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DIMENSIONES PSICOLOGICAS DE LA ENTREGA MASOQUISTA - Submissive and Dominant VIP

Info del Grupo

Submissive and Dominant VIP

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La seriedad, el respeto y la educación ante todo. 

Es un grupo con filtros protegidos, donde la misión es lograr la educación y el respeto entre todos los participantes, algo básico dentro de la comunidad bedesemera. BDSM un estilo de vida...  

  • Creado: Jul 28 '19
  • Admin: Lezdom
Lauravaldiv M
Lauravaldiv Sep 5 '19

DIMENSIONES PSICOLOGICAS DE LA ENTREGA MASOQUISTA

El año de publicación original del artículo es el 2008,y su autora es la psiquiatra americana Dorothy C. Hayden.

Hace algunos años, en relación a mis trabajos sobre la adicción al sexo, un grupo de sumisos empezaron a acercarse a mi para recibir tratamiento. Algunas de estas personas eran extremadamente renuentes a discutir las razones por las que buscaban terapia: también estaban tan avergonzados de sus fantasías y sus conductas, que me llevó años de trabajar con ellos hasta que pude saber sus verdaderos nombres, o sus números de teléfono. Aquellos pacientes que pudieron ser directos y abiertos acerca de sus conductas masoquistas y sus fantasías, estaban tan confundidos como yo. Uno de mis pacientes me dio por escrito, luego de meses de resistencia, una fantasía masoquista, y me dijo: “Aquí está. Esta es la razón por la que vine a terapia. Es terrible. Es enfermo. Lo odio, es mi fantasía favorita. No lo soporto, lo amo. Es asqueroso, no quiero terminarlo”.

Aprender acerca del mundo S&M fue una experiencia invaluable para mi. Tengo que admitir que, viéndolo desde la perspectiva de lo que yo conocía acerca de la naturaleza del individuo (self [1]), el masoquismo me intrigaba, dando por tierra con todo lo que era racional acerca de la naturaleza de la personalidad humana. La gente quiere ser feliz, y evitar el dolor y el sufrimiento. Buscan mantener e incrementar su control sobre si mismos y su entorno. Y desean mantener e incrementar su prestigio, respeto y estima. Visto desde la perspectiva de estos tres principios acerca del individuo, el masoquismo es una paradoja deslumbrante. El yo (self) se desarrolla para evitar el dolor, pero el masoquista busca el dolor. El yo (self) pugna por el control, pero el masoquista busca renunciar al control. El yo (self) apunta a maximizar su autoestima, pero el masoquista deliberadamente busca la humillación.


DESTAPANDO UN MUNDO
Escuché historias de latigos, varas, potros, CBT, cera caliente sobre piel desnuda, aparatos electrónicos diseñados para provocar el nivel preciso de dolor, la dificultad en hallar al Ama adecuada, y la sorprendente cantidad de “mazmorras” que existían a unas pocas cuadras de mi oficina en pleno centro.
Además, los hombres me hablaban de la frustración de no poder interesar a sus esposas o parejas (que tomaban estas actividades sexuales como perversas) en participar de las conductas sexuales que tanto deseaban. Sospecho que había un gran número de personas que sentían una tremenda vergüenza y aislamiento debido a sus deseos de sumisión masoquista. Decidí revisar la literatura clínica sobre el masoquismo, para munirme de un mejor entendimiento psicodinámico sobre por qué estos hombres, que tan asiduamente se sentían atados por la vergüenza, estaban tan dispuestos a ser dominados, heridos, torturados por fuertes mujeres dominantes.
Esto es lo que mi investigación reveló: de acuerdo al Manual de Diagnóstico y Estadística de la Asociación Psiquiátrica Americana (la biblia de los psicólogos) [DSMIV , por su sigla en inglés [2]], cualquiera que participa regularmente en sexo masoquista está mentalmente enfermo, por definición. Hay una larga tradición de considerar al masoquismo como la actividad de individuos mentalmente enfermos. Freud describió el masoquismo como una perversión. Uno de sus seguidores relacionó el masoquismo con el canibalismo, la criminalidad, la necrofilia y el vampirismo. Otro dijo que todos los neuróticos son masoquistas. En breve, la perspectiva clínica siempre consideró a los masoquistas como seriamente desquilibrados.


