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Bristhe M
May 18
Silvana, la vecina de al lado
La relación con Silvana nunca fue de las mejores, desde que nos conocimos discutíamos por todo, en cierta forma nuestros caracteres eran incompatibles, por lo que cada vez que nos topábamos en los pasillos del edificio peleábamos por cualquier cosa; ya fuera por la música que escuchábamos, por ser hinchas de distintos clubes de futbol y cosas sin sentido.
Además, tengo la mala suerte de que era la vecina de al lado, obligadamente tenía que verla y para mí era un martirio topármela en el ascensor, en el hall del edificio o en el negocio de la esquina. Un día sin querer nos encontramos en un bar, había yo ido con unos amigos a beber algo después del trabajo y lo primero que vi al entrar es a Silvana sentada con un grupo de mujeres de su oficina. Tengo que reconocer algo, a pesar de llevarnos pésimo ella es una mujer guapísima, de labios y mirada sensual, curvas bien definidas, pero hay algo que siempre me ha gustado de ella: Ese delicioso olor a vainilla de su perfume. Bueno, les sigo contando que al verla sentada me dieron ganas de marcharme porque se me imaginaba que iba a comenzar con otro pleito, pero ya estaba ahí y no podía por culpa de ella perderme de pasar una buena velada con los amigos.
Al correr los minutos mis ojos se iban dónde estaba sentada, verla con ese vestido negro que hacia resaltar su figura era un deleite para mis ojos, por primera vez podía verla no como el enemigo acérrimo con quien discutir, sino como la sensual mujer que vive junto a mi departamento. Ella de igual forma miraba donde estaba yo y me hacia el indiferente hasta que nuestras miradas se cruzan, la miro fijamente y levanto mi vaso, ella sonríe y hace lo mismo, mis amigos se empiezan a retirar y me quedo solo esta vez en la barra degustando un último vaso de whisky cuando una mano toma mi hombro y la una voz me pregunta: “¿Te vas luego?”. Al girarme, era Silvana; le digo: “¿Quieres que me quite la chaqueta y la corbata para pelear?”. “No tonto”-me dice, “ya es tarde y no quiero regresar sola”. La miro y digo: “¿Te propongo algo?” –“A ver dime” –me dice. “Tomemos un trago sin pelear, ya conozco tu mal genio y nunca hemos tenido el placer de charlar” –le digo. –“Tienes razón, bebamos un trago y platiquemos” –me dice. Como un buen caballero me coloco de pie y acomodo su silla; de verdad es una mujer entretenida para charlar, con muchas cosas que decir. Terminamos el trago y por alguna extraña razón regresamos caminando al edificio, ella firmemente tomada de mi brazo; nunca hubiera pensado que iría con ella así, pero también pensaba que las cosas cambian y que siempre es bueno reconciliarse aunque no sepas quien fue el que comenzó la guerra. Sin soltarme el brazo caminamos hacia los ascensores que nos llevarán a nuestros departamentos, aprieto el botón y las puertas se abren, al entrar marco el número de nuestro piso pero ella aprieta todos los pisos y me dice: “Aun tenemos algo de tiempo para llegar. Además, nadie nos espera”. –“Tienes razón” –le digo, “nadie nos espera”. Al llegar al segundo piso se suelta de mi brazo pero se toma de mi mano. Al cerrarse la puerta acaricio su rostro y huelo su delicado perfume de vainilla. Camino al tercer piso me da espalda y se apega mi, en el cuarto piso la tomo de la cintura y muevo su cabello para posar mis labios en su cuello, en el quinto mi lengua recorría su cuello mientras se arrimaba más a mí para sentir como mi miembro erecto se posa en sus nalgas. Se voltea y muerde mis labios de una forma tan salvaje que me hace apretarla con fuerza para luego fundir nuestras bocas en un beso apasionado, mis manos insolentes se pierden debajo de su vestido y puedo notar como la humedad empapa su ropa interior. Pasamos de largo nuestro piso y llegamos al piso veinte, tres más arriba del nuestro; decidimos bajar por las escaleras, ahí en medio de la luz tenue que alumbran solo los escalones la llevo a pared en donde bajo los breteles del vestido y dejo sus senos al descubierto, aprieto sus pezones y ella gime de manera indecente mientras mi lengua invade su boca, hábilmente baja el cierre de mi pantalón y saca mi miembro a punto de explotar, me masturba suavemente sintiendo como se hinchaba más en su mano; levanto su vestido hasta las caderas y rompo el diminuto colaless que trae puesto. Con mis dedos estimulo su clítoris mientras ella no para de masturbarme. Ya no podemos contener el deseo que nos invade y la acomodo en las escaleras, la embisto con fuerza sacando un grito intenso que resonó0 en cada piso del edificio, poco a poco aumento mis movimientos.
La sensación de ser descubiertos y el placer de estar taladrando su deliciosa vagina aumentan nuestra perversión y ya sin importar que vieran como está pegada a mi miembro me tumbo en el piso y ella con sus piernas abiertas montada sobre mí y masajeando de manera salvaje su clítoris, sumado a los intensos gemidos la hacen explotar en un delicioso orgasmo. Sus piernas tiemblan y su respiración poco a poco se compone y sin parar de moverse aprieta con su vagina mi miembro y estallo inundando su interior con mi viscoso semen. Se coloca de pie exhausta y nos besamos hasta quedar sin respiración; la llevo a su departamento en donde nos despedimos. Abro mi puerta y me paro frente al espejo que está en la sala y sonrío recordando ese perverso momento.
Silvana siguió viviendo en su departamento y yo en el mío, claro que seguimos con las peleas pero siempre acordamos reconciliarnos primero en ese paseo en ascensor y después en el oscuro pasillo de las escaleras, con esas perversas practicas junto a la vecina de al lado.
