el fin de semana en casa de su jefe como su servil y dócil sirvienta. Al ver la tremenda casa al medio de un infinito terreno se quedó con la boca abierta. De pronto, el silencio y lo perdida de la mirada son interrumpidas por la voz áspera y tosca de su jefe: “Llega usted muy puntual, me gustan las chicas puntuales y obedientes” –dijo él con una pícara sonrisa.

Clara pasó dentro de la casa sin atreverse a saludar a su jefe con un beso en la mejilla. Se limitó a esbozar una ligera sonrisa y un saludo algo nervioso. “Su habitación está arriba, hoy solo descanse y ordene su ropa en los muebles y closet. Le he dejado su uniforme encima de la cama” –le dijo su jefe. No había pensado en ningún momento que tendría que llevar un uniforme durante sus tareas. Al entrar en la habitación fue lo primero que vio. Se trataba de un vestido negro bastante corto y con un pronunciado escote que no dejaba mucho a la imaginación en caso de inclinarse hacia delante, lo que también hacía que se le levantara la falda por detrás y se pudieran ver levemente sus tersas nalgas. En su pecho llevaba un lazo blanco como si fuera envuelta en papel de regalo. El uniforme era tan ajustado que se le marcaba la ropa interior, así que se la quitó para verse mejor en el espejo. Estaba excitada de estar así vestida y en casa de su jefe. Después fue a guardar su ropa íntima en un cajón, pero encontró algo que hizo que su entrepierna se mojase al instante. En el cajón había consoladores de todo tipo, bolas chinas, antifaces, máscaras y unas esposas con las llaves para abrirlas. Siempre había sentido curiosidad por estar esposada y a merced de un hombre, sus relaciones sexuales habían sido hasta el momento muy convencionales y poco morbosas.

Tomó las esposas y se las probó con los brazos por delante de su cuerpo. Se miró en el espejo, la imagen era muy excitante, pero tenía que seguir deshaciendo las maletas. Recogió las llaves y fue a abrir las esposas. No había manera, ¿Qué estaba pasando? Resulta que las llaves no eran de esas esposas, su jefe lo tenía todo muy bien planeado. Qué tonta había sido poniéndoselas sin comprobar nada antes. El nerviosismo invadió su cuerpo. ¿Qué podía hacer ahora? Pensó en salir corriendo y no volver nunca más a esa casa, pero en ese momento se abrió la puerta. “¡Vaya vaya! ¿Qué es tenemos aquí? Una zorra que cayó en el truco de las esposas” –dijo el hombre que la observaba desde que entró en la habitación.

Clara se quedó muda y petrificada mientras él aprovechaba para situarse detrás y dar unos besos por su cuello. Ella entreabrió los labios y dio un leve gemido mientras notaba como él se pegaba a su cuerpo y como su miembro se frotaba en sus nalgas. Se encontraba totalmente a su merced. Mientras besaba su cuello, empezó a tocar las tetas de su sirvienta. Ella no hizo nada para resistirse lo que ánimo aún más a su jefe para seguir con su plan. Se notaba muy mojada y cada vez más excitada. Ahora él ya había subido de su cuello hacia una oreja y la lamía y daba leves mordiscos. Sentía escalofríos. En ese momento era enteramente suya y habría hecho lo que él le hubiese pedido. Estaba indefensa y completamente expuesta. Notó como una mano bajaba hacia su sexo, el cual estaba ya empapado. Le introdujo un dedo y ella empezó a gemir.

“Soy tuya, hazme lo que quieras” –dijo casi sin pensar por la excitación del momento. “Agáchate” –le ordenó él sin ningún titubeó y sabiendo que ya la tenía comiendo de su mano. Clara se agachó y se puso cara a él, pero con la mirada al piso como era habitual cuando se encontraban cara a cara. Él se bajó el cierre del pantalón mientras su sirvienta miraba fijamente su abultado miembro, el cual tenía muchas ganas de ver y meter en la boca para darle placer a su jefe. Al sacar verga esta golpeó en una mejilla de la joven, se la pasó por su rostro luego por sus labios, los cuales ella fue abrió para sacar su lengua y pasarla de la base a la suave punta. Pero él no quería sólo la lengua y empujó hacia delante hasta que la metió completamente entre sus labios.

Empezó a chupar la verga de su jefe y él cogiéndola de la barbilla le hizo mirarle a los ojos. Era posiblemente la primera vez que sus miradas se cruzaban en aquel día. Clara sentía fuego en su interior y acercó sus manos esposadas hacia su vagina para así poder aliviar su calentura. “Putita, nadie te ha dado permiso para hacer eso, yo decidiré cuando debes tener placer” –le dijo él tomándole fuertemente del pelo. Le molestó que la llamara así, pero realmente eso la había excitado aún más. “Chupas muy bien, quien iba a decirlo con esa cara de niña buena que parecía nunca haber roto un plato” –le dijo él mientras sonreía complacido.

Le sujeto la cabeza y se movía como si le estuviera follando la boca. “Voy a acabar putita y no quiero que caiga ni una gota al suelo”. Sintió como el primer disparo golpeaba en su paladar y poco a poco fue tragando todo el semen que salía de la verga de su jefe. Se quedó arrodillada aún con la verga dentro de la boca y luego con su lengua fue limpiando los últimos restos.



Hizo que se levantara y se volvió a situar a su espalda. Fue quitándole el vestido para observar bien ese bello cuerpo. Ella seguía dejándose hacer sin oponer la menor resistencia. Estaba tan caliente que lo único que quería era ser atada a la cama y que la follara de una vez sin ninguna contemplación. Desde detrás le pellizcó sus duros pezones y le susurró algunas cosas obscenas en su oído. “Putita, tienes dos opciones. Puedes salir de aquí por la puerta y olvidamos lo ocurrido o te quedas trabajando como mi asistente personal, mi perrita dócil para cualquier cosa que necesite. Mi esclava deseosa de acatar todas mis órdenes. Te he dejado el contrato en la mesita. Leelo con atención y mañana sabré que decisión has tomado. Si cuando yo me levante tú estas limpiando la casa con tu uniforme, entenderé que aceptas ser mi esclava” –le dijo. Una vez dicho esto le quitó las esposas. Ella asintió con un movimiento afirmativo de su cabeza y acercando su culo a la verga de su jefe, deseaba ser follada, pero al darse la vuelta su jefe ya había abandonado la habitación. Se tumbó en la cama y se puso a recordar todo lo que había ocurrido. Le había hecho una mamada a su jefe y este ni siquiera le había dado un ligero beso antes. Pero había algo en él que la mantenía sumisa y dispuesta a hacer lo que le pidiera.

Acercó sus manos a su sexo con intención de masturbarse reviviendo mentalmente lo ocurrido, pero recordó sus palabras y le retumbaron en la cabeza: “Putita, nadie te ha dado permiso para hacer eso, yo decidiré cuando debes tener placer”. Le costó mucho pero logró contenerse. Una vez se hubo calmado recordó que el contrato estaba en su mesita y se dispuso a leerlo. Leyó solo algunos puntos, por encima sin prestar aún mucha atención, luego lo leería más atentamente.



Contrato de sumisión

Punto 1: Me comprometo a cumplir las órdenes y deseos de mi Amo. Accedo voluntariamente a ser su sumisa y le ofrezco mi cuerpo.

Punto 7: Como su sumisa residiré en su casa, lo que debo agradecer siempre que sea conveniente. No puedo cerrar ni la habitación ni el baño, así mi amo podrá entrar siempre que quiera a disfrutar de mi cuerpo y obtener placer con él.

Punto 8: Mi Amo podrá decidir que ropa o complementos debo llevar, mi vestimenta será elegida por él sin poderme negar a su decisión.

Punto 13: Sí mi Señor no ha ordenado nada podré elegir la ropa que crea conveniente, pero siempre llevaré faldas o vestidos para facilitar así un rápido acceso a mi sexo.

Punto 17: Debo estar siempre atenta y lista para acatar sus órdenes y así complacer a mi Amo.

Punto 24: Todo mi cuerpo le pertenece y podrá utilizarlo para obtener placer cuando y como lo desee.

Punto 26: No puedo hablar sin que mi Amo me haya dirigido primero la palabra.

Punto 29: Si por alguna razón no acato sus órdenes o no cumplo con el contrato, mi Amo podrá castigarme como crea oportuno o romper el contrato y así terminar con la relación.

Punto 31: A parte de mi cuerpo, mi Amo también será dueño de mi placer, así que no puedo disfrutar sin su previo permiso.

Punto 35: Deberé dirigirme a mi Amo siempre con respeto, mientras él podrá dirigirse a mí como quiera.

Yo la esclava Clara Nuñez, firmo el presente contrato el 27 de agosto de 2011.


Firma:


Por segunda noche consecutiva tuvo problemas para conciliar el sueño y todo por causa de la excitación. Tenía muchas dudas, pero sabía que terminaría firmando ese contrato.

El sol empezaba a entrar por su ventana pero él seguía tumbado en su cama. Sabía que podría haberse follado a su secretaria la noche anterior, pero no lo hizo y no fue por falta de ganas, había tenido que contenerse para no poner a su asistente en cuatro. No quería un sólo polvo de una noche, quería una esclava a sus órdenes para poder desahogarse cuando él lo encontrara conveniente y como quisiera.

Antes de salir de su habitación se masturbo pensando los planes que tenía para el domingo. Lo hizo para saciar su sed de sexo y así poder seguir haciéndose el duro, si no sería salir de la habitación y abalanzarse encima de su secretaria para follar como salvajes en el suelo. Él no tenía ninguna duda de que ella seguiría allí y dispuesta a firmar el contrato que la transformaría de su secretaría a su esclava.

