Me dio unos minutos a solas para prepararme mentalmente. En el baño, con el corazón acelerado entre el miedo y una excitación incontrolable, respiré profundo y me lavé la cara. Al regresar, pedí permiso para entrar y la sesión comenzó.
La posición de "muro" fue mi primera gran batalla. Siete minutos que parecieron eternos; mis brazos me dolían y temblaban, pero la orden de mantenerme firme era lo único que importaba. Después, vino una prueba de resistencia física y mental: me pidió ponerme en cuatro puntos para apoyar sus pies sobre mí. A pesar de mi contextura pequeña y delgada, aguanté cada gramo de su peso. Quería demostrarle, y demostrarme a mí misma, que soy capaz de ser su apoyo y complacerlo.
Hubo momentos complejos, como el uso de la correa. Al andar a cuatro patas me sentí extraña, con una mezcla de humillación y dolor en mis rodillas que aún no alcanzo a procesar del todo, aunque la presión en mi cuello me generaba una sensación interesante.
Sin embargo, el spanking con flogger fue el punto de quiebre. El sonido me causaba pavor y al principio el miedo me hizo usar nuestra palabra de seguridad. Tras tomar aire y reunir fuerzas, permití que iniciara. Fue una explosión de ardor y dolor, pero también de un placer que me dejó física y emocionalmente expuesta. En esa entrega, él exploró mi cuerpo de formas nuevas; la penetración anal (solo con uno de sus dedos) fue dolorosa y me llenó de vergüenza y temor, pero también de destellos de placer. Es un área que espero entrenar mejor para poder entregarle ese orificio siempre que él lo desee.
Mis aprendizajes:
La mente sobre el cuerpo: Mi cansancio desapareció ante la voluntad de servir.
Resistencia: Soy más fuerte de lo que pensaba; mi cuerpo puede soportar más de lo que mi mente cree.
Confianza: El uso de la palabra de seguridad me recordó que, aunque me entrego, estoy en un espacio de cuidado.
El Muro