Pasiones Prohibidas ®
Silvana, la vecina de al lado
La relación con Silvana nunca fue de las mejores, desde que nos conocimos discutíamos por todo, en cierta forma nuestros caracteres eran incompatibles, por lo que ...Ver más
Bristhe M
May 18
Una noche de dulce tortura

Carolina tiene 35 años, es una mujer sensual que sabe cómo seducir a un hombre; aunque tiene una fascinación por los juegos sexuales no tradicionales y un apetito insaciable por el sexo. Por mi parte soy un hombre de similares características en lo sexual, soy Dominante y tal vez un poco sádico. Nos conocimos en una junta de una comunidad de BDSM y desde ese día iniciamos el proceso de conocernos e iniciar así un camino como Amo y sumisa. Después de pasar alrededor de seis meses en consideración decidimos que ya era tiempo de formalizar nuestros deseos de estar juntos y ella pasar a convertirse en mi esclava 24/7 con todo lo que ello implica. No les contaré el largo proceso antes de la firma del contrato que nos uniría ni tampoco les contaré como ella fue ganando los collares hasta llegar al de esclava, ya que imagino que quieren saber los detalles escabrosos de una sesión o como la someto a mi voluntad, y para satisfacer su morbo les contaré de esa “noche de dulce tortura.
Ella tiene como instrucción de que antes que vuelva a casa deben estar su collar y cadena colgados en la puerta de entrada y ella completamente desnuda, solo con medias puestas y en posición NADU al momento de yo entrar, y nuestros juguetes acomodados en la cama. Recuerdo que cuando entré todo estaba en su lugar y mi preciosa esclava en medio de la sala esperándome complaciente. La saludo con un beso en su frente y le digo: “Puedes colocarte de pie”. Me quita la chaqueta la que va al perchero y enseguida camina hacia donde está su collar y correa, los trae hacia donde me quedo esperándola y al llegar se arrodilla y extiende sus manos para entregármelos. Se acomoda su sedoso pelo negro y procedo a colocar el collar en su cuello; gateando la guio por las escaleras de la casa para ir a nuestra habitación y como una perrita obediente sube las escaleras peldaño por peldaño, al detenerme frota su rostro en mi pierna en señal de afecto, acaricio su pelo y le ordeno al entrar que se coloque de pie; sin soltar su correa mi preciosa esclava se coloca de pie para acomodarse en la cruz de San Andrés para ser atada de pies y manos sin antes tomar el gagball que está en la cama para acallar sus gritos y gemidos, dándome la espalda inmovilizo sus extremidades para dar rienda al sádico Amo que disfruta flagelando a su esclava. Tomo una fusta equina, con la que empiezo a recorrer cada espacio de su cuerpo provocando pequeños espasmos, la pequeña punta de cuero se abre paso entre sus nalgas y continua el camino hacia su vagina, recorro su vulva abriendo paso entre sus labios para estimular su clítoris, gemidos ahogados salen de sus labios, “¿te excita puta?” –le pregunto, asiente con la cabeza. Sigo torturando su clítoris con el curtido cuero de mi fusta mientras sus piernas tiemblan y sus gemidos se hacen más recurrentes. Acorto su cadena y con su cabeza hacia atrás lamo su cara de manera obscena. “No es tiempo para que disfrutes pequeña perra” –le digo, “lo harás cuando yo quiera, no cuando tú lo desees” –susurro en su oído.
Azoto sus nalgas con fuerza con la fusta haciendo que su piel se enrojezca, la deslizo por sus muslos y le propino cinco azotes en cada uno, adoro ser testigo privilegiado de cómo su piel cambia de color con cada golpe, de la misma manera en que las marcas que deja la fusta en su espalda al momento de caer en ella con fuerza. Noto como lágrimas corren por sus ojos y le pregunto: “¿Quieres que pare?”, mueve su cabeza indicando que no, mientras mi lengua seca las lágrimas que se mezclan con su rímel. Después de veinte azotes más repartidos en su cuerpo la dejo descansar por unos minutos sin soltar sus ataduras y dejando su cadena en un gancho que está sobre la cruz de San Andrés para dejar su cabeza erguida. Coloco música en mi celular y suena Ordo Rosarius Equilibrio – “My imbecile, my idiot lover”, con tono de desprecio le digo: “Eso eres tú: ‘Mi imbécil, mi amante idiota’, solo sirves para ser abusada y maltratada”. Enciendo un cigarrillo y de pie a un lado de ella a medida que se consume le arrojo ceniza, las pequeñas brasas caen sobre sus nalgas, haciéndola saltar por el dolor de las pequeñas quemaduras. La saliva escurre por los orificios del gag y por la comisura de sus labios, verla así solo enciende mi perversión, tomo el flogger y la comienzo a azotar sin darle tregua, desde sus espalda a sus piernas las tiras de cuero marcan su figura, entre agónicos gritos de dolor mi putita se corre haciendo que sus fluidos corran por sus piernas; esa escena me encanta, que no pueda contenerte y de manera imprudente acabe con el solo hecho de ser castigada. Le quito el gag y la saliva que cae de su boca recorre su cuello y sus senos, es una puta sucia pero de esa manera la quiero, siendo la puta que se ganó mi corazón.
La tortura aun no acaba, bajo el cierre de mi pantalón y con mi miembro separo sus nalgas y con fuerza la embisto, ella grita de dolor; pero sigo con mis movimientos frenéticos tomado de sus caderas. “¡Me rompe mi Amo!” –grita mientras sigo taladrando su culo, esa inconfundible mezcla de dolor y placer la hacen presa y aunque sus gritos llenan la habitación no pide que me detenga porque le gusta ser sometida de esa forma, ser solo un juguete que es usado según mis caprichos. Cada vez m mis embestidas son más violentas y mi respiración se agita. Cada vez mi verga se hincha en el interior de su dilatado ano, entregada por completo a la tortura del placer gime de manera descontrolada hasta perderse en un delicioso orgasmo que aprisiona mi miembro en su interior. Las deliciosas pulsaciones de su ano estimulan el frenesí de mis movimientos, haciendo que vacíe mi espeso semen en su interior; poco a poco mi verga se deshincha y sale de su ano dejando escapar una mezcla de semen y sangre que corre hasta su vulva. La libero de sus amarras y cae desplomada al piso, me mira y sonríe, me dice: “Siempre me hace ir más allá”. Esta vez la levanto y cargo en mis brazos para llevarla a la cama, tendida aun jadeante y sin fuerzas le digo: “Estoy satisfecho, puedes descansar mi dulce esclava”, beso sus labios y me recuesto a su lado hasta que se duerme con una sonrisa en los labios. Siempre dispuesta a darme el placer que requiero y a ser usada de todas las maneras que se me pudieran ocurrir, nunca hay un no en sus labios porque sabe que siempre tendrá de mí una noche de dulce tortura.