Clara se había levantado temprano para empezar con sus trabajos. Se había maquillado para quien iba a ser su Amo. Llevaba los labios pintados con un ardiente rojo y estaba vestida con su uniforme de sirvienta. Vio cómo su jefe entraba por la puerta del comedor, pero no pudo dirigirle ninguna palabra porque según el contrato ella no podía hablar primero (Punto 26: No puedo hablar sin que mi amo me haya dirigido primero la palabra). Su jefe se sentó en el sofá y se puso a observar como trabajaba su asistente. Ella seguía muy caliente pues no había podido desahogarse la noche anterior, así que limpiaba contoneándose delante de él para intentar excitarle y que le metiera esa dura verga que ya había probado con su boca. Dejó el trapero a un lado y cogió un trapo para fregar el suelo arrodillada. En esta posición se exhibía más, porque su vestido se subía dejando ver parte de su culo y con cada movimiento de sus brazos sus tetas se bamboleaban hacía delante y hacía atrás, pues no llevaba sujetador. Siguió moviéndose, cada vez más rápido, imaginando que detrás de ella estaba su Amo, moviendo el culo hacía atrás, lo que hacía que cada vez su falda estuviera más levantada, pero también hacía que su sexo estuviera más húmedo.

En un momento él pudo observar que Clara no llevaba ropa interior y vio su rosada parte íntima. Hacía rato que había visto lo que intentaba hacer su secretaria, pero sabía que realmente ella se estaba excitando igual o más que él. “Quédate quieta así como estás” –ordenó. Se quedó inmóvil como una estatua, arrodillada, con el vestido subido hasta casi su cintura y los brazos hacía adelante. Escuchó por sus pasos como se situaba detrás de ella y notó como su mano acariciaba suavemente su vagina. Lo había conseguido, por fin iba a tener a su Amo dentro e iba a alcanzar el ansiado orgasmo. Notó como algo frío entraba en sexo y apoyó su cabeza contra el suelo mientras un suspiro escapaba de su boca. Al tocar la vagina de su secretaria notó lo mojada que estaba y por lo tanto seguía excitada y no le iba a hacer falta ningún lubricante para meterle las bolas chinas. Las introdujo lentamente, escuchando un gemido por parte de Clara cada vez que una bola entraba completa. “Ahora sigue con tu trabajo” –le dijo cuando tuvo ya las dos bolas metidas. Siguió pasando el trapo por el suelo, pero a cada movimiento las bolas se movían en su interior y le hacían retorcerse de placer. Estaba ya muy sensible y no aguantaba más, pero continuó con su trabajo mientras su jefe la miraba con una sonrisa en su boca, sabiendo el sufrimiento que le estaba proporcionando. “Cuando termines con tu trabajo, preséntate en mi habitación aún con ese regalito que te he dejado en tu interior” –le ordenó.

Cuando terminó las tareas designadas fue a la habitación de su jefe. A cada paso que daba estaba más cachonda, por una parte gracias a las bolas, pero por otra por el misterio y la duda al no saber qué iba a ocurrir en esa habitación. Llamó golpeando dos veces a la puerta pero no hubo ninguna respuesta. Espero allí en la puerta, dócil y sin atreverse a abrir. A los cinco minutos obtuvo respuesta y permiso para entrar. Su jefe se encontraba sentado en un sofá, vestía unos cómodos jeans y una camisa similar a la tela del jeans, un vaso de whisky en la mano derecha y en la izquierda un habano. Un look que no tenía nada que ver con el que ella estaba acostumbrada a verle en la oficina. “¿Así que quiere seguir con tu trabajo, verdad? –preguntó él sin siquiera darse vuelta. Clara respondió con un tímido sí, intentando callar los demonios en su interior que querían gritar: “¿Es que acaso no te das cuenta? Estoy aquí, húmeda; caliente, deseosa de ser tu propiedad y lo único que haces es ignorarme. Quiero correr y que me persigas para saciar tu sed de lujuria, y no haces nada. Eres un estúpido que me ha tenido a su merced siempre pero no has sabido darte cuenta de lo que pasa frente a tus ojos”. “Lo que no sé es si está preparada, de momento he visto que es obediente y ayer ya me demostró que hace unas buenas mamadas” –le dijo él en tono despectivo.

“Por favor señor, déjeme demostrarle que puedo ser su sirvienta, su esclava” –rogó ella cayendo de rodillas al piso. “Mi putita en casa y mi secretaria sumisa en la oficina” –dijo él mientras se ponía de pie. Mirándola añadió: “Dime putita, ¿tienes novio?”. Ella respondió de inmediato: “No señor”. Parado frente a ella le preguntó: “¿Alguna vez has sido la esclava de alguien?”. “No, Amo, mis relaciones siempre han sido muy convencionales”. Él le dijo: “Pues vas a descubrir un mundo nuevo y no me llames aún amo porque no lo soy, aún no te he aceptado como mi esclava. Quiero saber si vales la pena”. “¡Desnúdate!” –ordenó con voz sería. Ella se despojó lentamente del vestido intentando ser muy sensual para su hombre. Mientras él se sirvió una copa de whisky. Se quedó sólo con los zapatos de tacón, que hacían que tuviera más levantado el culo.

Por primera vez se encontraba completamente desnuda enfrente de él. Quien estuvo observando todas sus curvas. “Date la vuelta y ábrete de piernas. Ahora quiero ver como te sacas las bolas de tu coño” –dijo le. No le costó mucho sacarlas pues estaba ya muy bien lubricada. Una vez las tuvo fuera sintió un gran vacío en su sexo, el cual tenía ganas de volver a llenar pero con la vergaa de su jefe.

Se puso detrás de ella y fue acariciando todo su cuerpo, centrándose en sus tetas y también en la parte interior de sus muslos. La esposo con las manos detrás de la espalda y le puso un antifaz sin .ojos para que no pudiera ver nada. “Desnúdame perrita” –le ordenó. De espaldas a él palpó su entrepierna y desabrochó el botón de su pantalón no sin cierta dificultad, ya que tenía las manos inmovilizadas. Bajó su cremallera y se dio la vuelta. Al tocar su torso notó que ya había quitado la camisa para facilitarle el trabajo. Ya sólo quedaba la ropa interior. Sé arrodilló delante de él y bajo sus bóxer con la boca, sin poder evitar recordar la mamada que le había dado el día anterior.
Una vez estuvieron los dos completamente desnudos, la cogió con cierta dureza y la puso contra la pared y le susurró al oído: “Dime esclava ¿Qué es lo que quieres?”. “Fólleme” –dijo, mientras sentía alegría pues era la primera vez que se dirigía a ella como su esclava. “Creo que esa no es la forma de pedirlo” –le dijo él. “Fóllese a esta putita” –le dijo a la vez que se inclinaba con la cara apoyada contra la pared echando el culo hacia atrás hasta obtener contacto con la verga que deseaba tanto tener dentro. “Por favor Amo, su putita tiene ganas de sentir su miembro dentro y que pueda disfrutar usted por primera vez de la vagina de su sirvienta” –le decía enloquecida.

“No te he escuchado” –dijo él aumentando en ella la agonía. “Fólleme por favor” –dijo ella casi gritando y con cierta desesperación en la voz. Llevaba desde la tarde anterior siendo excitada y aún no había recibido esa dosis perfecta de placer que su cuerpo tanto le reclamaba. “Ve a la cama” –le ordenó. Ella obediente subió a la cama de rodillas y se inclinó reposando su cabeza sobre la almohada. Era la misma posición que había adoptado un rato antes mientras limpiaba el suelo. Su jefe se situó detrás y pasó su miembro lentamente por la vagina de su esclava, la cual estaba en tensión esperando ese regalo. Finalmente la metió entera de una sola embestida. No importaban los brutales movimientos, solo deseaba sucumbir ante las embestidas de toro en celo de su jefe. Ella no tardó mucho en obtener su primer orgasmo, mientras notaba como su Amo entraba y salía de su sexo y como chocaban sus testículos haciéndola disfrutar de placer. Sus tetas se balanceaban con cada embestida, estaba justo como se había imaginado un rato antes, pero nunca podría haber imaginado que obtendría tanto placer. Se sentía casi al borde del desmayo y quería sentir de una vez como su Amo acababa dentro de ella. Quería sentir ese espeso líquido golpear en su interior y sentirse así completamente de su propiedad. Se tomaba la píldora, así que no pasaba nada. Pero nada de eso ocurrió, cuando él estuvo a punto de terminar, se la sacó y acabó sobre su espalda y sobre su culo. Ella quedó un poco decepcionada, se preguntó si le había gustado a su amo y si sería digna de ser su esclava.

Su jefe se marchó de la habitación después de quitarle el antifaz y la dejó allí extasiada y aún esposada. Estuvo a punto de llorar al pensar que su jefe estaba decepcionado con ella, pero al girarse encontró en la mesita las llaves de las esposas y una carta.

Se quitó las esposas con cierta dificultad y tomó la carta que su jefe había dejado a su lado. Sus manos aún temblaban por las fuertes emociones y el placer recibido, pero también por los nervios al querer saber qué es lo que ponía en aquel texto.

Leyó punto por punto las órdenes de su Amo, en la carta se detallaba todo lo que tenía que hacer esa noche, era la noche en la que por fin sería aceptada como esclava y sería la protagonista del ritual para que su amo la tomara en propiedad. Se estudió bien todos los pasos que tenía que hacer esa noche, no quería fallarle, quería ser su esclava y firmar de una vez el contrato. La futura sumisa quiso estar lo más apetecible posible para su jefe, así que se depiló entera y luego se dio una ducha, la cual no calmó sus nervios ni su calentura.