EL ENFOQUE TERAPEUTICO
Krafft-Ebing, el psiquiatra del siglo XIX que acuño el término, incluyó el masoquismo bajo el amplio título de “Patalogía General”, en su famoso volumen Psychpath Sexualize, en 1876. El masoquismo se volvió un fenómeno patológico, sexual y psicopático todo a un tiempo.
“Por masoquismo, entiendo una perversión particular de la vida psico-sexual, en la cual el individuo afectado, en sentimiento sexual y en pensamiento, es controlado por la idea de estar completa y incondicionalmente sujeto a la voluntad de una persona del sexo opuesto, siendo tratado por esta persona como un Amo – humillado y abusado. Esta idea está matizada por un sentimiendo de lujuria; el masoquista vive en fantasías, en las que crea situaciones de este tipo, y frecuentemente intenta llevarlas a cabo. Debido a esta perversión, su instinto sexual se vuelve más o menos insensible a los encantos naturales del sexo opuesto – incapaz de una vida sexual normal – físicamente impotente”.
Prácticamente es un dogma del pensamiento psicoanalítico, que el masoquismo es la condición sexual en la que el castigo es necesario antes de poder alcanzar la satisfacción. Freud entendió que el fenómeno resultaba de un “sentimiento inconsciente de culpa”, como una “necesidad de castigo de parte de una autoridad paternal”. En sus escritos de 1919, Freud fundó el génesis y el punto de referencia del masoquismo en el complejo de Edipo. El masoquismo, según él, empieza realmente en la sexualidad infantil, cuando el deseo de una conexión incestuosa con la madre o el padre debe ser reprimido. La culpa aparece en este momento, en conexión con los deseos incestuosos. La figura paternal se convierte entonces en el dador de castigos en vez de amor, y aparece en deseos de golpizas y azotes. La fantasía de ser golpeado resulto así el punto de encuentro entre el sentido de la culpa y el amor sexual. Más allá de que implique dolor literalmente o no, el castigo deseado por el masoquista es disfrutado en sí mismo. Tanto el castigo como la satisfacción, ambos producen placer –y humillación. Freud, refiriéndose al masoquismo como una “perversión”, lo enterró para siempre en el ghetto de lo aberrante y “desviado” (deviant).
Mi investigación, sin embargo, no concordaba con mi realidad clínica. Las personas que se me presentaron no eran inmaduras ni inferiores. De hecho, parecía suceder lo contrario. Los masoquistas suelen ser exitosos de acuerdo a los estándares sociales: profesional, sexual, emocional y culturalmente, en matrimonios o fuera de ellos. Frecuentemente se trata de individuos con un carácter fuerte, de gran personalidad, capaces de hacer frente a las dificultades, y con un sentido ético de la responsabilidad individual. Un famoso estudio del “perfil sexual del hombre en posiciones de poder”, descubrió, para sorpresa del investigador, una gran actividad sexual masoquista entre exitosos políticos, jueces y otros hombres importantes e influyentes.


DE LA PATOLOGÍA AL ESTILO DE VIDA
Me resultó evidente que las teorías de la Psicología referentes al masoquismo eran obsoletas. En la década del 60, la homosexualidad fue eliminada del DSMIV, y fue reconocida no como una patología, sino como una elección de un estilo de vida.
Entiendo que lo mismo debería ocurrir con el masoquismo y que, como la homosexualidad, debe ser eliminada del apartado “psicopatologías”, y debe ser visto como lo que es: una elección de una forma de vivir la sexualidad. Es el objetivo de este artículo sugerir formas de entender el masoquismo, sin recurrir a teorías sobre la salud mental.
Las preguntas, sin embargo, permanecían. Me dejaba perpleja el por qué tantos hombres, criados en un cultura que valoraba la iniciativa, autosuficiencia y dominación masculinas, querían ser aliviados de estas cualidades, y rendir su voluntad a una mujer fuerte y dominante que podría torturarlos, controlarlos y humillarlos. ¿Cuál era la base de esta necesidad irresistible a rendirse y servir, a renunciar al control, a aceptar el dolor físico y la humillación emocional?
Al escuchar a mis pacientes a lo largo de los años, empecé a ver el masoquismo menos como una aberración sexual, y más como una metáfora a través de la cual la psique expresa su sufrimiento y su pasión.
Había una conexión indudable entre sufrimiento y placer, que me intrigaba.
Los clientes hablaban del estático placer de la sumisión, de la adoración, en el abandono salvaje y el escape de los restrictivos lazos de la “normalidad”.
El sufrimiento ritualizado parecía ser una manera de darle sentido y valor a las debilidades humanas. Después de todo, no hay solución de continuidad del sufrimiento en la vida humana. Nadie necesita ir en busca del dolor. El sufrir produce desesperanza, desazón, desilusión, pérdida, debilidad y limitación, son parte de la condición humana. Entiendo que hay algo como una necesidad, deseo o interés universal de rendirse completamente a ciertos aspectos de la vida humana, y que ese deseo asume muchas formas. Este apasionado deseo de rendirse forma parte en al menos algunas instancias del masoquismo. La sumisión, el perderse en el poder del otro, el ser esclavizado a un Amo, es la opción siempre disponible más cercana a ese “rendirse”.