Pasiones Prohibidas ®
Una noche de dulce tortura

Carolina tiene 35 años, es una mujer sensual que sabe cómo seducir a un hombre; aunque tiene una fascinación por los juegos sexuales no tradicionales y un ap...Ver más
Bristhe M
May 18
Su placer es mi placer
Al caer la noche en la habitación de un céntrico hotel se reúnen un hombre y una mujer para dar rienda suelta al más sublime acto de amor que el mundo no comprende pero que ellos saben apreciar. Él se sienta en silencio en un sofá mientras en la radio suena melodía que envuelve y seduce, ella espera de manera paciente a que se hombre decida hacerle para saciar su sed de lujuria, perversión y desenfreno. Una mirada basta para ella y entender que sin decir nada su hombre quiere que se mueva al ritmo de la música; como una experta bailarina de striptease se mueve frente a ese pervertido que es capaz de sin decir nada hace que cumpla sus deseos. Sabe que le excita ver como se mueve, solo se deja llevar por el ritmo suave de esa melodía que llena el ambiente. Al intentar quitarse la ropa la voz de aquel hombre se dejó resonar: "¡Solo sigue moviéndote!". Obediente a la voz de aquel hombre implacable sigue con ese movimiento sensual que lo enloquece.
Se apoya en un mueble de la habitación mientras él desliza su pie por aquellos firmes muslos hasta subir a sus nalgas y levantar su diminuto vestido, y así disfrutar de su redondeado trasero. La perversión se puede percibir en la mirada de aquel hombre al punto de ponerse de pie y rozar su miembro erecto entre esas deliciosas nalgas que siempre lo han transformado en un animal a la hora de estar juntos. Con calma se quita el cinturón y lo enrolla en su mano mientras ella sigue contoneandose; sigilosamente baja su pantaleta y con su mano libre recorre ese culo que tantas veces le ha pertenecido. Desliza sus manos por esas deliciosas nalgas buscando ese apretado ano y poco a poco introduce su dedo medio para dilatarlo, ella gime inmóvil dejándose invadir y violentar por su Dueño; él sediento por el placer que le provocan esos gemidos sigue de manera frenética abriendo con su dedo el apretado ano de su mujer complaciente. "¡Gime puta!" -le susurra uniendo su dedo índice a la penetración provocando en ella espasmos de placer. Sus gemidos se hacen más intensos y su respiración se agita más al sentir que la húmeda lengua de su pervertido Dominante recorre su cuello, ya completamente vulnerable al placer solo desea ser embestida por aquel hombre que sabe transportarla al placer; "¡por favor penetreme!" -súplica de manera ferviente. "Todavía no" -le dice con tono enérgico, ella sabe qué su impertinencia le traerá un placentero castigo y aún así sigue suplicando ser embestida con esa inusual fuerza que él suele hacerlo.
La desnuda sin prisa, tomándose el tiempo necesario para tejer en su mente el castigo por tales súplicas que no fueron requeridas por él. La coloca frente a él para deleitarse acariciando esos exuberantes senos, su hábil lengua los recorren y hace que sus pezones se erectan casi al punto de estallar. Mientras la música sigue en el ambiente llenándolo de erotismo ese perverso hombre desenreda el cinturón de su mano y apoya a su mujer sobre el mueble con el trasero extendido, ha llegado la hora de satisfacer el castigo pendiente; le susurra al oído: “Serán 59 azotes, los que uno a uno contarás, si no te oigo el siguiente será más fuerte. ¿Entendiste?”. Asiente con la cabeza, esperando el primer azote. Uno a uno se deja sentir y, con esa mezcla entre dolor y placer empieza la cuenta. Como un hábil verdugo de tiempos antiguos la azota con su cinturón desde los hombros a los muslos, dejando perceptibles marcas en esa delicada piel, ella disfruta de cada azote propinado y agradece a su dueño por aquella corrección; él por su parte con sus ojos llenos de sadismo se acerca al azote N° 59 que pondrá fin a ese delicioso tiempo de castigo. Cuando los labios de esa excitante mujer pronunciaron el número del último azote, él se detiene y en un acto impensado para muchos acaricia a su delicada amante y la besa, seca algunas lágrimas que rodaron por sus mejillas y con un suave pero intenso beso agradece la entrega de su mujer especial.
La lleva a la cama en donde la ata con su corbata, inmóvil y vulnerable la observa mientras se masturba de forma maliciosa, ella espera de manera silente a que ya rompa su vagina como ya lo ha hecho. Ya casi sin contenerse se lanza sobre ella y la embiste con fuerza, la penetra de esa manera descontrolada que a ambos les gusta, sentir sus cuerpos chocando al ritmo desenfrenado de un hombre que solo busca saciarse la enciende aún más. Abusada y usada por aquel hombre siente como el dolor se apodera de su sexo y que la rompe con esa fuerza de macho deseoso de placer.