Se vistió como estaba indicado en la carta. Tenía que ir completamente de blanco, tanga incluido, pero sin sujetador, así que se puso un vestido que tenía del color designado pero sin la ropa interior aún, porque quedaba un rato para la cita con su Amo y no quería llegar con la tanga bañada en sus flujos, fruto de la excitación. Finalmente estuvo maquillándose cuidadosamente y sin excesos. Tenía una tez bastante blanca, por lo tanto resaltaban mucho sus carnosos labios pintados de rojo, labios que un poco antes habían estado apretando la polla del que sería su dueño.



Tomó una rosa, también blanca que su amo había dejado en el baño, símbolo de su pureza, como también el color de las prendas que llevaba y fue hacía el comedor donde iba a suceder todo. Al entrar vio que todo estaba preparado en la mesa, siguió las órdenes de su Amo y encendió dos velas, luego apagó las luces lo que hacía que la sala tuviera una atmósfera muy sensual y misteriosa. Esperó de pie a su Amo, con la mirada baja y los brazos caídos hacía delante sujetando la blanca rosa, que justo quedaba a la altura de su entrepierna.

Su Amo se dirigió hacia ella, levantó su barbilla para mirarla a los ojos y acercó sus labios a los de su sumisa. Ella los abrió un poco esperando el ansiado beso, pero nunca llegó, porque los besos se alejaron de su boca y fueron a parar a su cuello. Antes de abandonar su el fino cuello de su secretaria, le hizo un pequeño chupón, para señalarla como de su propiedad.

“A partir de hoy serás mía en mente” –dijo él mientras acariciaba su cabeza y su cabello.
“En corazón” – mientras acariciaba la parte superior de sus pechos.
“En alma” –expresó mientras subía su mano hacía los labios de su perrita.
“Y sobre todo en cuerpo” –le susurró al oído, situando una mano en un pecho y otra por encima de su tanga.

Ella permaneció con la boca cerrada como estaba indicado en la carta y él le dio un suave beso en sus labios. Se ruborizó, casi había sentido más en ese beso que cuando su Amo la estuvo follando y es que ella empezaba a estar enamorada de su señor y este era el primer símbolo de cariño hacía ella. Clara se arrodilló y entregó la rosa a su jefe con las manos en alto, ofreciendo su pureza para que él pudiera hacer con ella lo que quisiera.

Al recibir la rosa, su jefe fue arrancado pétalo a pétalo y fueron cayendo al suelo delante de su sumisa. Estaba terminando con su pureza y ella poco a poco tenía que ir abriendo sus piernas y subiéndose el vestido para que su amo pudiera volver apreciar el cuerpo que su sumisa le estaba entregando y dándole en posesión. Inclinó la cabeza hacia adelante y dejó que su Amo le pusiera su collar de esclava, que debería llevar siempre que estuviera dentro de casa. Luego se bajó un poco la tanga mientras su Amo observaba desde atrás, para así darle una buena vista de su vagina. Ella tomó un vibrador que había en el suelo y lo introdujo en su húmeda vagina, ofreciéndose así a su Amo. Una vez dentro, echó sus brazos hacía adelante para dejarse llevar. “Ahora mi placer es tuyo, así que no puedes tener un orgasmo sin pedirme permiso” –dijo él mientras aproximaba su mano al vibrador y lo ponía en marcha. Se bajó los pantalones y la ropa interior y se sentó delante de su esclava. Se masturbaba lentamente viendo como ella recibía placer por ese vibrador.

“Amo, ¿puedo chupar su miembro?” –preguntó ella con un ligero temblor en la voz, por el placer que estaba sintiendo, gracias a la vibración en su entrepierna. Él sonrió levemente y dijo: “Sólo si te sacas el vibrador entero y te lo vuelves a meter”. Ella lo hizo inmediatamente mientras le miraba a los ojos y después se abalanzó hacía su verga engulléndola completamente. La sacó de su boca solo para lamer el glande y pasar su rosada lengua por toda ella, luego se metía solo el glande entre sus labios rojos. Besó por toda la piel, mientras le masturbaba. Él puso la mano en la nuca de su esclava y la dirigió para que se la metiera de nuevo en la boca y llevarle el ritmo de la mamada. Su vagina no paraba de vibrar, sabía que cuanto antes acabara su Amo, antes la dejaría a ella alcanzar el orgasmo, así que chupó cada vez más rápido, mientras también se iba ayudando con la mano. “Para de lamer perrita” -ordenó. Sacó casi completa la verga de la boca de su esclava, solo dejó dentro el glande y empezó a masturbarse. La esclava cerró los ojos y siguió chupando, ya sabía que era lo que iba que ocurrir y siguió sus órdenes mientras jugaba con la lengua por la punta del sexo de su jefe.
Siguió masturbándose, hasta que notó que iba a acabar, en ese momento la sacó de la boca de su esclava y acabó por su cara. El primer chorro fue a parar a sus labios, pero los que vinieron después alcanzaron también parte de su pelo y las últimas gotas cayeron a sus tetas.
“Este ha sido tu bautismo como mi esclava. Ahora solo falta que firmes el contrato para que tu cuerpo, corazón, mente y alma me pertenezcan” –dijo él. “Amo, ¿ahora puedo correrme yo por favor? –preguntó a la vez que recogía con su lengua los restos de semen que habían quedado en sus labios. “No, putita, aún no. Ahora sácate el vibrador” –respondió. Se sacó el vibrador y se quitó también el tanga para entregárselo a su Amo, ofreciéndole su intimidad. Siguiendo una pauta elaborada, ella dijo: “Le entrego también este látigo para que me castigue cuando considere que su esclava se ha portado mal o le ha fallado”. Su dueño pasó el látigo entre sus piernas, luego subió hacia sus tetas y finalmente acarició con él el culo de Clara. A lo que ella continuó diciendo: “Mi señor, tome también estas esposas, para inmovilizar este cuerpo que le pertenece”. Está bien, ahora vístete como mi esclava” –respondió él.

Ella se puso un corto vestido de color negro, con unas botas a juego y de tacón alto. Completo su vestimenta con unos complementos, una pulsera y unos pendientes. Ahora ya sin sujetador y sin bragas para que así su Amo tuviera el acceso libre. “Putita, ponte de pie e inclina tu cuerpo hacia delante reposando tus manos en la mesa. Reclínate hasta que tus pezones rocen la fría madera” –ordenó él de manera seria. Se acercó a ella y puso su verga entre sus nalgas aún con una mediana erección. Su vagina quedaba a una buena altura por los altos tacones de sus botas. “Si quieres que te vuelva a follar, tendrás que poner tus datos en el contrato que tienes en la mesa y después firmarlo” –dijo él con ese tono autoritario que lo caracteriza en la oficina. Apretando en su vagina y luego metiéndosela mientras ella cogía un bolígrafo y empezaba a rellenar los datos debajo de la tenue luz de las dos velas. Le costaba muchísimo escribir mientras estaba siendo follada. A cada empujón ella deslizaba un poco el bolígrafo sin querer. “Ya está firmado, Amo. Soy ya oficialmente su esclava, su sumisa, el cuerpo que está follando es ya de su propiedad” –le dijo.

Su amo sopló las dos velas dejando la habitación completamente a oscuras. Giró a su esclava y le dio un lento pero cálido beso con lengua, al que ella respondió de forma más desatada y pegando sus cuerpos. Su Amo la tumbó en el sofá y continuó besándola, cada vez de forma más salvaje y restregando sus cuerpos. Volvió a metérsela y continuaron besándose sin control. A veces paraba un poco el movimiento para bajar su boca hasta los pezones de su esclava, la cual había tenido finalmente un orgasmo. No había podido pedírselo a su amo porque este seguía violándole la boca con su lengua, aunque ella no oponía ninguna resistencia a esos besos en la oscuridad.

Siguió con un profundo beso y con la polla entrando y saliendo de ese coño tan húmedo, hasta que finalmente se corrió, pero esta vez dentro de su esclava, la cual volvió a tener otro orgasmo al notar como el semen de su amo entraba en lo más dentro de su ser. “Lo quiero, Amo” –le dijo con los ojos llorosos y pegándose más a su cuerpo. No quería dejar de sentir dentro la verga de su dueño. Al sacarla se sentó en el sofá. “¡Límpiala perrita!” –fue la orden. A lo que que gustosa acudió gateando y lamió por completo, sin dejar escapar ni una sola gota de semen. El con los ojos cerrados acariciaba su pelo y le dijo: “Ahora eres mi esclava, mi asistente, pero también mi secretaria. No olvides que mañana toca ir al trabajo”. Asintió con la cabeza mientras ella seguía limpiándole la verga como su dócil asistente.

Se había olvidado de su otra vida, entre semana tendría que seguir siendo simplemente la secretaria de su jefe, ¿o no?

Pasiones Prohibidas
Secretaria sumisa 1

Se encontraba en su oficina sentado, detrás de su firme mesa de madera de cerezo sobre la que había un contrato bien examinado y retocado durante largas horas. Vestí...Ver más
Bristhe M
Jul 5
Conociendo el placer de la Dominación 2
Después de que Pamela la llevó a su casa, la detiene y la besa en los labios con delicadeza; mete su mano por dejado del vestido y le dice: “Veo que aún sigues mojada; no sabes como me calienta. Mira mete tu mano en mis bragas y siente como estoy yo” –le dice Pamela. Al sentir la tibia y húmeda vagina de Pamela, Claudia se calentó a un más y le suplicó a su amiga que la tocara para calmar la lujuria que la estaba dominando pero esa no era la orden especifica de Pamela, era hacer que su amiga entrara lo más caliente posible a su casa y se follara al pija floja de su marido. “No, no, no zorrita. Aprende a lidiar con eso. El Amo lo que quiere es…” –le cuenta. A lo que Pamela le dice: “Pero, tienes permiso de tocarme y hundir tus dedos en mi sexo hasta hacer que acabe tan delicioso como una puta celo” –le dice. Claudia, mordiendo sus labios hace a un lado la tela de la diminuta tanga de su amiga, adentrándose en la profundidad de ese sexo húmedo y palpitante. Los vidrios del auto se comenzaron a empañar debido a la condensación de sus respiraciones agitadas, los gemidos de Pamela se hacían intensos cada vez que la lengua de Claudia jugaba con sus erectos pezones y sus dedos llegaban a lo más profundo de sus entrañas. Pronto llegó el orgasmo, seguido por suaves espasmos que hacían temblar sus piernas. “Eres una buena zorrita. Ahora entra antes que te folle” –le dice Pamela. Se despidieron de un apasionado y entró a su casa.