EL “SUBESPACIO” (SUBSPACE)
Los sumisos hablan de una cualidad de liberación, libertad y esparcimiento del yo (self) en una Escena [3] , de forma similar al dejar caer las barreras defensivas. Hablan de la experiencia de completa vulnerabilidad. Creo que, enterrado o congelado, existe un deseo de que haya algo en el entorno que haga posible la entrega; una especie de capitulación del “falso yo”. El “falso yo” es una idea desarrollada por un famoso psicoanalista, quien sostenía que la mayoría de los padres necesitan que sus hijos se comporten de formas circunscritas, para que puedan (los hijos) recibir su amor. Para un niño, el amor paternal es una cuestión de supervivencia, y por lo tanto, el niño forja un “yo” que creen que asegurara el amor y la aprobación paternal. Este “falso yo” es usualmente el “yo” guardián. Una Escena, a veces, permite que años de barreras defensivas que sostienen al “falso yo” se derrumben. Lleva consigo un ansia por el nacimiento del ”verdadero yo”. En el fondo, queremos claudicar, “blanquear”, como parte de un ansia general de ser conocidos o reconocidos. La idea de rendirse puede ser acompañada por un sentimiento de terror o de alivio, o incluso éxtasis. Es la experiencia de estar “en el momento”, totalmente en el presente. Su objetivo último es el descubrimiento de la propia identidad, del propio sentido de ser uno mismo, del sentido de completitud, e incluso del sentido de unidad con otros seres vivientes. El espíritu alegre, trasciende el dolor que lo provoca. El propio exquisito dolor es a veces parecido al éxtasis místico. En el contexto de esa entrega, ocurre una experiencia de sumisión auto-negada, en la cual la persona es cautivada por la pareja dominante. La intensidad del masoquismo es un testimonio vivo de la urgencia con la que una parte enterrada de la propia personalidad grita por ser liberada. La entrega no es más que la disolución controlada de las propias ataduras.
El anhelo más profundo es el ansia a alcanzar, conocer y aceptar; en un ambiente seguro que padres preocupados, disfuncionales o narcisistas no supieron proveer al niño, a edad temprana.
Las fantasías de violación, que son muy comunes, pueden tener muchos significados. Entre ellos, uno encontrará casi siempre, a veces profundamente enterrado, un anhelo de profunda entrega. El sumiso ansía y desea ser encontrado, reconocido, penetrado hasta su núcleo, de forma tal de ser real, o, como dice un analista, “comenzar a ser”.


RITUALES Y CREATIVIDAD
Además del ansia de entregarse a un sentido más real de si mismo, las conductas masoquistas tienen otro significado. La gente necesita y encuentra placer en la producción de fantasías. Pregúntenles a los empleados de Disneyland, que atienden tanto a adultos como a niños. Las Escenas tienen un tremendo potencial para potenciar la fantasía. Disfraces, rituales, escenarios, una variedad infinita de accesorios sexuales, y elaborados sets revelan la riqueza creativa de la vida interior, y hablan de la muy real necesidad humana de jugar y fantasear. Las fantasías con los vehículos de un completo espectro de sentimientos humanos: de controlar, de ser controlado, de incitar, de jugar, de complacer, y de encontrar respiro de los confines de la mundanalidad de la vida ordinaria. Representan la suspensión de la realidad normal que es una necesidad ocasional de toda persona sana.
Probablemente, lo último que un masoquista aparenta es ser equilibrado. En conjunción con esta naturaleza paradójica, el masoquismo provee no tanto un estado de debilidad, sino un sentimiento de entrega, receptividad y sensitividad. El masoquismo es la la condición de entregarse completamente a una experiencia, que confronta vidas que, en nuestra sociedad occidental, son egoístas, constreñidas, racionales y competitivas. La fortaleza puede ser una carga terrible. Es una opresión, que puede ser aliviada en momentos de abandono, de dejarse caer y dejarse llevar. Así que difícilmente sea sorprendente que el llamado de las experiencias masoquistas sea tan fuerte en una cultura que sobrevalúa la fuerza del ego a expensas de una experiencia plena en todas las dimensiones de la vida psíquica.
En conclusión, creo que los terapeutas deben modificar radicalmente su enfoque al hacer psicoterapia con pacientes masoquistas. Mis colegas se quejan de que los masoquistas son difíciles de “curar”. Quizá se deba a que el paradigma desde el que estos terapeutas operan falla. El reconocimiento del valor y el significado del deseo de sufrir humillaciones va en contra de la actitud predominante en psicología. El mayor impulso de las teoría y práctica modernas ha sido hacia la psicología del ego. Los valores en psicoterapia han sido apuntados, en su mayoría, a construir egos fuertes, racionales, y capaces de resolver problemas. Estos valores son sin duda importantes, pero siempre hay un precio a pagar para ganar fuerza, para ser racionales, para resolver problemas. Esto puede ser la causa de la insatisfacción que mucha gente siente luego de años de psicoterapia. Construir un ego fuerte es solo un lado de la historia; esto niega otras partes cruciales de la psique humana. La psicología moderna ha estado en gran medida centrada en ayudar a la gente a desarrollar su independencia, su fuerza, a alcanzar acciones decisivas y enfrentar adversidades. Lo que falta es prestar atención a otras dimensiones más sutiles del alma.