Su vagina se contrae con más intensidad y su respiración se hace escasa, el dolor se transforma en placer y el deseo la hace presa de esa verga que llega al fondo de su ser. Ya en los brazos del orgasmo se entrega a ese placer perverso que solo su Dueño le proporciona y explota en un orquestado concierto de gemidos que la hacen quedar sin fuerzas, pero aquel hombre no ha termino de someterla; la desata y la pone sobre su estómago con las piernas separadas y sin cordura la penetra con fuerza por su ano, arrancando un agónico grito de dolor que lágrimas caen de sus ojos, las súplicas para que se detengan no son oídas y cada vez con más fuerza es abusada. Esa verga se hincha entre sus nalgas y la respiración de aquel encantador hombre abusador se agita, gotas de sudor caen en su espalda y balbuceos parecidos a gemidos salen de sus labios: "Mi Señor acabe en mi culo" -le dice; él sigue hasta llenar por completo ese dilatado agujero con ese espeso semen que quema sus entrañas. Él ya satisfecho intenta normalizar el ritmo de su respiración sin moverse, ella nota que ese delicioso miembro que la hace gritar y llorar de placer comienza a perder la erección y libera su adolorido culo haciendo que el esperarma salga de su interior y recorra el camino de su vulva hasta el clítoris.
Él se tumba de espalda sobre la cama y ella busca su regazo, acomoda en su pecho es rodeada por aquellos brazos fuertes, la abraza con delicadeza y la besa en los labios. Agradecido por la entrega de su complaciente mujer sumisa no para de acariciarla hasta que ella cierra los ojos rendida al placer y a la ternura que le brinda aquel hombre que ama y entregó su vida para que él dispusiera de ella como estime conveniente. La mañana los sorprende abrazados y en el acuerdo que tienen resuenan en los labios de ella: "Mi Amo, su placer es mi placer".
Pasiones Prohibidas ®
Su placer es mi placer
Al caer la noche en la habitación de un céntrico hotel se reúnen un hombre y una mujer para dar rienda suelta al más sublime acto de amor que el mundo no comprende pero q...Ver más
Bristhe M
Abr 30
Bienvenidos y gracias por compartir relatos !!!!!
Bristhe M
Abr 30
Juego perverso
Todo resulta un tanto extraño, no tengo la costumbre de contar las cosas que hago pero por alguna razón me resulta excitante contarles algo que sucedió hace ya un par de meses atrás. Les cuento que soy un chico de 17 años, con algo de experiencia en cuanto a sexo se refiere ya que he tenido algunos encuentros con un par de compañeras de curso e incluso con una profesora que me enseñó algo más después del horario de clases.
Era martes por la tarde cuando llegué de la escuela, cansado porque tuve una extenuante clase de gimnasia, mis padres no estaban ya que trabajan todo el día; tampoco estaba Luisa mi hermana mayor de 18 años. Tenía la casa para mi solo así que asalté el refrigerador me di una ducha y me recosté sobre la cama, mis ojos se pusieron párpados se hicieron pesados y a duras penas podía mantener abiertos los ojos, pero mi mente luchaba por mantenerme despierto mandando imágenes de aquellas experiencias con Miss Castillo. Excitado y cansado me masturbé pensando en esa deliciosa vagina que palpitaba cada vez que la embestía con fuerza, solo recordar sus gemidos hacen que el sueño se me vaya y de rienda al placer de recordar tan excitante momento. Explote como un volcán en erupción, desbordando mi espeso y caliente esperma por toda mi pelvis y miembro, casi de manera automática mis ojos se cerraron y me quedé dormido profundamente.
Desperté después de un rato igual de excitado, pero no con ganas de masturbarme sino con ganas de tener sexo con alguna compañerita caliente que estuviera disponible, le mandé mensajes a varias pero ninguna tenía tiempo, así que decidí dejar esas ganas alguna otra ocasión sin pensar lo que la noche me había preparado.
Luisa me llama al celular para decirme que mis padres iban a pasar la noche fuera y que ella iba a llegar un poco más tarde de lo presupuestado, sin tomar importancia empecé a hacer unos trabajos que tenia pendiente en el colegio, pasan las nueve de la noche y mi hermana llega a casa; cenamos y nos sentamos en el sofá para ver una película (cosa que no hacíamos hace tiempo). La trama se ponía interesante ya que había algo de porno soft y me calentaba ver a las chicas de la película entregarse con tanta facilidad. Con una erección que apretaba mi pantalón miraba a Luisa de manera perversa, se había convertido en mi mente en una hembra para saciar al macho que estaba deseoso de sexo.
La miraba y la imaginaba desnuda encima de mí moviéndose como loca, mi erección se hace más intensa y mis manos se deslizan por sobre el pantalón tratando de acomodar mi miembro pero las ganas se hacían incontrolables. Me levanto para ir al baño a descargar esos pensamientos maliciosos. Cuando volví la muy puta tenía su pantalón desabrochado y su respiración agitada, se había masturbado, y pensó que no lo notaría. Me senté a su lado esperando el momento exacto en donde me lanzaría como lobo hambriento para devorarla como un suculento pedazo de carne. Podía sentir el olor a sexo que salía de su vagina, otra vez mi miembro se empezaba a poner duro pero esta vez ya no iría al baño, la tomaría quisiera ella o no. Me acerqué a Luisa con la morbosa intención de tocarla, deslicé mi mano por su pierna, su respiración se agitó y me pedía que por favor parara pero ya estábamos en ese punto de no retorno; subí por su muslo, de a poco abrió sus piernas y me ofreció esa deliciosa vagina, sobre su pantalón acariciaba su hinchado sexo; aunque había algo de cordura en ella pero a la vez quería que mi mano siguiera explorando cada rincón de su cuerpo.