Claudia entró satisfecha y emocionada por haber cumplido una de sus fantasías, pero al entrar en el espacio que compartía con su marido no puedo evitar sentirse triste. Triste porque su marido no sabía hacerla disfrutar y ha tenido que recurrir a un perfecto desconocido que ha sabido en pocos instantes, dominarla y llevarla a uno de los mejores orgasmos de su vida, el día que me penetre ¿Cómo será? se preguntó mientras se estremecía su entrepierna.

Entró a la sala y encontró a su marido viendo la tv, se acercó a él y después de decirle hola, le besó, pero no olvidó de meterle bien la lengua en la boca. Él algo contrariado por el saludo de su mujer le alejó la boca. “Chúpame la lengua” –le dijo ella, la sacó mostrándola y su marido la chupó sin miramientos. “¿Qué te pasa hoy cariño? ¿Cómo vienes de caliente?” –le dice él sin salir de su asombro. “Sí, necesito que me folles ahora mismo” –le dijo en tono de orden. Se subió el vestido y quitó sus bragas, se las lanzó a su marido a la cara, se puso de rodillas y sacó el pene flácido de ese atónito hombre, comenzó a lamerlo como una loca. “¡Umm cariño, estás muy caliente hoy!” –dice el esposo. “No sabes cuánto” –dice ella. Después de lamer su miembro y conseguir que se endureciera, se subió encima de él, se lo clavó pensando que era Oscar.
- “Fóllame, dame duro cariño” –decía ella sin parar de moverse. Comenzó a cabalgarle con furia, botando sobre sus caderas, el cornudo no daba crédito, notaba que la gran calentura que traía su mujer no era provocada por él, ensimismado en estos pensamientos empezó a perder la erección.

“No me lo puedo creer, llego cachonda como una yegua y nada mas metérmela tu verga se pone flácida” –dijo Claudia enojada. “No lo sé mi amor, no sé qué me pasa, pero es que vienes tan excitada que...”. “Tan excitada y ¿eso no te gusta? Cualquier hombre de verdad estaría encantado de tener una mujer sexy y dispuesta como yo” –cortó Claudia.
Se quitó la flacidez que tenía en su entrepierna y mirando con odio a su marido le dijo: “Mira como tienes la verga, si no eres capaz de hacerme sentir mujer tendré que buscarme a un hombre de verdad que sepa follarme y tratarme como me gusta en la cama”. Buscaba generar en Juan algún tipo de reacción y este a lo único que atinó a decir: “¡Pero qué mierda dices! ¡Serás p...!”. No alcanzó a decir más cuando un bofetón le hizo girar el rostro en ciento ochenta grados a Juan. Claudia lo tomó fuerte de los testículos, se acercó a su oído y le dijo: “Escúchame bien hijo de perra, eres un inútil en la cama, no sabes cómo follarme ni mucho menos hacer que tenga orgasmos, llevo muchos años aguantándote y no pienso pasar ni un día más sin sentir un hombre de verdad dentro de mí, así que vete preparando para lucir cuernos, porque no pienso aguantarme más. ¿Lo has entendido?”.

Las duras palabras de su mujer, su semblante serio y el agarrón de testículos hicieron que Juan se calentara y otra vez su miembro se empezara a poner duro. Solo salían balbuceos indescifrables de sus labios, no podía justificarse. “Ja, ja, ja, ja. ¡No me lo puedo creer, serás marica! Así que esto te calienta, quieres ser uno de esos cornudos consentidos” –le dice al poco hombre frente a ella. “No, mierda, es que,... no sé qué me pasa” –decía Juan y en realidad era lo único que se podía entender entre balbuceos y gemidos. “¿Qué no sabes que te pasa? Te lo digo yo. Eres un pajillero o ¿te crees que no sé qué te masturbas viendo videos a mujeres casadas sometidas?” –le dijo mientras le acariciaba el miembro, y este se ponía cada vez más duro. “No, ufff, no resisto” –decía él. “Callanté infeliz, sé que sí, mira tu verga, está claro que quieres que te ponga los cuernos. ¿Verdad?” –le dijo ella. “No, no quiero” –dijo él cerrando los ojos. Le soltó el miembro, dio dos pasos hacia adelante. “¿Así que no quieres? –le preguntó. Arremetió: “No importa lo que Tú quieras, pero quiero que sepas. ¡Me voy a follar a un hombre de verdad! Además, ya sé quien será”.

Dijo esto mientras salía del salón rumbo a la ducha. Juan se quedó embobado, no sabía qué hacer, recordaba las palabras de su mujercita y su verga se ponía dura, era una sensación contradictoria, amaba a Claudia con todas sus fuerzas, pero ella tenía razón, era un mirón, casi siempre prefería masturbarse viendo porno que follarse a su mujercita. Recapacitó y entró en el baño, encontró las bragas de su mujer tiradas en el suelo, las tomó y se las llevó a la nariz, supo en ese instante que su mujer lubricaba para otro, se volvió a endurecer cuando vio que su mujer se masturbaba en la ducha con la esponja repitiendo, "Soy la puta de Oscar". Salió del baño y esperó en la cocina con las bragas de Claudia en las manos. Ella salió de la ducha y no encontró las bragas, empezó a sospechar que Juan las había tomado, salió con la toalla cubriendo sus senos para tomarse un café, se encontró a su marido con las bragas en la boca y masturbándose.

Al ver el miserable espectáculo de su marido, ella rió con algo de pena y decepción, le dijo: “¡Pero qué cerdo eres Juanito!”. Le sacó las bragas de la boca. “¿Quien es Oscar?” –preguntó algo contrariado. “Un hombre que conocí, que me tiene la vagina incendiada, es un hombre de verdad, ¿sabes cornudito?” –le respondió ella. Juan, al escuchar cómo le llamaba su mujer empezó a bramar y a masturbarse con más ganas. “¿Te ha follado?” –preguntó. “Aun no” –respondió. “¿Quieres que lo haga?” –preguntó ella. “No sé” –respondió él. Ella se acercó a su oído y le dijo: “Claro que quieres cornudo de mierda, voy a ser su puta y tú mi cornudo complaciente. ¿Verdad?”. “No sé Claudia, es un juego interesan…” –otra vez es interrumpido por ella, quien le dice: “¡Mierda! ¿Así que tú te puedes pajear a gusto y cumplir tu fantasía de pajillero mirón y yo no puedo dejarme someter por él?”. Otra vez los balbuceos de Juan: “Es qué, es qué”. “Es que nada, voy a ser su puta y tú mi cornudo”. ¡Dímelo! ¡O te largas de casa esta misma tarde!” –le dijo en tono desafiante y soberbio. Juan cerró los ojos y al fin se dejó llevar: “Quiero que seas su puta y yo tu corundo complaciente” –dijo. “Así me gusta cornudo” –le dice ella y aprieta nuevamente los testículos. Ahora viene la orden Juan esperaba en silencio_ “Acaba cornudo, acaba pensando cómo me va usar ese hombre, y piensa que ya le chupé la verga, que por cierto es mucho mejor que la tuya”. El cornudo de Juan eyaculó como nunca mientras su mujer le decía lo cornudo que era y lo marica que iba a ser viendo como su mujer era follada por otro. Recogió un poco del semen que había en la punta de la verga, se lo llevó a la boca y le dijo a su marido: “¡Chúpame la lengua cornudo!”. Él sumisamente se la chupó como un pene y lo disfrutó. “Voy a llamarle ahora mismo para decirle que estas encantado de que me use, ya que tú no sabes, será él quien me llene de placer y lujuria. A ti te quiero, necesito tu cariño, pero también que me traten como una putita y es lo que me mueve correr a los brazos de ese hombre” –le dice Claudia a su marido. “Será hija de puta” –pensó el cornudo y come semen de Juan.

Claudia me llamó nada mas ocurrir esto y me comentó, ilusionada, como había reaccionado el cornudo de Juan, satisfecha con el cambio de rumbo que estaba dando su vida, se ilusionó con la idea de entregarse totalmente a mí y arrastrar al cornudo de su marido. “Te lo prometo, ha probado su propio semen” –me dijo. “Bien Claudita. ¿Tú acabaste? –le pregunto. “En la ducha si, mientras pensaba en ti pero después no, nada más lo hizo el cornudo de masturbarse he venido a llamarte” –me respondió. A lo que le dije: “Perfecto zorrita, te estás portando estupendamente, pero me temo que si el cornudo ha aceptado tan rápido es porque en su cabeza sabía que iba a llegar este momento”. Ella dijo: “Si, yo creo que también, porque cuando estoy muy cachonda siempre lo someto y domino”. Reí a carcajadas y le dije: “Es un poco maricón ¿verdad?”. “Sí” –responde ella. “Sí ¿qué?” –le pregunté con un tono más enojado. “Es un marica que no sabe usarme y tendrá que ver y pajearse cuando me uses” –respondió.