EL ENCANTO DE LAS SOMBRAS
El psicoanalista más afinado con los elementos faltantes del trabajo psicoterapéutico es Carl Jung. El masoquismo puede ser pensado como el ejercicio de lo que Jung llamo la “sombra” [4]. – la parte más oscura, mayormente inconsciente de la psique, que él no entendía como una enfermedad, sino como una parte esencial de la mente humana. La sombra es el túnel, canal o conector a través del cual uno alcanza las capas más profundas y más elementales de la psiquis humana. Yendo a través del túnel, o rompiendo las defensas del propio ego, uno se siente reducido y degradado. Usualmente, tratamos de llevar a la sombra bajo la dominación del yo. Abrazar la sombra, por otra parte, provee un sentido más completo del auto-conocimiento, la auto-aceptación, y un sentido más completo de sentirse vivo. La idea de Jung acerca de la sombra, involucra fuerza y pasividad, horror y belleza, poder e impotencia, rectitud y perversión, infantilismo, sabiduría y tontera. La experiencia de la sombra es humillante, y ocasionalmente aterradora, pero es una reducción a la vida esencial, que involucra sufrimiento, dolor, impotencia y humillación. La sumisión al dolor masoquista, la pérdida del control, y la humillación sirven para abrazar nuestra sombra más que para negarla. El resultado es alcanzar una vida interior que acepta y envuelve todos los aspectos de nuestro ser, y nos permite vivir con un profundo sentido de nuestro propio ser.
En conclusión, la comunidad psicoterapéutica necesita reexaminar la sumisión masoquista, para verla no como una patología, sino como un vehículo saludable para vencer rígidos mecanismos de defensa; para ceder el control a algo o alguien más grande que ellos; para alcanzar la libertad de la permeable e infatigable necesidad de cultivar, promover y asegurar el ego; para obtener algo de alivio del tener que tomar innumerables decisiones; para participar en sanas representaciones de las fantasías; y para la exploración, conocimiento y aceptación del lado “oscuro” o “sombrío” de sus personalidades. Además, muchos pacientes manifiestan haber alcanzado una pérdida de su auto-conciencia, que describen como éxtasis o bendición, en la que el individuo trasciende sus límites normales, y deja de ser consciente de si mismo según los términos usuales.
Un travestismo de nuestra profesión es que continuamos intentando “curar” un sistema de creencias y conductas que enriquece y vivifica la vida de tanta gente. El continuar “patologizando” al masoquismo al mantenerlo en el DSMIV como una psicopatología, y los esfuerzos de la mayoría de los terapeutas para “curar” al masoquismo, son en parte las causas de que continúe la vergüenza, soledad y baja autoestima de esta gente creativa, espontánea y valiente, que quiere recibir la dignidad de elegir su propia manera de vivir la sexualidad.

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1.EL self es un concepto que no tiene un término equivalente en español. Por lo tanto es posible utilizar diversas acepciones. El sentido en inglés es el del “yo” más interno. Un yo hacia el cual nos volvemos reflexivamente. No tiene relación alguna con el concepto de yo del psicoanálisis. Se ha mantenido el término original entre paréntesis para que el lector pueda apreciar en su correcta magnitud las expresiones de la autora.

2. Para los americanos que se rigen permanentemente por normas estandarizadas el DSMIV es un patrón del cual no pueden apartarse. El uso del DSMIV se ha extendido a muchos países para facilitar diagnósticos.

3. Entiéndase “escena” como lo que nosotros llamaríamos “sesión”.

4. La sombra es uno de los arquetipos que forman parte del inconsciente colectivo.

Art. "La Mazmorra"