Se acomoda para darme la libertad de invadirla, al meter mi mano bajo su corto pantalón podía sentir la humedad de su vagina, mis dedos se deslizaban por su clítoris haciéndola gemir intensamente, poco a poco me deslizo y así penetrarla con mis dedos. Me miraba con ojos de caliente pidiéndome que lo haga más rápido, sus gemidos se transformaron en gritos hilarantes, estaba terminar en un orgasmo intenso. Me suplicaba que metiera más de dos dedos en su vagina, uno a uno los hacia entrar y sin darme cuenta tenía la mitad de mi puño dentro de ella; en éxtasis se perdió en el placer y pervertidamente la penetré hasta la muñeca a lo que la hizo explotar en gritos y gemidos descontrolados hasta incluso babear de excitación. La desnudé despacio, saboreando con mi lengua cada espacio de su cuerpo hasta perderme en su clítoris, ella apretaba sus pezones cuando mi lengua entraba en su sexo caliente y húmedo. "¡Qué rico hermanito, sigue así!" -me dice. Lamí desde su clítoris hasta su culo, se estremecía completa y me pedía más.
Al quitarle el pantalón se lanza sobre mí y hambrienta por mi verga la chupó como una loca tragándose cada centímetro hasta ahogarse, en sus ojos se percibía el deseo, se percibía que me deseaba tanto como yo a ella. Verla como se tragaba mi miembro en verdad ni en la mejor película porno de la historia lo había visto, con esa cara de niña perversa mientras me masturba y me habla sucio. Cuando estaba casi por acabar se detiene y sonríe, "¡Quiero qué acabes dentro mío hermanito!" -me dice. Se monta encima de mí y de una mete toda mi verga en su interior, tal y como la imaginaba se mueve, poseída por el placer gime como si su vida se acabara, aprieta sus pezones y los gira. Tomado de sus caderas le marco el ritmo que debe seguir; era alucinante la forma en que mi hermanita se movía de arriba a abajo aplastando con fuerza mis testículos y cuando paraba descansar apretada con su vagina mi pene haciéndome gemir de placer.
Se bajó y solita se colocó en cuatro, lamí desde su culo a su clítoris; con fuerza embestí su vagina, tomo su pelo y la embisto con más fuerza. "Tienes una conchita muy rica Luisa, amo como late cuando te clavo mi verga" -le dije, ella solo gemía mientras el sudor la envuelve y otra vez acaba en un sensacional orgasmo que la deja temblando. Seguí moviéndome lento pero penetrándola hasta meterla completa, sus movimientos en círculos hacen que explote en su interior llenándola con mi semen espeso y caliente.
Cayó rendida sobre su pecho y yo sobre su espalda, lamí su cuello probando el sabor salado de su sudor; su vagina seguía palpitante estrujando hasta la última gota de esperma. Después de descansar sobre su espalda nos besamos e hicimos el pacto de que cada vez que estemos solos continuar con nuestro perverso juego incestuoso, pero jugando por whatsapp desde nuestra habitación cuando tengamos ganas de portarnos mal.
Pasiones Prohibidas ®
Juego perverso
Todo resulta un tanto extraño, no tengo la costumbre de contar las cosas que hago pero por alguna razón me resulta excitante contarles algo que sucedió hace ya un par de meses at...Ver más
Bristhe M
Abr 30
Robando placer
Leslie es nuestra babysitter, una chica sensual de veinte años que despierta mi perversión. Siempre la llamamos con mi esposa cuando salimos a comer o a reuniones con amigos para que cuide a nuestra pequeña de dos años. Desde que la llamamos he tenido esa fantasia recurrente de tomarla por la fuerza y desatar esos juegos perversos que mi mujer me ha negado.
Mi mujer se fue un fin de semana a la casa de sus padres con la pequeña, era mi oportunidad de mover mis piezas y arriesgarme a poseerla. Tomo mi teléfono, le digo si puede venir a casa pero le explico que no necesito sus servicios de niñera sino que debo atender a unos amigos y necesito su ayuda (cosa que es mentira). Accede a la propuesta y en una hora ya estaba tocando el timbre para entrar, verla con ese ajustado jeans hizo que mi mente volara y con esa pequeña blusa abierta tres botones del escote que deja al descubierto el borde de sus deliciosos senos y como detalle adicional amarrada abajo, dejando su abdomen al descubierto.
Obsesionado con poseerla sigo sus pasos en casa, la miro con lujuria y la imagino sometida a mis deseos. En algunas ocasiones tuve que masturbarme en el baño por no aguantar más el deseo que me consume. Es casi imposible sacar de mi mente esas lascivas imágenes que me invaden, es imperante tejer un plan para tomarla con su consentimiento o no.
Recuerdo que tengo cinta adhesiva en una caja de herramientas y cuando menos lo esperó me lanzo sobre ella en la sala. Encinto sus muñecas y su boca, al verla vulnerable le digo: "Si te comportas puede ser que te deje disfrutarlo". Rompí su ropa y comencé mi juego perverso. Lo primero fue castigar duramente sus senos, se retuerce en la cama pidiendo piedad pero sus gritos son ahogados por la cinta, ver las marcas que mis dedos dejan hace que mi perversión se eleve más; sin un ápice de compasión jalo su pelo y le doy unas bofetada que hace voltear su cara, con lágrimas en los ojos me mira suplicante pero en ese momento saciar mi sed de sexo es más importante que la piedad. Deslizo mi lengua en su cuello para bajar a sus maltratados senos y morderlos sin un ápice de compasión, se retuerce en el sofá y mis dedos se hunden en el interior de su vagina. -"¿Te mojaste putita?" -le digo. La doy vuelta dejando sus nalgas a mi disposición, me quito el cinturón y recorro ese hermoso trasero; ella tiembla sabiendo lo que pasará. Le doy un golpe fuerte que la hace doblarse, de manera perversa sigo golpeándola hasta que el color de sus nalgas cambia, su respiración se agita y tiembla por el miedo. Me paseo de un lado a otro observando cómo poco a poco se calma, hasta que mis dedos sin previo aviso invaden su sexo y la agitación otra vez se apodera de la pequeña Leslie, puedo sentir como su vagina se contrae con el movimiento de mis dedos al penetrarla. -"¿Estás acabando pequeña zorrita?" Susurro en su oído, asiente con la cabeza siguiendo los perversos movimientos de mis dedos con su sexo que destila placer.