Juan se había escurrido por la puerta de su habitación ágilmente, escuchaba con la boca abierta y el pene semierecto la conversación de su mujer, pero Claudia se dio cuenta. “Está aquí” –me dijo. “¿El maricón de tu marido?” –pregunté. “Si, se metió en la habitación” –me dijo Claudia mirando directamente a los ojos a su marido. “¿Qué eres?” –le pregunté. Ella respondió sin quitar los ojos de su marido sin vacilar ni desviar la mirada de sus ojos: “Soy tu puta chupa vergas y estoy deseando que me folles duro delante del marica come semen de mi marido.
“ Y que es tu marido?” –volví a preguntar. "Un cornudo come semen que está deseoso de verme emputecida por ti” –respondió ella. “Ya te está viendo ¿no?” –le dije. “Si, yo creo que se ha vuelto a poner caliente” –diijo Claudia dedicando una esplendida sonrisa a su cornudo marido que ya estaba con su miembro afuera y empezaba a masturbarse.

“Bien, me gusta cómo eres putita, como premio al cornudo harás esta noche lo siguiente: Le contaras con lujos y detalles lo que sucedió hoy en el baño del bar, mientras le haces una buena paja, después le tumbarás en el suelo y le follarás. Después pondrás tu vagina cerca de su boca y humillándolo le orinarás encima, ya verás lo mucho que le gusta a ese marica. No olvides después de que acaben los dos dejarle claro que le quieres" –le dije.(De todas formas tengo buen corazón. ¿No creen?). "Lo que tú digas mi macho" –responde."Bien, mañana voy a follarte" –le dije. A lo que ella responde con un coqueto: "Gracias". "Irás vestida bien sexy a la oficina, quiero que todos los hombres que se te crucen tengan ganas de violarte, seguro que sabes cómo conseguir ese efecto, no lleves bragas, quiero que estés húmeda y dispuesta para mí, a la hora de comer vendrás a mi casa. ¿Ok perrita?” –le dije. sin ninguna oposición a lo ordenado contestó: “Lo que tu digas, ya estoy deseándolo”.

“Bueno zorrita entonces a cumplir con lo ordenado. Hasta mañana".

Pasiones Prohibidas ®
Conociendo el placer de la Dominación 2
Después de que Pamela la llevó a su casa, la detiene y la besa en los labios con delicadeza; mete su mano por dejado del vestido y le dice: “Veo que aú...Ver más
Bristhe M
Jun 18
Conociendo el placer de la Dominación 1

Todos sabemos que encontrar a alguien mediante un chat es además de complicado, una búsqueda parecida a la del santo grial. La mayoría de mujeres buscan una charla, exponer sus fantasías y desatar sus instintos de forma figurada. Cosa que no critico, al contrario me parece una buena forma de evadirse. Pero hace cosa de seis meses uno de mis contactos, Pamela, me dijo que tenía una amiga casada que quería conocerme.

Pamela era una mujer de 32 años casada con un tipo gris que no sabía satisfacerla. Una noche de "búsqueda" la encontré y resultó ser una muy buena zorrita virtual con quién he pasado gratos momentos jugando y llevando a cabo algunas cosillas locas a distancia, pero esa es otra historia qué tal vez les cuente. Hoy les contaré como ella me puso en contacto con Claudia.

Sorprendido, le pregunté cual era el motivo y ella me confesó que nuestras sesiones le ponían tan caliente y fuera de sí, que una mañana que estábamos jugando con mediante WhatsApp, irremediablemente tuvo que levantarse el vestido, bajarse las bragas hasta las rodillas y frotarse la vagina con ímpetu, la verdad es que la mañana había empezado caliente, primero estuve decidiendo que ropa se pondría para ir a trabajar, decidí mediante varias fotos que me mandó en el baño mientras su marido desayunaba, luego le indiqué que en el camino al trabajo dejara que la sobaran en el metro y restregara su culo contra algún afortunado pasajero.

Una vez en la oficina tuvo que ir a una reunión con un colaborador y la incité a que se mostrara coqueta y caliente, y que dejara sus bragas en el cajón del escritorio. Tras esto volvió a su oficina y no le quedó más remedio que masturbarse con furia, estaba hecha una fiera en celo y necesitaba descargar su calentura, le hice poner el manos libres. "Bien putita, ¿así que ya no puedes más? ¿Cómo tienes la vagina?" –le dije. "Ardiendo. ¡Me llevas por el camino de la perdición!" –dijo ella. Le dije: "¿De la perdición? Dime que no te gusta putita. ¿Seguro que con el cornudo de tu marido te lo has pasado tan bien?". "Nunca. Él no sabe..." –me dice y calla. "NO sabe ¡qué!" –le digo. Responde: "No sabe lo puta que soy y lo mucho que me gusta que me calienten". Sonrió y le digo: "Lo sé, eres una zorrita de primera, cuéntame que tal el metro, ya ví la foto que me mandaste, se veían tus piernas abiertas y de tras de ti un hombre. ¿Lo habrás excitado o no hiciste nada?".

"Si, que caliente me pones" –me dice. Vuelvo a sonreír perversamente y le digo: "Es que eres mi puta y tu cuerpo no aguanta la lujuria". "¿De quienes eres y qué eres?” –le pregunto. "¡Soy suya mi Señor y soy su putita!" –me responde. "Eres una buena putita. Sigue contándome" –le dije. Respira profundo y me dice: "¡Mierda, estoy a punto de acabar! Cuando subí al vagón, busqué con la mirada a algún incauto, mientras miraba mis bragas se iban humedeciendo, vi a un chico joven con lentes apoyado contra una de las puertas, me dirigí a él y me puse de espaldas a escasos centímetros. Sentía que no paraba de mirarme las nalgas y sus ganas de tocarlas". Enojado pregunté: "Por qué mierda no pegaste tu culo a él?". Me respondió entre gemidos: "Había poca gente, hubiera sido muy descarado. En la estación Los Héroes, como es costumbre subió mucha gente y se agolparon hacia mí, en ese momento di un paso a tras notando el cuerpo del chico contra mi espalda y una chica que quedó frente a mí unidad tetas con tetas. Una vez se cerraron las puertas, no me quedó más remedio que pegar mi culo contra su miembro y la chica del frente aplastar sus tetas a las mías". "Ya estarías deseándolo zorra. Sentir que te toca las nalgas o que mete la mano debajo de tu falda para tocarte y mirar el rostro de la chica mientras te calientas y transmitirle lo que sientes al ser invadida por esas manos" –le dije. "Sí mi Señor. ¡Me conoce! ¡Oh, mierda estoy a punto de acabar! Con el movimiento del tren comencé a mover mi culo al ritmo que llevaba la máquina lo que hacía que mis tetas de restregaran con las de la chica, mira de puta era innegable, ya que sentía como esa verga se hinchaba bajo el pantalón y los pezones de la chica se ponían duros. Sentía como ella disfrutaba, porque abría su boca como para tomar aire cuando sintió que mi mano invadió su sexo. La miré con una sonrisa pícara mi lengua recorrió mis labios" –le dije: "¿, Aún tienes ganas de acabar putita?". "Sí. ¡Por favor!" –me responde.

"Creo que te los has ganado, acaba diciéndome lo que me gusta oír" –le dije. "Gracias Amo. Acabo, soy tu puta chupa verga, me encanta ser tuya y que me zorrees como el marica de mi marido no sabe" –me dice entre ahogados gemidos. "Eso es, ahora acaríciate hazlo más rápido y acaba mi putita perversa" –le digo. Pamela estaba sentada en su silla del despacho, con las piernas bien abiertas y haciendo movimientos pélvicos. "¡Oh, qué delicioso! Como me hace sentir puta me tiene tan caliente, me voy a" –decía. De pronto, un silencio y escucho: "¡Claudia! Pero..." –fue lo que dijo y la llamada se cortó. En ese momento supe que alguien la había descubierto toda puta masturbándose con furia para un tipo que la hacía sentirse la mujer más deseada y zorra del universo. No supe más de ella el resto del día, pero por la noche recibí un mail suyo.

Me contaba que apunto de correrse entró una compañera del despacho, son las dos abogadas, y la pilló enterrada en la silla con tres dedos dentro de la vagina. Intentó explicarle pero Claudia salió corriendo del despacho, le mandó un mail para comer juntas e intentar explicarle, Claudia acepto.

"Verás Claudia" –comenzó Pamela. "Esto que has visto. En fin, no te lleves una mala impresión de mí, pero conocí a un hombre que me hace alcanzar lo que ningún otro y menos mi marido ha conseguido, ha despertado en mi una nueva sexualidad y estoy entregada a él completamente. "Pero Pamela, estás casada y pareces muy feliz, en las cena de empresa da la sensación de la pareja perfecta, tu una sexy abogada y tu marido un atractivo arquitecto" –le dice Claudia. Pamela le dice: "Si atractivo, pero un inútil en la cama e incapaz de someter a una mujer como yo, alguna vez, cuando está inspirado me folla durante 10 minutos pero la mayoría de veces se corre rápido y no tiene ni gota de imaginación, y yo necesito más Claudia. ¡Necesito un tipo que sepa ponerme en mi sitio!". Claudia comentó: "No me lo puedo creer, así que después de todo, la pareja perfecta no es tan perfecta, el año pasado en la cena de navidad los vi muy acaramelados".

"¿Acaramelados?" –cortó Pamela. "¿Sabes qué pasó? Qué le conté a Óscar que teníamos cena de empresa y que iría acompañada de mi marido. Me pidió el nombre del restaurante y mientras estábamos en los postres me mandó un WhatsApp dónde me decía que fuera al baño inmediatamente y le dijera a su marido que iba a buscar un vaso de agua, me mojé la vagina solo de leerlo. Cuando llegué al baño allí estaba esperándome, me doy un beso apasionado, me obligó a arrodillarme, sacó su pene y me folló la boca hasta acabar, me lo tragué todo. Tomó un vaso, lo llenó de agua y metió su pene ya flácido en el agua y me dijo: "Toma, que el cornudo de tu marido se lo beba, ya que no sabe usarte tendrá que empezar a catar mis testículos por marica" –me dijo. "¡Mierda, como me calentó! Me dio la vuelta me azotó el culo y metió dos dedos en mi vagina, sin moverlos me dijo: Acaba y piensa en lo cornudo que es tu marido y lo puta que tú eres". "¿Y acabaste?" –preguntó Claudia. A lo que Pamela respondió: “Vaya si que acabé, nunca antes solo con la voz de un hombre me había puesto así. Volví con el agua la deje en la mesa, le di un beso a mi marido con la boca llena de su verga y él mismo, jajajajaja, tomó el agua y le doy un largo trago, luego me acurruqué con él, para que no sospecharan nada”.

“Pamela me estoy poniendo...” –alcanzó a decir Claudia, cuando Pamela la interrumpió: “¡Caliente! ¿Verdad?”. “Mucho” –respondió Claudia.

Pamela me contaba en el mail que le dijo a Claudia nuestras rutinas, la forma que la sometía y la llevaba al éxtasis, que sabía cómo controlarla y hacerla estremecer, que se sentía mi puta y eso era lo más importante para ella en ese momento. Sabía que para mí era importante que el matrimonio siguiera adelante, lo más morboso era saber que siempre estaría segura con su acomodada vida y haciendo cada vez mas cornudo al estúpido de su marido. Le contó las veces que me la había follado en la cama del cornudo y como me limpiaba la verga después de follármela con las camisas de este para que llevara olor a macho de verdad.

Claudia no salía de su asombro, se fue a su casa, se metió en el baño y se masturbo soñando con una relación así. Más tarde llamó a Pamela: “No sé qué me está pasando pero me he masturbado tres veces ya, no puedo quitarme de la cabeza las cosas que me has contado, te voy a ser sincera tengo muchas fantasías sobre dominación, me gusta sentirme dominada, pero Juan mi marido no sabe, alguna vez que le he dicho que me tratara como una puta, el pobre lo ha intentado, pero siempre he terminado yo dominándole a él. Me siento un poco frustrada”.

“Claudita, Claudita; me parece a mí que tienes mucha necesidad de que te usen como mereces ¿verdad? Me podías haber dicho antes y lo hubiéramos solucionado. ¿Llevas las bragas puestas?” –preguntó Pamela. “¡Quítatelas!” –ordenó. “Claro, pero ¿para qué?” –preguntó. Pamela arremete: “¿Quieres conocer a mi Amo?”. Tienes que aprender a obedecer sin cuestionar. Solo haz lo que se te diga que hagas y siempre con la mirada abajo a menos que se autorice mirar a quien será tu dueño. Entonces, ¿quieres conocer a mi Amo”. “Sí” –respondió Claudia. “Sí ¿qué?” –preguntó Pamela. A lo que Claudia respondió: “Sí, quiero conocerlo y hacerme su puta como tú. ¡Ay Dios, voy a acabar!”. “Ok, le voy a hablar de ti, pero no me vayas a dejar mal; porque tendré que pagar las consecuencias en caso de que no seas lo que se espera” –le dijo Pamela en tono serio. “No niego que me da un poco de vergüenza” –le dice Claudia. Mi puta se rió de manera descarada y le dijo: “¿Vergüenza? Te acabas de correr al teléfono hablando con una compañera de trabajo y me vienes con vergüenza. No seas descarada cuando lo tuyo es ser puta”. “Lo sé. Solo habla con él y dile que ansío conocerlo” –dijo Claudia.

Así que decidí que tendría que hacer una buena acción y conocer a Claudia, las cité ese mismo viernes en un bar concurrido cerca de mi casa. Pamela es una chica de 32 años, bastante buena, medirá 165, de figura estilizada, viste muy bien y sensual y tiene una cara de zorra que unos ojos expertos detectan de inmediato, venia con un vestido de verano floreado, y unas sandalias. Claudia, tiene 29 años lleva casada dos, pero su marido ha sido su único novio formal, es alta, mide 175, delgada pero con dos tetas que quitan el hipo, vino vestida con un vestido parecido al de Pamela pero más corto y sexy, de color rojo y unos zapatos negro con un tacón altísimo, tiene una cara angelical y las gafas le hacen parecer tímida pero morbosa al mismo tiempo. Como venía vestida supe de inmediato que tenía ganas de impresionarme. Estaba sentado en una mesa, cuando las vi entrar. Pamela recorrió el local con sus ojos buscándome, al fin cruzó la mirada conmigo y sonriente se acercó a mí.

“Hola Óscar” –me dijo. “Hola Cachorrita, ¿cómo estás? –le contesté y besé sus labios. “ Tú debes de ser Claudia” –le dije mirándola de arriba a abajo. Claudia sonrió algo nerviosa. “Si ella es, no sabes las ganas locas que tiene de conocerte” –dijo Pamela, Claudia miró al suelo sonrojada, la tomé de la barbilla, cruce mis ojos con los suyos.

“No te avergüences, eres una chica valiente, ya me ha contado Pamela y te felicito por explorar tus deseos más oscuros” –le dije. Nos dimos dos besos suaves en la boca, en el segundo la sujete por la cabeza y le susurre al oído: “Me encanta como has venido vestida. ¿Es para mí?”. Ella asintió. “Agradezco tu detalle, no era necesario que lo hicieras” –le dije. Acomodé las sillas para que Claudia quedara frente a mí: “Claudia, siéntate aquí al frente” –le dije y acerqué la silla a la mesa. “Ven pequeña, siéntate a mi lado” –le dije a Pamela e hice lo mismo.

“Ya Pamela me contó que tienes ganas de que te sometan, que fantaseas con un tipo que sepa darte lo que tu marido no sabe. ¿Es así?” –le dije. “Si” –contestó Claudia. “¿Sí qué? –contraataqué. “Si, me comentó Pamela y bueno, la verdad es que es muy excitante” –me contestó. “¿Excitante? No, no; tú lo que quieres es una nueva vida, una en la que seas la puta de un tipo dominante y sigas casada con el tonto de tu marido, ¿no?” –le dije mientras seguíamos platicando. “Si” –dijo ella. “Si ¿qué?” ¡Mierda! –le dije casi perdiendo la paciencia, ya que no me gustan las respuestas a medias. “¡Sí, quiero sentirme dominada y hacer cornudo al cabrón que tengo en casa!” –fue el grito desesperado de un alma torturada por la indiferencia. Pamela y yo empezamos a reírnos a carcajada limpia, la pobre Claudia empezó a ponerse roja de vergüenza. “Ves como es tan putita como yo Óscar –me dijo Pamela. “Vaya, si son zorras las abogadas” –contesté y los tres casi nos orinamos de risa.

Nos trajeron las bebidas, yo pedí un whisky, a las chicas no dejé que pensaran nada, pedí un Martini Rosso para Pamela y uno blanco para Claudia, no pusieron objeción alguna, y poco hubiera importado. “Este whisky está muy desabrido, abre las piernas Pamela” –le dije. Metí mi mano entre sus piernas y le introduje un dedo en su jugosa vagina, lo saqué y lo metí en mi copa agitándolo. “Me encanta el sabor de esta putita. ¿La has probado Claudia?” –dije y pregunté. “No” –respondió. “¿Te gustaría?” –le pregunté. “No, creo que no me gustan las mujeres” –me respondió. “Pues, debes saber que si accedes harás siempre lo que ordene sin pensar nada más que en satisfacerme” –le dije.

La conversación ya había avanzado y todo marchaba bien. “¿Cuantos años llevas con tu marido?” –pregunté. Claudia respondió: “Dos años casada y antes diez de novios”. “¡Toda la vida!” –exclamé. “Sí” –responde con un suspiro de resignación. “¿Aburrida?” –pregunté. “Un poco, la verdad es algo aburrido y monótono” –me responde. “¿Le chupas la verga?” –pregunté. “Sí y me encanta” –responde. “¿Acaba en tu boca?” –arremetí. “No, se lo he pedido pero no quiere, es un poco escrupuloso, a pesar de que llevamos tiempo juntos jamás me ha comido la vagina y me encantaría que lo hicieran” –me responde con soltura. Pamela y yo quedamos con la boca abierta, después solté una carcajada y le dije: “¿No será un poco marica?”. “No” –me responde ella. “¿No o no crees?” –insistí. “No creo” –responde. Pamela comenzó a reírse de la situación, la tomé de la melena y le dije: “Tú no te rías tanto, que eras igual de tonta la primera vez que nos vimos”. “Perdón mi Señor, no volverá a ocurrir” –me dice guardando completo silencio.

“Dile que eres a tu amiga” –le dije a Pamela. Ella respondió: “Soy la puta de Oscar, me encanta sentirme suya y pintarle cuernos a mi marido”. “Bien, sigamos con el interrogatorio” –le dije sintiéndome Horatio Cane de CSI Miami. “¿Te la mete por el culo?” –pregunté de manera seria. “Una vez lo intentó pero no pudo” –respondió. “¡Qué pena! ¡Tan joven y mal cogida! Una putita como tú está pidiendo a voces que le den tan duro por el culo que después no pueda sentarse en varios días. ¿Verdad?” –le dije. Claudia se estaba calentando mucho con la situación, comprobé que movía las rodillas, supuse que para acariciarse la vagina astutamente.

“¿Estas caliente Claudia?” –le pregunté. “Como una perra en celo” –me respondió y reímos los tres por lo espontanea de su respuesta. “Bien, bien. Pamela llévala al baño y prepáramela” –le ordené a mi sumisa. “Enseguida mi Amo” –respondió. Se levantó y la tomó de la mano. “Vamos preciosa cuando salgas ya no serás la misma” –le dijo mientras se volteaba y me lanza un beso. Había ordenado a Pamela la noche anterior, que cuando recibiera mi orden, debía llevar a Claudia al baño, someterla dándole un par de bofetadas y hablándole en el lenguaje más sucio y vulgar que pudiera encontrar en su léxico, llamándola puta calienta vergas; después, le sacaría las bragas para con ellas atarle las manos al estanque, una vez así expuesta tenía orden de hacer que Claudia le lamiera la vagina hasta que acabara.