La llevo a la habitación en donde corto la cinta de sus manos, al sentirse libre intenta forcejear pero no dejo que se mueva, ya que la tomo de las muñecas, la obligo a quedarse quieta mientras mi boca se posa en sus senos. Ya no se resiste, mi lengua y mis dientes disfrutan la erección de sus pezones, despacio bajo hasta su sexo para beber el néctar que brota de entre sus piernas; los forcejeos se transforman ahora en caricias, hunde mi cabeza en su vagina para que beba hasta la última gota que sale de su interior. Leslie se había entregado al placer, había domado a esa potranca salvaje y se convirtió en ese momento en el objeto que sacaría mi sed de sadismo. Al quitarle la cinta de su boca esos gemidos contenidos afloraron con fuerza, llenando la casa por completo; extasiado disfruto de cada uno de ellos mientras mi lengua sigue causando estragos en su clítoris.
Mi perversión está a mil, mis deseos perversos demandan más. Ya sumisa y complaciente le ordeno que se quede en la cama con los ojos cerrados, en la mesa de noche hay un par de velas que quedaron de un corte de luz, las enciendo y espero que la cera se acumule para verterla en sus senos. Un gemido de dolor y placer sale de sus deliciosos labios cuando la cera toca su pecho; mi boca busca sus labios y con un obsceno beso ya se entrega por completo al juego pervertido en que la envolví. Derramo más cera en su abdomen hasta acercarme al borde de su sexo, sigue gimiendo descontrolada y susurra: "¡Qué rico!".
Solo gime sin decir nada pero en su a ojos se pueden ver las ganas de ser penetrada; me quito el pantalón y ella desliza su lengua por sus labios, me mira suplicante y deseosa, esperando que irrumpa con fuerza en su vagina para poseerla. Separa las piernas y súplica que la haga gritar, me acerco rozando mi glande por su clítoris hinchado y palpitante; mi lengua se desliza por su cara de manera perversa y la embisto con fuerza arrancando un agónico grito; ya no hay tiempo de pensar en su placer, la penetro cada vez más fuerte. Sus ojos en blanco son la señal inequívoca del placer que recorre cada espacio de su cuerpo hasta el punto de perder la conciencia y es traída de vuelta con esas mismas embestidas que apagan sus sentidos por un momento. Le ordeno que se monte sobre mí, obediente abre sus labios vaginales para ser invadida otra vez por mi miembro, tomado de sus muslos marco el ritmo que debe seguir. Sus piernas tiemblan, su pecho se agita y ese delicioso sexo húmedo se contrae en cada movimiento; otro intenso orgasmo se apodera de ella y esta vez cae rendida a un lado de la cama en casi la inconsciencia absoluta, ahora de manera suave le hablo y a través de caricias, mimos la traigo de vuelta. Al volver, me mira y sonríe, me abraza para besarme de manera apasionada, sabiendo que desde ese día pasó a ser no sólo mi propiedad, también secretamente se convirtió en la mujer que sacaría mis deseos oscuros.
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Robando placer
Leslie es nuestra babysitter, una chica sensual de veinte años que despierta mi perversión. Siempre la llamamos con mi esposa cuando salimos a comer o a reuniones con amigos para...Ver más
zorritalilith M
Abr 29
EL Salon del Caballero Oscuro Camino a encontrarse estaba algo nerviosa, tiempo sin verle y rendirse a sus cuidados, su corazòn latia con mucha fuerza, ya desde el momento de despertarse todos sus sentidos estaban muy alerta, recibe una llamada en dos horas ve a esta direcciòn nena ve hermosa para mi, sonreia ilusionada le vere me poseera como solo El lo sabe, noto su sensibilidad al banarse su piel estaba sensible, se dio todos los cuidados que una dama realiza cuando un caballero de la oscuridad le llama, lilith estaba muy hambrienta y necesitada, vistio ropa muy hermosa, tomo las llaves, su pequeña maletita y saliò de casa entre asustada y emocionada, al llegar a lugar el caballero la esperaba encantado, ofrecio bebidas y charlaron un largo rato, mejor dicho lilith que es taciturna conversaba para refrenar su nerviosismo, pacientemente le escuchaba hasta que ella dijo una frase que libero al dominante y sàdico Señor, quiero decirle he conocido personas muy interesantes he expuesto someramente nuestro vìnculo, me han dicho que Usted es muy afortunado tambien que estoy muy entregada como una esclava suya, levantadose de su asiento le indico has observado a tu alrededor desde que llegaste he tenido una hora tu atención, observo el salon, noto cuerda en el techo, velas, alomoadones, una barra de metal con tobilleras, una mordaza, pañuelos y un artefacto precido a un rebenue pero no era de cuero, todo esta muy hermoso gracias señor por preparar todo esto para ambos, sus ojos oscuros adquieren un brillo salvaje que ella conoce muy bien, con voz suave y firme le dice colocate en el centro levanta los brazos y separa muy abierta tus piernas, obedeciò muy humeecida la indicaciòn dada, le beso con pasiòn hambre y deseo los labios, mientras sujetaba su rostro y ella continuaba en la postura indicada, ceso el beso y sujeto conla cuerdas sus manos, posteriormente bajo hacia sus tobillos acuclillado colocando las tobilleras, nunca antes ver un hombre de cuclillas le habia parecido tan poderoso aunque ella era quien estaba de pie, su vagina lubricaba mucho, se levanto le amordazo indicandole me dijiste que querias un rebenque he hecho uno mira, casi lloro pero la mordaza le impedia hablar, con todo su cuerpo intento demostrar lo agradecida que estaba en ese momento, procedio a azotarle, picaba dolia, el material se sentia fuerte no era como el flogger de cuero sin embargo era muy rico, su señor despues de tanto tiempo de nuevo la estaba domando, luego noto que por sus piernas caian sus fluidos, deseaba gritar besarle pero estaba amordazada y vulnerable, no se dio cuenta cuanto tiempo habia padado debio ser mucho porque el ceso su azotaina, que hermosa te ves con mis marcas en tu piel, mira los choros de tu lubricacion lilith eres Mia.. quito su mordaza si suya, procedio a pentrarla con una fuerza brutal gemia, la silencio con sus mans, uso su uerpo todo el tiempo que quizo o hasta qu noto que no estaba alli, se habia ido a su rinon de paz y felicidad solto las cuerdas y las tobilleras dirigiendola al baño, chupa zorrita se arodilla y chupa famelica hambrienta intenta trgar todo de una vez, el sonrie si eres Mìa toma su cabeza empuja con fuerza cae hacia atras para dar mas acceso, mia mia, ella tiene un brutal orgasmo solo de sentirle penetrando su boca, ha regresado al mundo de los humanos, ya no esta volando, saque su pene y la baña con nectar caara rostro y cabellos, levante vamos a bañarnos.