Pamela volvió a los 10 minutos. “Ya está, segundo cubículo según entras. Es toda una zorra, ha acabado sin tocarla, solo poniendole la vagina en la cara noté como se mojaba” –me dijo. “Bien, voy a ver qué tal te has portado” –le dije. Me levanté, le di una pequeña nalgada y fui al baño. Al entrar en el segundo cubículo me encontré a Claudia abierta de piernas, se veía su sexo depilado, mojado e hinchado, las manos atadas al estanque, las dos tetas fuera, las gafas en el suelo y una cara de perra salvaje que hizo endurecerme de inmediato. “¡Vaya, vaya!, quien oensaria que pudiera ser verdad. Eres una puta en toda su expresion, mírate” –le dije. Saque el móvil y le tomé una foto y le dije: “Mira puta, esto eres tú, ¿te gusta?” “Sí, me gusta ser puta; estoy muy excitada, necesito acabar” –me dice. “¿Acabar? Ya hablaremos de eso luego. Creo que esta foto debería verla el marica de tu marido, ¿no crees putita?” –le digo. Lo que me dijo a continuación me dejo muy sorprendido: “Sí, el teléfono del maricón de mi marido es… mándasela que sepa que va a ser un cornudo por comportarse como una niña”. “Serás puta, jajaja, ¿quieres ser mía perrita?” –le pregunto tomandola de la cara. “Sí, quiero ser todo lo que me pidas ser y complacerte en todo lo que quieras que haga. Quiero que me zorrees, quiero ser tuya, quiero que el cornudo de mi marido lo sepa, que aprenda a usarme” –me dice.

“Eso es, además me gusta la idea del marica mirando cómo te follo, te voy a desatar” –le dije. En cuanto la solté, como una poseida se abalanzó sobre mí. “¡Que mierda haces perra! “Yo es... es que” –la callo de una bofetada. “No me puedes tocar si no te lo permito, pero se ve que tienes muchas ganas de mi ¿verdad perrita?” –le dije. “Sí, quiero que me uses” –me dice. “Bien para aceptar tu sumisión quiero supliques por mi pene, “¡arrodíllate!” –le dije. Me senté en la taza y Claudia sumisamente empezó a suplicar que le diera mi verga, que la dejara sentirla en su boca; que se moria de ganas de tenerlo en sus manos para chuparlo hasta llenarla de semen. “Quieta, sácalo despacio y huelelo, pasándolo por tu cara” –le digo. ¡Uf! Aunque se moria de ganas por chuparlo supo esperar mi orden. “Ahora puta, chupa y dime lo que quiero oír” –le digo. “Quiero ser quien mame tu verga junto a Pamela, quiero que me hagas todo lo que quieras, siento que mi sexo es tuyo y además quiero que sometas también al cabrón del cornudo que tengo en casa” –mientras me decía esto, empecé a frotarle la vagina, enseguida ella comenzó a moverse para seguir mi ritmo, ella se agitaba cada vez más al punto de entregarse a un intenso orgasmo. “Eso, acaba bella puta” –le dije y comenzó a correrse como una loca, bufaba y lamía mi miembro como una devoradora.

Me levanté, la tomé del pelo y le llevé la cara a mi bragueta y le restregué toda. “¿Quieres mi verga?” –le pregunté. “Sí, quiero que acabes en mi boca, no me lavaré para que mi marido también te pruebe” –me dice con su cara llena de deseo. Me hizo gracia, la muy puta quería también que dominase al estupido de su marido. Me saqué la verga, hice que abriera bien la boca y que no se le ocurriera cerrarla. “Mírame a los ojos mientras me descargo en tu boca de puta” –le dije. Así lo hizo. Acabé salvajemente dentro de la garganta. “¡Uf, que bebita más complaciente eres! Te tragaste todo mi semen” –le dije. “Límpiame la verga con tu boca” –le ordené, cosa que hizo deliciosamente. “Gracias por hacer de esta puta la más feliz de la tierra” –me dice. Le dije: “Muy bien, así me gusta puta, ahora te irás a casa y esta noche cuando te folles al marica, que lo harás, si acaba antes que tú, lo llamarás cornudo y mal follador y le amenazarás de que te vas a buscar a alguien más, ¿ok perrita?”. “Haré todo lo que tú me digas” –me dijo mientras se abraza a mí. Le di un pequeño empujón y le dije: “Las caricias y cariños para la marica de tu marido, espero que me llames esta noche”.

Me largué y la dejé arreglando su ropa. Fui a ver a Pamela que estaba sola por largo rato; la besé en los labios y me despedí dejándole algunos deberes que cumplir con Claudia y que después fuera a mi casa para terminar la noche juntos.

Pasiones Prohibidas ®
Conociendo el placer de la Dominación 1

Todos sabemos que encontrar a alguien mediante un chat es además de complicado, una búsqueda parecida a la del santo grial. La mayoría de mujeres...Ver más
Bristhe M
Jun 14
La mejor escena jamás grabada

Sala del cine. Última sesión. Es su preferida por la poca concurrencia, ruidos, aparcamiento, elección de butaca. Todo son ventajas. El día lo pedía pues la lluvia que lo ha acompañado sin dar un respiro, le ha dejado las ganas de rodearse de la inmensidad de una pantalla para desconectarse, simplemente un cine. Estudió la cartelera tan sólo unos minutos antes de decidirse. El protagonista, que era uno de sus preferidos, interpretaba a un sacerdote en apuros diplomáticos donde la Iglesia (como no) también implicada, le llevan a un sinfín de situaciones mezclando espionaje, muertes y venganzas.

Finalizada la película, al salir a la calle se sube el cuello de su suave abrigo, se enfunda los guantes. Sopla aire fresco y ese maravilloso olor a tierra mojada le invita a caminar. No quiere subir al auto todavía. Tiene tiempo y nada que hacer al llegar a casa. Da con un parque poco iluminado con farolas de luz cálida, huele a rosas mojadas. Decide ahí mismo, sentarse, no sin antes buscar algo que la proteja de la humedad del banco. Observa a su alrededor, todo está tranquilo, solitario, ninguna luz en ventanas, es tarde y seguramente todos duermen. Enciende un cigarro y empieza a analizar la sensación que le ha dejado la película. Tiene bastante en qué pensar pues ha sido muy buena. Buenas frases, buena trama, buenísima fotografía, buenos actores y ese actor que, de tan sólo recordarlo de nuevo, siente un pellizco en la boca del estómago. Caracterizarlo de sacerdote ha sido todo un acierto.

En él se centran sus pensamientos y fantasías. ¡Lo que le encantaría hacer con él vestido de cura! Cierra los ojos y deja volar su imaginación y, sin querer evitarlo, mezcla escenas de la película con su sucia y provocadora imaginación. Recuerda una de ellas, en la que su protagonista se ha quedado sólo en la sacristía tras oficiar la misa. Una misa que, por orden del guión, ha sido tensa, rápida, con fotogramas rápidos y oscuros, primeros planos donde su rictus marcaba su mandíbula, su sudor, su mirada de desesperación. Y ahí, en el escondite sagrado y otorgado por lo más divino, es donde él está intentando recuperar la calma, su aliento, su temple y estudia su siguiente paso para salvar su vida. Dos candelabros encendidos y un halo de luz que se cuela por una contraventana cerrada, es su única iluminación. Divina parece.

Es entonces cuando ella se cuela en la escena. Le observa desde la oscuridad, como una “voyeure”. En silencio. Observa su agitada respiración y no puede reprimir el impulso de querer consolarlo. Se acerca lentamente. Se da cuenta de que él levanta lentamente la mirada y busca consuelo, paz, calor. Ella desea daele todo. Todo lo que él quiere y desea. Aún sentado, inclinado hacia delante, ella se coloca frente a él. Su cabeza cae a la altura de su vientre. Ella le acaricia suavemente su cabello negro y sedoso. Sus dedos le peinan. Con sus yemas masajea su cabeza y él comienza a levantarla lentamente, recibiendo a ese ángel como caído del cielo, pero que en realidad, solamente puede venir del mismo infierno.

Ese infierno del que él lleva tanto tiempo huyendo años. Ese infierno que le empujó cuando era un adolescente a quitar vidas, a traicionar, a mentir y esconder verdades. Secretos ya enterrados, quemados, muertos. Ese infierno del que escapó por poco y, gracias a la ayuda de un gran amigo que dio Su vida por él. Se redimiría. Se lo prometió. Se lo hizo jurar sobre una biblia y así hizo. Pero la suerte, para él no existe. No existe y de nuevo la vida le pone a prueba. Cierra los ojos y maldice. La maldice mil veces.

Frente a sus ojos tiene la tentación. Una tentación vestida de blanco. Sus labios le dicen todo lo que no quiere oír. Sus manos le piden todo lo que no puede tocar. Su cuerpo le muestra todo lo que no puede poseer y sus ojos sólo le guían a donde no puede ir. Él grita por dentro, arde por dentro, corre, quiere alejarse todo lo que pueda, pero su cuerpo no responde. No le obedece. ¡Cómo no! La obediencia nunca estuvo en él. Carecía de ella. Disimuló durante todo este tiempo de entrega, pero exclusivamente por cumplir su promesa. Ahora, esa promesa pasará a un segundo plano.

Se levanta decidido. Decidido a pecar. Si ese ángel ha venido para hacerle pecar, pecará y si su final es arder en el infierno, que así sea.

Retira de un tirón las sagradas vestiduras de la alta mesa donde en los extremos reposan los candelabros labrados en oro. Tira todo lo que hay a su alrededor. Una biblia, el cáliz, el agua y velas. Lucha contra él mismo; su deseo su miedo. Se gira y la lujuria explota en su mirada como el mismísimo fuego. Toma a su presa y empieza a besarla como aquel adolescente del demonio que fue en un tiempo. Su pulso se dispara. Hace que su corazón se acelere hasta el punto de que su respiración se confunda con jadeos desesperados, ansiosos, sedientos de sexo y de hambre. Hambre de todo.

Sube la mano por el muslo terso del “ángel-demonio”. El alzacuello le aprieta, le asfixia y se lo arranca violentamente. Ella le desgarra la sotana haciendo saltar los pequeños botones forrados, hinca sus uñas en su suave piel mientras chupa las gotas de sudor que resbalan por el sagrado cuello del pecador. Profanan la estancia y todo lo que les rodea con sus gemidos, sus ansias de sexo, gritos y palabras imperdonablemente sucias. Se poseen sin escrúspulos, sin miramientos ni decoro. Sus lenguas pecan, sus bocas pecan, sus manos, todo su ser y como dos animales salvajes, se dejan llevar con los ojos cerrados hasta el final.

Mientras él la penetra sobre la mesa, ella busca donde agarrarse firmemente para no esquivar ni una sola embestida y, al alzar sus brazos para atrás, se aferra a la cruz colgada que preside la alta mesa. Cruz fuertemente clavada en la pared y que paradójicamente, va a presenciar toda la escena. El pecador baja a lo más íntimo y prohibido. Se encarga de que el placer la inunde. Su lengua entra y sale en lo más oscuro y húmedo haciendo que se retuerza ante tal maestría. Toca con la punta de su lengua su clítoris que empieza a latir y a engordar de placer. La combinación de lamérselo, soplar y apretarlo sutilmente, la excita brutalmente. Pide más. Ella le aprieta la cabeza contra su vagina y él se esmera en su tarea. Las llamas de los candelabros bailan por las paredes, bailan al son de una música celestial, en círculos, como si fueran figuras invocando al más allá.

Él, a quien la sotana y lo poco de sagrado que le quedaba habían desaparecido de su vista, la posee de nuevo y junto con las figuras de la pared, empiezan a moverse al mismo ritmo. Al mismo son. Dos cuerpos perfectamente sincronizados bailan como si fueran un mismo cuerpo, marcando las curvas, sus brazos sujetándose mutuamente y los movimientos de caderas a la par. Sus cabezas echadas hacia atrás, implorando al cielo que no se acabe. Sus jadeos “puros” y de pleno placer, deberían ser suficientes ruegos pero no, no lo son y ellos mismos saben que arderán en la hoguera. Pero antes, arderán de placer aquí y ahora.

Puestos a pecar, no escatiman ni en tiempo ni en posturas y siguiendo los antiguos cánones, todo a su alrededor es utilizado para proporcionarse mutuamente placer. Se unen en la silla en la que él pensaba cómo sobrevivir, rato antes. Ella le monta. Él chupa sus pechos lentamente, sus pezones duros son mordisqueados. Él recorre con sus dedos su espalda que arquea con gran flexibilidad inclinándose hacia atrás, dando una visión de abandono celestial. Ella apoya sus descalzos pies en las barras que unen las patas de la silla y así, poder controlar sus movimientos. Mientras, él le agarra firme sus caderas y empiezan a cabalgar juntos, lentamente, en un claro ritmo a “eses”. Tal es la intensidad que van alcanzando, que ese dulce paseo a caballo se va convirtiendo en trote, y acompañados de dorados destellos terminan a galope. Cabalgan, cabalgan todo lo que quieren y más. No existe nada más que ellos y su deseo. Y como si de fotogramas se tratase, aparecen una cruz, caballos, luz, sangre, fuego, bailes, una mujer, demonios, ángeles, velas, cáliz. En esa sagrada estancia sólo se respira deseo y sexo impuro. Sí, auténtico, deseado y disfrutado y, si eso les lleva a arder, si eso es lo que enseña la Iglesia, entonces sí, entonces serán dos pecadores sin perdón ni redención, pero para ellos, en ese mismo momento están tocando las puertas del cielo y juntos abren las puertas.

Abre los ojos. El frío le cala los pies y un escalofrío le sube por el cuerpo. Cierra los ojos a modo de despedida y una sonrisa picarona adorna su cara. Se frota suavemente su cuerpo. Se sube el cuello de su abrigo de nuevo, toma su bolso y se levanta despacio. Antes de abandonar su banco, el parque; mira los faroles y dice: “Sí, todo un acierto la película”. Camina con pasos seguros a su auto en el parqueadero del cine, esas sensaciones del parque aún recorrían su cuerpo al punto de hacer sus pasos lentos. Sin darse cuenta jadeos involuntarios la envuelven y siente que ella era parte de esa película. Sentía como si alguien manipulara sus pensamientos y la llevaba a la maldita escena que imaginó en el banco del parque.

La noche la invitaba a pecar y a ser una perversa embajadora de la lujuria, subió a su auto, encendió un cigarrillo y lentamente aspiraba la nicotina buscando una respuesta. Entre sonrisas se decía: "¿Cómo una maldita película causaba que su entrepierna se humedeciera?". Encendió la radio y se escuchó "Sadeness de Enigma". La melodía la envolvió y sin darse cuenta sus manos deseosas empezaron a recorrer su cuerpo hambriento de sexo. El deseo la hizo olvidar en dónde se encontraba y comenzó a dar rienda suelta a esa pervertida lujuria que la esclavizaba. Se desabrocha la blusa buscando sus senos para sentir el placer de masajearlos y apretar sus efectos pezones, sus jadeos son la melodía perfecta del placer que al igual que su sangre recorre su cuerpo por completo, cada fibra de su ser es parte de la lasciva imaginación.

Sus manos bajan por su vientre y hábilmente suben su falda, se deslizan con suavidad entre su ropa interior. Un gemido intenso salió de sus labios cuando sus dedos abrieron sus labios vaginales y pudo sentir la humedad de su entrepierna. La sensación se hacía más intensa, el placer es incontenible y hace retorcerse en el asiento; la manera en que sus dedos urgan su sexo la llevan a ese umbral en que la razón es dominada por la lujuria. Ya no existe el estacionamiento, ni algún posible mirón que disfrutara del espectáculo sino la bendita sensación de acercarse al orgasmo. Está al borde del abismo disfrutando de esa perversa sensación que la empuja, siente que cae en ese infierno del placer; las llamas de lujuria envuelven su cuerpo y el desenfreno la hace gemir intensamente como nunca antes lo hizo. Pulsaciones intensas en su vagina la hacen apoyar su cabeza sobre el volante mientras intenta regular su respiración. Al cabo de un momento su cuerpo está en calma, su excitación controlada; se mira en el retrovisor y contempla una delgada capa de sudor, ríe al sentirse sexi cuando arregla su cabello, abotona su blusa como si nada; de alguna manera sabe que más de alguien la vio masturbándose, sabe que ahora es la musa inspiradora de algún hombre que quiera hacer lo mismo que ella. Enciende el motor de su vehículo y conduce por la oscura cuidad rumbo a su casa, esperando que la escena vuelva a repetirse en la soledad de su habitación.
Pasiones Prohibidas ®
La mejor escena jamás grabada

Sala del cine. Última sesión. Es su preferida por la poca concurrencia, ruidos, aparcamiento, elección de butaca. Todo son ventajas. El día lo pedía pues l...Ver más
Bristhe M
Jun 14
Resulta que tengo este grupo algo abandonado ...pero estoy por actualizar historias y compartir nuevas...asi que esperen un poco más espero en las proximas semanas integrar las nuevas historias ya que tendre una colaboración muy importante de un escritor amigo.Resulta que tengo este grupo algo abandonado ...pero estoy por actualizar historias y compartir nuevas...asi que esperen un poco más espero en las proximas semanas integrar las nuevas historias ya que...Ver más
asimus9 M
May 10
¨Disfruto provocarte con mis versos perversos, esos que avivan tus deseos y follan tu mente, esos que te hacen imaginarme como la [email protected] mas caliente, esos que te hacen imaginar como disfruto tu falo en mi boca y para ser sincera yo también lo deseo como una loca, esos que en la distancia me permiten tocarte siempre y me brindan el gran privilegio de que por mi vayas caliente¨ asimus9¨Disfruto provocarte con mis versos perversos, esos que avivan tus deseos y follan tu mente, esos que te hacen imaginarme como la [email protected] mas caliente, esos que te hacen imaginar como disfruto tu falo en...Ver más
Páginas: 1 2 3 4 5 6 7 8 »

Noticias

  • mmmm69 M
    mmmm69 se unió al grupo
    Relatos Eróticos
    Relatos Eróticos
    Este grupo es para compartir relatos eróticos. Para los amantes de la lectura !!!!!
  • mmmm69 M
    mmmm69 acaba de incorporarse a este grupo
  • Hotgirl T
    Hotgirl acaba de incorporarse a este grupo
  • Dom_paraguayo H
    Dom_paraguayo acaba de incorporarse a este grupo
    Sep 20
    0 0
  • Starboy90 H
    Starboy90 acaba de incorporarse a este grupo
    Sep 20
    0 0
  • Brat27Storm M
    Brat27Storm acaba de incorporarse a este grupo
    Sep 18
    0 0
  • Zzz809 M
    Zzz809 acaba de incorporarse a este grupo
    Sep 18
    0 0
  • Cassius_Adler H
    Cassius_Adler acaba de incorporarse a este grupo
    Sep 18
    0 0
  • Apolineo69 H
    Apolineo69 acaba de incorporarse a este grupo
    Sep 17
    0 0
  • Gigieuch M
    Gigieuch acaba de incorporarse a este grupo
    Sep 14
    0 1
    A littlepersefone le gusta esto.