FIN
EL Salon del Caballero Oscuro Camino a encontrarse estaba algo nerviosa, tiempo sin verle y rendirse a sus cuidados, su corazòn latia con mucha fuerza, ya desde el momento de despertarse todos sus sen...Ver más
Bristhe M
Abr 24
La compañera de trabajo
Hace un tiempo conocí a Magaly, una chica sensual de 25 años, con pelo largo hasta los hombros, de color castaño, ojos café, mirada insinuante, con un escote que hacia mirar aunque no quisieras hacerlo y un trasero de antología, compañeros de trabajo; vestía siempre de manera sensual lo que resalta su figura. Por mi parte un hombre de 30 años, cansado de las típicas relaciones amorosas, ya hace tres años eso murió para mí y mis gustos se volvieron distintos a los demás.
Toda la semana había planeado la forma en abordarla e invitarla a tomar un par de tragos, intentar conquistarla. Por fin había llegado el viernes, Magaly se dirige al lugar donde pasa el bus, casi corriendo la alcanzo a una cuadra de la parada, la tomo del brazo y se voltea algo asustada; noto un suspiro de alivio que sale de ella. "Casi te golpeo" —me dice riendo. "Creo que lo hubiese merecido" —le respondo, "quiero invitarte a tomar algo y charlar un rato.¿Te parece?" —le digo. Después de un largo silencio me responde que sí, pero con la condición de que me comporte ya que muchos de la oficina la habían invitado antes y todos se habían propasado con ella dándole a entender que tenia que pagar en la cama lo que había consumido en la cita. "No te preocupes, no soy como el resto de esos idiotas" —le digo. Con un ojalá acepta pero no más de tres tragos porque debía volver no muy tarde, como La Cenicienta - ante de medianohe. Vamos a un bar cercano para beber y charlar.
Al entrar nos sentamos en la barra, como un caballero acomodo su silla, pide una Margarita y yo un vaso de whisky sin hielo. La charla comienza con una payasada de mi parte y una risa contagiosa sale de sus labios, me entero que viene saliendo de una relación que la única alegría que le dejó fue una niña de tres años. Ya en el segundo vaso de mi licor favorito mi mente comenzó a volar y la imaginaba completamente desnuda, con los ojos vendados y esposada con las manos atrás, mientras era sometida a los azotes de una fusta en sus glúteos, muslos, espalda y senos. Ya el tercer trago se acercaba y decidí arriesgarme, le tome una mano y le dije que me gustaría conocerla más a fondo y llegar a tener una relación, qué no se preocupara, ya que con la falsa valentía que me había dado el licor le decía eso pero que no habrían proporciones de ir a un hotel para "cobrar la cuenta", sino que con el solo hecho de estar ella ahí ya me daba por pagado. Me miró con asombro y el barman sirve el tercer trago, este fue más pausado, me dijo que yo no le era indiferente pero su miedo era sufrir otra vez por no ser valorada, acarició mi rostro despacio y yo el de ella. Algo temblorosa sigue el camino mis dedos los que de manera sigilosa tocan sus labios haciendo que suspire y los separe lentamente, no sé si serán los estragos del alcohol o de vergüenza pero sus mejillas se sonrojaron; apretó mi mano y me dijo que ya se debía ir. Salimos, mientras esperamos el Uber que la llevará a casa enciendo un cigarrillo, le digo que se acerque porque noté que sentía frío, la envolví en mis brazos y la notificación indica que el vehículo está s un minuto de llegar. " Espero que ésta salida se repita" —me dice, "siempre que así lo quieras se repetirá" —le respondo. Llega el auto y otra vez caballerosamente le abro la puerta, me abraza con fuerza y me besa de manera sutil en los labios. Al comenzar la marcha me llega la notificación de un WhatsApp que entró, era deMagaly, decía: "Gracias por tan linda noche, de verdad quiero repetirla". Nunca había respondido un mensaje con tanta rápidez: "Siempre estaré en el mismo lugar en la semana. Puede ser cuando quieras y puedas".
Ese fin de semana no pude sacarme de la mente ese pequeño beso de despedida, recordarlo me excitaba mucho al punto de masturbarme y saciar en parte esa lujuria que me consume por dentro. Solo espero con ansias el lunes (cosa que nunca hice) para verla y charlar. Por fin el fin de semana se fue y el lunes llegó, al vernos nos saludamos con un beso cerca de los labios, los mensajes se hicieron frecuentes; almorzamos juntos toda esa semana e incluso la iba a dejar a la parada del bus y cada vez se despedía de la misma manera. Cuando llegaba a casa saciaba mis ganas de tenerla masturbándome imaginando las cosas más sucias que la mente humana puede tejer. Llegó el viernes y fuimos otra vez al bar, otra vez en la barra pero esta vez ella más cerca mío, podía notar cada vez que acariciaba mi rostro mordía sus labios, ya no podía aguantar de meter mi lengua en su boca y recorrer su cuerpo. Me coloco de pie, le digo que vuelvo enseguida, camino con dirección al baño del local pero me quedo afuera pensando en la forma qué iba a robar ese beso que tanto deseo. Al llegar la tomo de la mano y me acerco, pongo su cabeza en mi pecho y el aroma de su perfume me vuelve loco, le digo que me mire a los ojos pero mis ojos de concentran en sus labios cubiertos de un brillo que los hace resaltar; "perdona, pero no resisto" —le digo, dándole un beso lujurioso que ella responde. Mis manos dan un viaje por su espalda y cintura; cada vez me pegaba a ella, separa sus piernas para darme cabida y permitirme rozar su intimidad, entiendo que es el momento de pedir la cuenta para salir de ese lugar e ir a mi departamento pero también es el momento de contarle sobre mis gustos en referencia a lo sexual. Al entrar se lanza sobre mí y me besa de manera descontrolada, me quita la corbata de un jalón y desabrocha mi camisa haciendo que pierda el control. Casi en éxtasis, comienzo a invadir su cuerpo con mis caricias, la llevo a la pared y levanto sus brazos sobre su cabeza, de esa forma obtengo su completa rendición a mis deseos; sin decirle nada musita: "Soy toda suya mi Amo". Sorprendido por lo que dijo ya que nuestros gustos son afines, sigo con mis manos explorando su delicado cuerpo y disfrutando de su mirada perdida por el placer que provoca mi mano debajo de su falda. No tuve que explicarle nada, sola me entrega el control de su cuerpo esa noche, teniendo la libertad de hacer con ella lo que mis instintos me dictaran.
La volteo poniéndola de cara contra la pared, levanto su sugerente falda y me deleito con esas deliciosas nalgas recorriéndolas por completo, ya que un pequeño colaless se perdía entre ellas, quito el sujetador de sus medias y la nalgueo de manera suave, un delicado gemido sale de sus labios a medida que mis golpes se hacen más fuertes dejando mis dedos marcados en sus glúteos. La jalo del cabello y le susurro que guarde silencio mientras jalo más fuerte su pelo haciéndola que gire la cabeza para meter mi lengua en su boca, disfruto de esos besos candentes mientras se mezclan con el dolor de sus gemidos. Con todo el derecho que me dio al entregarse, la desnudo por completo. " No te muevas" —le susurro. Me sirvo un vaso de whisky y me siento en el sofá, la llamo por su nombre y con mi dedo índice le muestro el piso; de manera obediente se arrodilla y al ver que golpeo tres veces mi muslo avanza como una pequeña poodle obediente al llamado de su Amo.
Al llegar a mí se mete entre mis piernas, acaricio su pelo mientras sorbo a sorbo el whisky se acaba; con su cabeza apoyada en mi muslo y mis dedos acariciando su pelo, suspira profundamente al sentir que mis dedos se enredan en su pelo mientras que el vaso queda en la mesa. Hago que frote su cara en mi entrepierna para que sienta mi erección, me dice que quiere tener mi miembro en su boca pero aún no ha ganado ese derecho todavía. La coloco de pie y la llevo a mi habitación; allí, le digo que todo estará bien y que no está forzada a hacer nada que ella no quiera. "Usted puede hacer lo que estime conveniente conmigo mi señor" —me dice.
Me dirijo al closet, tomo una de mis corbatas y vendo sus ojos; le coloco un par de esposas en las muñecas para dejarla con sus brazos en el aire en un gancho que sale de la pared. Con la expectación a mil, recorro su espalda con la punta de mis dedos, esa mezcla de miedo y excitación se apodera de Magaly, puedo notar que su entrepierna está húmeda, su sexo reclama ser sometido, meto un dedo en su sexo caliente arrancando un gemido intenso que me deja extasiado. Me dirijo otra vez al closet y saco una pequeña maleta en donde hay algunos juguetes. Una paleta y un flogger serán los encargados de abrir la sesión de flagelación. Tomo el flogger, deslizo sus tiras de cuero por su espalda; su respiración se agita, la acaricio con paciencia hasta que su cuerpo se relaja y poco a poco la azoto dejando marcas en sus nalgas y espalda. Su cuerpo tiembla al sentir como pantalón roza sus nalgas. "¿Puedes seguir?" —le pregunto, asiente con su cabeza. Otra vez flagelo su espalda con el flogger, recibo en retribución gritos de dolor mezclados con placer; al verla temblar me detengo, le susurro al oído que ya es suficiente. Quito la venda y las esposas, al verse liberada se lanza sobre mí; la abrazo con fuerza y beso sus labios de manera delicada. Se tiende sobre su vientre en la cama mientras la acaricio con suavidad. Decidí guardar la paleta y dejar que descanse, a fin de cuentas tendremos más tiempo para jugar de la manera que así lo queramos. Solo les cuento que desde esa vez Magaly se volvió parte importante de mis juegos perversos, tanto así que en unos días tendremos una ceremonia en donde le entregaré mi collar definitivo para volverse de una vez mi esclava.
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La compañera de trabajo
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Kevintailee12599 H
Abr 22
La Felicidad Del Sumiso Habia una Vez un Sumiso Queriendo Complacer a Su Señora así que decidió Buscar información a cerca de lo que le gusta a su señora y decidió comentarle a ver qué opinaba si le parecía poner en práctica lo aprendido pero algo que la señora dijo es que siempre que se sienta con dolor diga rojo o pare para que ella sepa y detenga la práctica el contento sabiendo que podía complacerla aguanto todo lo que la señora le proponia y al final de todo le preguntaba cómo se sintió que le gusto y que talves no le agrado mucho para seguir mejorando el contento porque sabía que estaba en buenas manlsLa Felicidad Del Sumiso Habia una Vez un Sumiso Queriendo Complacer a Su Señora así que decidió Buscar información a cerca de lo que le gusta a su señora y decidió comentarle a ver qué opinaba si le p...Ver más
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La Felicidad Del Sumiso
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    Este grupo es para compartir relatos eróticos. Para los amantes de la lectura !!!!!
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